Cardenal Tarancón: "La Iglesia no quiere servidores a la fuerza"  :   
 "Demasiadas veces hemos mezclado la espada y la cruz: tendremos que volver a la fuerte debilidad del Evangelio". 
 ABC.    23/04/1977.  Página: 29. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

CARDENAL TARANCON: «U IGLESIA NO QUIERE SERVIDORES A LA FUERZA»

«Demasiadas veces hemos mezclado la espada y la cruz: tendremos que volver a la

fuerte debilidad del Evangelio»

«Jesucristo no se apoya en el poder religioso —sumos sacerdotes, fariseos— ni en

el poder político:

Pílalos. Siendo el Hijo de Dios y proclamándose rey, confiesa que su reino no es

de este mundo y será ajusticiado por los poderes religiosos y políticos de la

época», dice en "Iglesia en Madrid" el cardenal Tarancón, en su habitual carta

cristiana, que es la tercera dedicada al tema general: «El poder, ¿instrumento

de evangelización?»

El cardenal Tarancón continúe escribiendo:

«Jesucristo nunca impone Su doctrina, la predica para que la acepte el que

quiera, no coacciona a nadie, solamente invita. Y cuando alguien no acepta su

Invitación —el joven rico— ]e deja marchar sin hacer nada para -detenerle,

aunque le mire entristecido porque no ha Sabido apreciar el don de aquella

Invitación.

Es cierto que durante los siglos la espada ha sido realmente la que ha abierto

algunos caminos a" la cruz.

Es verdad • que la conversión de los reyes ha significado muchas veces la

conversión, al menos aparente, de ´todos los subditos. No puede negarse que por

motivos religiosos se han proclamado guerras y se han llevado a cabo con la

ferocidad de todas las guerras.

Los hombres, por nuestras limitaciones, somos capaces de ]as cosas más absurdas;

por nuestro orgullo somos capaces de querer enmendarle la plana al mismo Dios.

Las circunstancias culturales y sociales eran propicias para esas paradojas,

algunas de ellas sangrantes, de las que está llena la historia de la Humanidad.

La Iglesia no es una excepción en el modo de comportarse los .hombres: se

aprecia más la verdad- que la persona y se llega a matar, a quemar a una persona

porque rechaza la verdad.

Era lógico que con ese criterio --propio de épocas anteriores ni demasiado

cultas ni auténticamente cristianas, a pesar de las .apariencias—, esas cosas

que ahora nos parecen absurdas se realizasen para mayor gloria de Dios, para el

triunfo de la verdad, por celo religioso. Y que, entonces, se considerase el

poder político o militar como un Instrumento de evangelización.

Reconocer las demasías —los auténticos excesos pasados— no es una humillación,

sino una prueba de sinceridad. Y un deseo de honradez.

La Iglesia no quiere —porque no lo quiere Dios— servidores a le fuerza. Sabe que

es el compromiso Ubre el que da valor religioso y moral a los actos del hombre

 

< Volver