Autor: Bermejo, José María. 
 Entrevista con el padre Gabriel del Estal (1). 
 "Marxismo y cristianismo reflejan unas mismas inquietudes contra la opresión     
 
 Ya.    20/04/1977.  Página: 21. Páginas: 1. Párrafos: 24. 

20-IV-77

INFORMACIÓN RELIGIOSA

Entrevista con el padre Gabriel del Estal (1)

"Marxismo y cristianismo reflejan unas mismas inquietudes contra la opresión"

"Este es el norizonfe del diálogo, pero sin confundir nunca tolerancia

convivencial con transigencia de comunión" 9 "La revisión del ateísmo marxista

es posible, pero fransusfancíanJo sus fundamentos filosóficos" © "Sólo así será

compatible la dialéctica marxista con la dialéctica

cristiana"

Las relaciones «ntre marxismo 7 cristianismo plantean una seria da problemas

nada marginales y da una actualidad viva y creciente. No es fácil determinar si

la alternativa puede ser el diálogo o el enfrentamiento, porque, al margen da

una radical oposición de fondo, existen realidades prácticas o—sí se quiere—

tácticas, que propician un cierto entendimiento. De todas maneras^ el tema es

delicado, y hemos acudido a un hombre que conoce el tema muy a fondo y qua lleva

muchos años trabajando en esclarecerlo: el padre Gabriel del Estal, agustino,

que acaba da publicar una obra^ densa y exhaustiva sobre "Marxismo y

cristianismo"—¿diálogo o enfrentamiento?—. El padre Del Estal es doctor en

Derecho y graduado en Ciencias Eclesiásticas. Amplió estudios en París, Roma, y

Lovaina. Ha sido rector de la Universidad de El Escorial, consejero nacional de´

Educación y director de "La Ciudad de Dios´¡, Ha publicado más de 50 obras sobre

temas teológicos, jurídicos, sociales y literarios, entre ellas varias dedicadas

al tema que nos ocupa.

1. En su obra "Marxismo y cristianismo"—que acaba de aparecer— plantea

usted una alternativa entre diálogo o enfrentamiento. ,¿Cual es su

conclusión?

—No pueden fijarse conclusiones a lo fácil sobre el problema da confrontación

entra marxismo y cristianismo sin examinar previamente sus puntos básicos de

encuentro y divergencia. Uno y otro parten de concepciones y presupuestos

sustancialmente incompatibles. Lo que separa a marxistas y cristianos es

radical, en el orden constitutivo del ser. Pero lo que les una es utilizable y

positivo, en el orden complementario del convivir. Para llegar a uña conclusión

críticamente aceptable hay que descargar a marxismo y cristianismo de mucha

ganga falsificadora qua impida verlos como son.

2- ¿Podría señalar en un cuadro simple esos puntos clave de estudio contrastado?

—Lo intentaré. Con referencia al enfrentamiento entre marxismo y cristianismo,-

son cuatro los pilares en que descansa su incompatibilidad.

1.´ El marxismo tiene como fundamento dogmático el materiásimo dialéctico. Fuera

de la materia, .de lo concreto real, en la universalidad del mundo no existe

nada. El mundo es unidimensional, da consistencia cosificada pura. Para el

cristianismo, por. el contrario, el universo arranca del creacionismo teísta.

Fuera de la material de lo concreto real, existe el espíritu, como soplo de Dios

en el hombre y como Dios creador. El .mundo, visto asi, es bidimensional, da

consistencia a la vez cosificada y sobrenaturalizada, con materia y espíritu por

expresión. O tridimensional más bien, con materia creada, espíritu creado y Dios

creador por fórmula.

2.´ El marxismo ejerce como estrategia operativa la revolución violenta, unida

al repudio del orden natural y positivo de la ley y a la demolición convulsiva

de todos los estamentos institucionales, considerados supraestructuras da

alienación. El cristianismo, por al contrario, proclama la justicia social,

correctora de las injusticias por los cauces del Derecho, natural y positivo, y

con respeto a las instituciones, considerados aquél y éstas como instrumentos de

liberación.

3.´ Consecuentemente, el marxismo profesa como coyuntura real el materialismo

histórico, declarando que la historia de la humanidad es la historia da la lucha

de clases, una historia de odios más que de amores, con las formas jurídicas,

políticas, religiosas, estéticas, científicas, culturales y todas las creaciones

del hombre reducidas a simples supraestructuras de opresión alienante, regidas

implacablemente por una arcana y universal infraestructura de intereses

económicos al servicio -de la clase dominativa. Todas estas supraestructuras son

opio del pueblo. A su cabeza aparece la religión, actuante sobre los creyentes

como el opio del pueblo por antonomasia. El cristianismo, frente por frente,

profesa el esplritualismo desinteresado, al propio tiempo que explica la

historia de la humanidad como historia de la libertad, con "hijos de Dios" por

protagonistas únicos, conducidos bajo las formas jurídicas, políticas,

religiosas, estéticas, científicas, culturales y todas las creaciones humanas

hacia la emancipación de las esclavitudes terrenas, con desenlace en la

salvación celeste. Todas esas formas son, medios que conducen al logro de ambos

fines, con la religión por luz, cuyo compromiso es convertir la historia de la

humanidad en una historia de amores antes que de odios. Ciencia, sacrificio,

virtud, amor, arte, heroísmo... no obedecen, en infinidad de casos, a ninguna

manifiesta u oculta, consciente o inconsciente, impulsión económica.

4.´ La clave escatológiea de1 marxismo se reduce al terrenismo absoluto, cuya

meta perfectiva es la dictadura del proletariado, hecha proyección de fines

totales dentro del tiempo, de cara a la inmanencia materialista, orientada hacia

el paraíso único y sensible del más acá, cuyo reteo termina con la muerte.

Por el contrario, la clave escatológica del cristianismo es el providencialismo

salvador, cuya meta perfectiva se logra en la tierra mediante el señorío del

bien común, hecho proyección de fines parciales dentro del tiempo, en la

convivencia secular y también inmanente del más acá, orientada desde la raíz,

con goce de finas totales, hacia la trascendencia espiritualista, de cara al

paraíso sobrenaturalizado y suprasensible del más allá, cuyo reino empieza con

la muerte.

3. ¿Cómo formularía una síntesis de ese cuadro esencial?

—Algo difícil. Pero podría quedar así. El marxismo cosifica al mundo,

secularizándolo en todas sus dimensiones, sometidas a la opresión económica de

la clase dominante, pretendiendo desalienarlo por la revolución violenta. El

cristianismo, en cambio, se encarna en la secularidad del mundo, con el fin de

sobrenaturalizar todas sus dimensiones, mediante la instauración pacífica de la

justicia social, redimiendo al hombre de la esclavitud,- para hacerle feliz en

el más acá y conducirlo con amor hacia ej más allá.

La lucha contra la opresión, horizonte de diálogo

4. Ha señalado usted los puntos básicos de enfrentamiento entre

marxismo y cristianismo. ¿Puede indicar ahora algunos puntos de

convergencia y diálogo?

—Aunque el cristianismo tiene casi dos mil años de existencia, su contraste

dialogal con el .marxismo no puede hacerse sino después de que nace éste. Es

obvia esta delimitación de tiempos. Liberar al oprimido, al pobre, al trabajador

injustamente remunerado, con niveles menos desiguales en el reparto de riquezas

y bienes y con más equitativa facilitación de accesos al disfrute de los mismos

para todos, sin explotaciones ni esclavitudes alienantes, son meta común. Las

encíclicas sociales de los papas, desde la "Rerum novárum" de León XIII en 1891

a la "Populorum progressio" de Pablo VI en 1967, contienen este particular

propósito. El marxismo surgió en la historia como respuesta a los abusos del

capitalismo burgués, promovidos por el Estado abstencionista del siglo XIX. La

doctrina social de la Iglesia nació en el mismo tiempo, con idénticas

motivaciones. Ante una y otra ´presión, el Estado capitalista comienza a

intervenir con legislación favorable al obrero. Poco a poco, y progresivamente,

van regulándose los salarios, las jornadas laborales, los trabajos de mujeres y

niños, las condiciones de salubridad, higiene, descanso, educación y ocio, los

distintos aspectos de la Seguridad Social.´ Marxismo y cristianismo refleján

unas mismas inquietudes desopresoras, aunque sean diversos en su hondura

esericjal. Este es el horizonte del diálogo entre marxismo y cristianismo, un

horizonte no de verdades´ impactables, sino de hombros que se dan la mano,

fraternalmente, sin confundir nunca tolerancia convivencial con transigencia de

comunión. Marxistas y cristianos son prójimo entre sí.

5. ¿Cómo se pueden conciliar la actitud de revolución violenta

de Marx—"hay que desenvainar las espadas"—con la actitud de

Cristo?—"mete tu espada en la vaina".

—Transustanciando la propia dialéctica marxista, sometiéndola a la

paz del Derecho y al respeto de las instituciones.

"No hay que identificar ateísmo con revolución"

6. El marxismo, ¿es radicalmente ateo o cabe una revisión de este aspecto sin

que pierda su esencia revolucionaria?

—Es ésta una cuestión de peso. No hay que identificar ateísmo con revolución. Un

ateo puede ser pacifista. Y un creyente, revolucionario. Con viene puntualizar

con apoyo en las determinaciones de la razón histórica.

El deísmo francés del siglo XVIII, representado por los "Enciclopedistas", dio

paso al ateísmo alemán del siglo XIX, representado por el "ala izquierda de la

dialéctica hegeliana". En ella militó Marx, directamente influido por Feuerbach.

La obra crítico-teológica de éste, "La esencia del cristianismo", escrita en

1841, dejó una definitiva marca de ateísmo en el joven Marx, de veintitrés años.

Marx fue principalmente poeta hasta los veinte; filósofo, hasta los treinta, y

político-economista, hasta los sesenta y cinco, cuando terminó sus días. Nació

en Tréveris, el 5 de mayo de 1818, en el seno de una familia judía. Murió

desterrado en" Londres, el 14 de marzo de 1883. El 26 de agosto de 1824, cuando

el niño^C arlos Marx cuenta seis años tan sólo, toda su familia se convierte al

cristianismo, bautizándose juntos, por razones político-administrativas de su

padre. El tránsito oportunista de una a otra religión hará que en el futuro,

Marx sea prácticamente arreligioso. De ahí al ateísmo doctrinal no hay más que

un

breve paso, aunque el judaismo da cuna haya dejado ciertas huellas indelebles en

su corazón.

El materialismo dialéctico da Marx y su terrenismo absoluto pertenecen a la

época filosófica de su juyentud. La revolución violenta y el materialismo

histórico pertenecen a la época político-económica de su madurez. En esta época

es donde el marximo cobra su verdadera dimensión.

A su vez, en la época propiamente marxista, o político-económica, sa registran

también dos flexiones. La primera corresponde a la promulgación con Engels, en

febrero de 1848, en Londres, del "Manifiesto del Partido Comunista",

violentamente revolucionario, sin ningún freno serenamente legal o

institucional. La segunda arranca del "Prólogo" a la decimotercera edición

alemana del "Manifiesto", efectuada también en Londres, en 1S72, donde hace co´

rrectivos a la "violación despótica del Derecho" con medidas circunstanciadas

muy próximas al orden de la ley. "El capital", su obra cumbre, con su primer

volumen publicado en vida en 1867, y el segundo y el tercero, en ediciones

postumas, dirigidas por Engels, en 1885 y 1894, es estudio no tanto político

como económico. Lenin, más tarde, entroncará la revolución rusa da 1917 no con,

el Marx provecto de 1872, sino con el Marx ardiente de 1848. Lo propio hará Mao

al consolidar el comunismo chino en 1949.

Con todos estos datos a la vista puedo decirle ya que la revisión del ateísmo

marxista es posible, pero transustanciando sus fundamentos filosóficos. Sólo así

será compatible la dialéctica marxista con Ja dialéctica cristiana. Si Grecia

helenizó a Roma, convirtiéndola a su cultura, el cristianismo puede

espritualizar al marxismo, convirtiéndole a su fe. Aventura ardua, pero no

imposible. Por otra parte, la ordenación económica da la sociedad civil, con

propiedad privada o colectiva, así como la dinámica social de clases, unificadas

o múltiples, sin eversión, agresividad o fuerza contra los valores humanos, son

conceptos y problemas de suyo extrae\´angélicos. Lo que separa a marxistas y

cristianos es ciertamente radical e insoldable, en la línea pura de Dios del

resentimiento belicista, de la esencia. Pero lo que les une es básico también, y

como tal compatible, en la línea compleja dal hombre, del amor al débil, de la

vida. Otros extremos no pasan de hojarasca circunstancial.

José María BERMEJO

(Próximamente ofreceremos a nuestros lectores la segunda parte de esta

entrevista.)

Pág 21 ya

 

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