Autor: Aradillas, Antonio. 
   Más y menos sacerdotes     
 
 Pueblo.    16/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 4. 

MAS Y MENOS SACERDOTES

Hacia el año 1768 correspondían en España 140 habitantes por cada sacerdote, sin

contar los religiosos o clérigos regulares. En 1868 la proporción fue de 420. En

1968, a cada clérigo diocesano le correspondían 1.220 fieles españoles, aunque,

contando con los 12.000 religiosos sacerdotes, la proporción descendía a 800

habitantes. En el año 1969 el número de sacerdotes en -España es de 26.124, de

24.586 en 1971, y de 24.160 en. 1975, resultando una proporción de 1.468

habitantes por sacerdote diocesano, y de 1.000 si incluimos los religiosos. El

número -de alumnos de, los Seminarios Mayores fue de 8.397, en el curso de 1961-

62, y de 2.317 en 1974-75. En el curo 1961-62 se ordenaron 825 nuevos

sacerdotes, y sólo se ordenaron 231 en, 1974-75. Por lo que respecta a las

secularizaciones de los sacerdotes, a título de ejemplo, se aduce el dato de que

concretamente en la diócesis de Málaga desde el año 1964 hasta la fecha han

abandonado el sacerdocio 64 personas...

•| Estos y otros más datos, ´ testifican, con historia y realismo, que el

problema sacerdotal es ya tremendamente serio .en España, y que la gran

preocupación de la jerarquía eclesiástica por el tema está más que justificada.

Aunque sea presumible que estamos tocando ya fondo y que, de alguna manera, se

comiencen a descubrir algunos indicios de reactivación sacerdotal, la Iglesia

tendrá que cambiar bastante en cuanto al planteamiento del tema, si quiere

afrontarlo después en conformidad con los signos de los tiempos y con la

urgencia y necesidad de respuestas salvadoras que siguen manifestando tener

también los hombres en la actualidad. El sacerdote del futuro tendrá que ser

necesariamente distinto al de hoy. Con sotana o sin ella, el sacerdote de1

pasado mañana tendrá que diferenciarse muy marcadamente del sacerdote ´de ayer y

de hoy. ¿Intervendrán más los laicos .en funciones hoy acaparadas por los

sacerdotes? ¿Podrán éstos prescindir del celibato eclesiástico?

¿Quienes se secularicen podrán ser . admitido^>de nuevo al ejercicio de su

ministerio? ¿Pasarán á los laicos determinadas actividades y hasta ministerios,

hoy consideradas como estrictamente .sacerdotales?

¿Cómo incentivar a la juventud actual para que aspire al sacerdocio, como

justificación plena de su vida? Son, entre otros, unos . interrogantes que están

a la espera de ser contestados por la Iglesia —jerarquía y pueblo de Dios— en la

búsqueda permanente de su adecuación salvadora a la humanidad.

Mientras tanto, y a título de documentación eclesiástica y humana, habrá que

tener respetuosamente en cuenta que no_ todos ´aquellos sacerdotes que optan y

optaron por secularizarse, lo hicieron porque y cuando estuvieron ya

irremisiblemente comprometidos con alguna mujer. Tampoco´.porque les fue

insostenible continuar con su vida de célibes, sobre todo en un mundo como el

actual, en el que la secularización informa e identifica tantas, personas y

cosas. Aunque conste en

la documentación firmada y. tramitada por estos sacerdotes en su

correspondientes procesos de secularización la existencia de mujeres y de hijos,

aquéllas y éstos no fueron reales, en frecuentes ocasiones, sino que sus

circunstancias tuvieron que ser precisamente inventados, y después aducidas,

porque éste resultaba ser el único camino que les dejaban abierto los cánones y

su interpretación por parte de la jerarquía eclesiástica, para" poder acceder a

la legalidad de la secularización. Como un sacerdote pretendiera secularizarse,

previo a algún compromiso con alguna mujer, el camino para conseguirlo les está

prácticamente vedado, aunque le sea expedito en el caso primero.

Muchas cosas tienen que cambiar en la Iglesia—también en orden á los

sacerdotes, y una de ellas es precisamente el respeto a la propia conciencia y a

las convic jones personales, sin for´,arlas por la fuerza de una ley que, para

que lo sea de verdad, habrá de estar siempre al servicio del hombre y de la

salvación integral de la persona.

Antonio ARADURAS

 

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