Autor: Infiesta, Jesús. 
   Frenazo al concordato     
 
 Gaceta Ilustrada.    17/04/1977.  Página: 85-86. Páginas: 2. Párrafos: 24. 

FRENAZO AL CONCORDATO

En la última semana ha empezado a cundir una especie de alarma en los ambientes

mas sensibilizados por el «sorprendente» estancamiento que se ha producido en

las negociaciones Iglesia-Estado, relativas

a la revisión del Concordato. Tanto más cuanto que la distención era evidente a

partir de las recientes declaraciones del ministro Oreja, en Roma, y del nuncio

Dadaglio, en Madrid.

• Preocupa a amplios sectores del país el estancamiento de las negociaciones

Iglesia-Estado, especialmente las referidas al tema del divorcio.

¿ QUE está ocurriendo? ¿Son las próximas elecciones las que condicionan su

inmediata puesta a punto? ¿Existe peligro de politizar el tema? ¿Cuál es la

postura de la jerarquía de la Iglesia?

La opinión publica más sensibilizada está de acuerdo en confirmar que el retraso

que están sufriendo las fechas para una nueva revisión del Concordato corre el

peligro de ser politizado, sobre todo en materias tan importantes y conflictivas

como son el matrimonio y la personalidad jurídica de la Iglesia.

«Siento haber acertado cuando hace tiempo manifesté que cualquier retraso en

este sentido podría ser politizado», dijo a «G.i.» un portavoz próximo al

Ministerio de Justicia. Opinión que refleja el mismo sentir del cardenal

Tarancón, cuando el día 17 de marzo mostraba su extrañeza a varios periodistas

ante el retraso que estaban sufriendo las negociaciones entre la Santa Sede y el

Gobierno español sobre el Concordato. Entonces el cardenal afirmó que estas

cuestiones —se refería al matrimonio y al reconocimiento jurídico de la

Conferencia episcopal— «deben resolverse cuanto antes, a fin de que el.

tema no se politice de cara a los programas y propaganda de los distintos

partidos políticos».

No cabe duda que el replanteamiento jurídico de una normativa sobre el

matrimonio civil, la posibilidad de una legislación sobre el divorcio y el

reconocimiento de la personalidad jurídica de la Iglesia son temas que

levantarán ampollas cuando se pongan sobre el tapete de la opinión pública, de

la discusión de los partidos y, sobre todo, a la hora de llevarlos a la

nomenclatura de una codificación.

Puede aplazarse a las elecciones

Algunos observadores no dejan de atribuir a las palabras de Tarancón cierta

dosis de intencionalidad. Para la revista «Ecclesia», muy próxima a la

jerarquía de la Iglesia y generalmente muy bien informada, este estancamiento no

deja de resultarle «sorprendente» a la vez que afirma que en ciertos

medios existe también la impresión de que el Gobierno podría ar

reconsiderando la oportu de no avanzar ahora en •ciación, prefiriendo,

quizás, aplazarla para después de las elecciones. Si esta hipótesis fuera

cierta, concluye «Ecclesia», asistiríamos a una inevitable politización de

muchos de los temas pendientes, con el consiguiente retraso, y pudiera ser que

con cambios sustanciales, en el rumbo de la negociación, dadas las nuevas

circunstancias políticas que se producirán después del proceso electoral.

La actual situación de demora contradice la distensión que hace sólo dos meses

se apreciaba. «Antes del uno de marzo el Gobierno español presentará a la Santa

Sede un documento para un primer acuerdo sobre el Concordato», afirmó el

ministro de Asuntos Exteriores, Oreja Aguirre, en una rueda de prensa celebrada

en Roma, al final de la visita del Rey al Vaticano. Este primer documento

incluirá temas jurídicos —personalidad jurídica de la Iglesia—. legislación

sobre el matrimonio y estatuto de los religiosos ante las fuerzas armadas.

«El clima de las negociaciones entre la Iglesia y el Estado se ha distendido

mucho y las conversaciones se mantienen en un ambiente de confianza y amistad»,

declaraba a Radio Nacional de España, recientemente, el subsecretario de Asuntos

Exteriores, señor Solano, quien señalaba como comienzo de este nuevo clima, la

firma del acuerdo parcial, del 28 de julio pasado, en Roma, según el cual el

Estado renunciaba al privilegio de presentación de obispos, y la Iglesia el

privilegio del fuero para los clérigos.

«En el nuevo .ambiente de estas negociaciones —añadía el subsecretario de

Asuntos Exteriores— se intenta que no haya ventajas para ninguna de las partes,

sino que sea una cooperación de entendimiento mutuo y una situación de mejora

para las dos partes interesadas. Esto es lo que han tenido por objetivo, tanto

el ministro de Asuntos Exteriores como el ministro de Justicia en sus contactos

con las autoridades eclesiásticas.» Por lo que se refiere al matrimonio, el

señor Solano afirmó que «la posición de España estará inspirada en algo que

también la iglesia acepta, que es el principios de la libertad de conciencia».

sobre el divorcio manifestó que «por el momento no está previsto, pero que es

posible que en época venidera haya que afrontarlo de una u otra manera».

En la Nunciatura declaraban hace unos días a «G.i.» que no tenían nada que

añadir a las últimas declaraciones manifestadas hace sólo unas semanas por

monseñor Dadaglio, en este sentido. Refiriéndose a las negociaciones sobre el

Concordato decía: «Podemos empezar en cualquier momento. Tanto el Ministerio de

Asuntos Exteriores como la Nunciatura tenemos terminados ya nuestros trabajos

preparatorios». Y en el Ministerio de Justicia afirmaban: «El contencioso ya

está resuelto y el material preparado. Puede ser negociado para antes de las

elecciones».

Sin embargo, para muchos observadores, y dadas las circunstancias que se

aprecian, estas palabras no responden a la realidad, mientras que en medios de

la Iglesia española es evidente el vivo interés que suscita una cuestión como la

del matrimonio, el deseo de que su regulación civil no se retrase y quede

dilucidada antes de las, elecciones, para que, como manifestaba el cardenal

Tarancón,. ningún grupo pueda hacer bandera de este delicado tema.

Excusas que no convencen

Algunos medios de la opinión pública han interpretado este retroceso: la intensa

actividad que desarrollan los ministros en estas jornadas que preceden a la

preparación de las fechas electorales, y en otros temas de candente actualidad.

«No podemos creer que el retrasa suponga una expresa relegación del tema para

después de las elecciones», decía un editorial del periódico «Ya», el 20

de marzo pasado. Y añadio «ello equivalía a una inconsciente confesión de

provisiónal del Gobierno, como si dijera:

Ya lo decidira España cuando este estabilizada.>>.

Por todo esto, en los medios interesados por el tema, y son muchos, se

multiplican los interrogantes,

abundan las sospechas y no se encuentran razones que expliquen estas demoas y

este silencio.

Pueblo» y «Ya», divergentes

En cualquier caso hay opiniones que defienden lo contrario están suscitando ya

la polémica. Mientras que el editorialista de «Ya» cree que «lanzar a la

polémica partidista las grandes neas jurídicas de las relaciónes entre la

sociedad civil y la eclesia, equivaldría a ulcerar algunos temas», (Antonio

Aradillas Pueblo) cree que usen muías las personas que piensan en nuestro país

que, precisamente en un período constitutente como en el que vivimos, sería

procedente que, como A el caso del matrimonio, nos aprendiéramos un día con que

este problema de tan graves e importantes incidencias, no sólo en la vida

religiosa, sino en la vil, nos lo hubieran resuelto, en que el pueblo español

hubiera pronunciado ninguna para».

«Comprendemos —añade Aradillas – los riesgos que comporta la politizacion de

este y de otros temas, y

Y hasta presentimos con temor que el divorcio pueda constituirse en banderín de

enganche para determinados partidos políticos... No obstante, y a pesar de tales

riesgos, no nos parece procedente que el problema nos lo dieran resuelto antes

de las elecciones, por el camino de la negociación concordatoria...; creemos que

el planteamiento del tema sea de ¡a competencia de las nuevas Cortes.»

Mientras, el editorialista de «Ya» termina con el interrogante que los sectores

más interesados continúan haciéndose: «Pero entonces, ¿hay alguna otra razón

oculta del retraso? Aradillas supone que «no es imposible que el realismo y la

prudencia política que caracteriza a nuestros actuales gobernantes sean la

principal razón de unos aplazamientos que, a simple vista, parecen carecer de

otras».

Por esta línea irían también, e incluso en un sentido más radicalizado las

«Comunidades Cristianas Populares» de Madrid cuando el domingo de Ramos

quisieron entregar y entregaron una carta al cardenal Tarancon a su salida de la

catedral. Fuentes cercanas a estas comunidades han manifestado a «G.i.» que lo

que pretendían era montar una operación de llamada a la atención pública sobre

las relaciones Iglesia-Estado y, concretamente sobre la cuestión del matrimonio.

Portaban pancartas precisas: «No queremos Concordato ni confesionalidad», decía

una de ellas. Y otra: «Queremos casamiento civil».

«G.i.» ha podido saber que esta operación quiso ser llevada también a las

puertas de la Nunciatura, pero que dificultades de última hora no lo hicieron

posible. Las mismas fuentes han comunicado que e! texto de la carta entregado a

Tarancón fue dirigido asimismo al nuncio Dadaglio y que su contenido abundaba en

los mismos temas del Concordato, la confesionalidad y el matrimonio.

En estas circunstancias es fácil suponer que sean muchos los que atribuyen gran

importancia a la reunión, en Madrid, de ia Comisión Permanente de! Episcopado,

el día 20 de abril.

En ella se haria publico, precisamente, un importante documento sobre el

matrimonio cristiano, en especial sobre su indisubilidad y otros aspectos

jurídicos que importan connotaciones importantes como aprecia la Iglesia en el

caso de la libertad del ciudadano ante el matrimonio civil. Este documento,

sobre el que viene trabajando ya hace tiempo la Comisión Episcopal para la

Doctrina de la Fe, ha sido encargado para la misma Comisión Permanente de la

Conferencia Episcopal Española, y tras ser revisado en última instancia,

probablemente el próximo día 13 del presente mes de abril, quedaría dispuesto

para ser presentado en la reunión de la Comisión Permanente.

Su publicación, esperada con expectación por los sectores más sensibilizados con

el tema y en las circunstancias de retraso que se están operando en las

negociaciones sobre el Concordato, supone que la jerarquía tiene mucho interés

en poner al día la doctrina católica sobre el matrimonio, con intención sobre

todo, de que este importante tema no se convierta, como parece que está

sucediendo, en bandera publicitaria o polémica durante las próximas elecciones

españolas.

Jesús Infiesta

 

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