Explosivas declaraciones del sacerdote Don José María Rivas Conde. 
 "El celibato sacerdotal es un mito"     
 
 Pueblo.    22/04/1977.  Página: 13-14. Páginas: 2. Párrafos: 22. 

—Sí, me tuce con contundencia y seguridad, el celibato sacerdotal es un mito,

como reza el título de mi libro: El mito del celibato sacerdotal. Esta ley

eclesiástica no se puede justificar a partir del sacramento del Orden. Ni cabe

fundamentarla en la tradición di vino-apostólica, ya que ésta admite el

matrimonio de los ministros, ni en la asistencia del Espíritu Santo sobre el

magisterio eclesiástico de casi dieciséis siglos, pues Dios no puede respaldar

los errores doctrinales que han originado y sostenido esta particular tradición

eclesiástica. Es más: hay datos de tradición divino - apostólica, de los cuales

se deriva la urgencia de abolir por completo esta ley. Con todo, mientras no sea

derogada por la autoridad legítima, parece que debe ser aceptada y cumplida

hasta donde sea posible, sin quebrantar deberes de origen divino...

Don José María Rivas, actualmente párroco del maYueno pueblo de Estremera, con

su añejo de Brea del

Tajo, hecha así la síntesis de su libro —396 páginas—, nos amplía algunas

de estas ideas:

—El celibato sacerdotal es un mito porque no tiene justificación alguna. Aún

más, determinadas justificaciones que aduce la correspondiente autoridad

eclesiástica suponen una verdadera herejía, como cuando se nos ha hablado de la

existencia de pecado. en las relaciones conyugales en los laicos, aunque hay que

transigir en ellas, no pudiendo transigirse con las de los sacerdotes, dado que

ellos están «llamados a mayor santidad». Manchados con tales relaciones

celebrarían la misa y administrarían un bautismo inválidamente, si tenemos en

cuenta una de las Decretales del Papa Siricio, allá por los años 384-399. que se

pueden constituir como el punto de arranque de esta ley eclesiástica. Aunque, a

pesar de todo, hay que advertir que, respecto de los quince siglos que van desde

el Papa Siricio a nuestros días, no se puede negar una constante oposición al´

celibato que, al principio, fue más entre los obispos que entre los teólogos y

más de hechos que de razonamientos. Por las mismas cartas de este Papa sabemos

que no se hacía caso a esta ley...

—Las interpretaciones de los textos bíblicos en apoyo de esta ley—me sigue

diciendo— no pueden ser más arbitrarias y hasta blasfemas. De veras que no

comprendo cómo so i pueda decir con tranquilidad de conciencia que el Espíritu

Santo ha inspirado semejante maraña de Don José María Rivas Conde, con quince

años de sacerdocio y con deseos firmes de continuar en activo el ejercicio de su

ministerio» acaba de publicar uno de los libros más incitadores y provocantes

que se han editado eclesiásticamente

en ´España en estos últimos años. Y la provocación mayor que contiene el libro

posiblemente resida en la elección del tema afrontado; el celibato sacerdotal...

Un tema que, por otra parte, ha sido cuidado, doctrinal y prácticamente, con

esmero y atención en la Iglesia oficial y en el que ésta no ha consentido

concesiones de ninguna clase...

errores. Es, por ejemplo, una arbitrariedad, interpretar el texto de San Pablo

(I Tim., 4, 4-5) en el sentido de que tradicionalmente el matrimonio ha sido

restringido a los laicos porque resultaría inexplicable que, de haber´ sido esa

la intención, del apóstol, no lo indicara así expresamente, cuando el pasaje

viene ´sólo tres versículos después de enumerar las condiciones requeridas en

los candidatos al episcopado y al diaconado. En definitiva:-los obispos han

recibido como misión la de enseñar lo que Cristo nos enseñó, recogido

puntualmente por los apóstoles y evangelistas, no constando ni en éstos ni en

aquéllos nada respecto a la obligatoriedad o no del celibato sacerdotal...

Carece de consistencia doctrinal la insistencia oficial en pro del celibato en

función d«l valor santificante que .tiene... San Pablo nos dice qué la

justificación nos viene de Cristo por los sacramentos,, por lo que no seria

procedente darle al celibato más importancia que a los mismos sacramentos.

SU CONTINUIDAD

Con palabras del cardenal Siri, puntualiza el autor del libro, «teológicamente

no se puede probar que el celibato sea absolutamente necesario al sacerdote»...

Y con palabras del cardenal patriarca Meouchi: «En ningún lugar de la Escritura

ni de la tradición se encuentra que la relación entre sacerdocio y celibato sea

tan estrecha como para consentir a la Iglesia el excluir del servicio del altar

al hombre que quiera casarse...» ,

—¿Por qué, entonces, la continuidad de la ley de! celibato?

—Aseguro que su pervivencia´ histórica responde en gran parte a la decisión

constante de la Iglesia dt no dar marcha atrás en sus leyes, aun reconociendo

que el mismo Concilio de Nicea aprobó antes la vida conyugal de los clérigos,

según consta en la «Enciclopedia Católica» editada en el Vaticano.

—¿Y a qué responde su preocupación tan intelectualizada y arriesgada por el

tema? –

—Al deseo honrado de llamar a las cosas por sus nombre

• "Y además, no tiene justificación alguna"

• "Tal vez no se puede justificar a partir del sacramento del orden, ni cabe

fundamentarla en la tradición divino-apostóüca"

Las interpretaciones de los textos bíblicos en su apoyo son arbitrarias y hasta,

blastemas

"No seamos hipócritas y no pretendamos sostener situaciones hoy insostenibles"

• "Roma tiene conocimiento del libro [I mito tlel celibato sacerdotal y aún no

ha dicho nada" »"No es un reto, pero sí es una interpelación a la jerarquía

eclesiástica"

bres y al dato histórico personal de que, ejerciendo el ministerio sacerdotal en

Salta, en Argentina, allá por el año 1971. preparamos con seriedad el tema del

Sínodo tlomano, sugiriendo mi equipo de trabajo pastoral que, si esto del

celibato es tan importante como dice, que lo exija la jerarquía eclesiástica,

con todas sus consecuencias, aunque se quede sin curas... Y. si no´ es tan

importante, como no lo es, que no k> exija, o que, al menos, ordene a hombres

casados...

—No me apetecería hablar de España, pero el tema en

América adquiere unas proporciones auténtica mente graves. Sirva la siguiente

anécdota como todo un símbolo indicativo de toda una ´realidad: en octubre de

mil novecientos setenta y tres tuve la ocasión de hablar largamente con uno de

los obispos auxiliares de determinada diócesis, quien, al lamentarse de -la

necesidad de sacerdotes que tenia, me aseguró expresamente que «de los cuarenta

sacerdotes seculares de su diócesis, treinta y algo viven en concubinato». Mas

recientemente, el mismo padre Arrupe ha afrontado el tema de lo que ahora llaman

«tercera vía»,´ condenando la situación de los sacerdotes que optan por no

casarse, pero a la vez por no ser célibes tampoco... No seamos hipócritas y no

pretendamos sostener situaciones tal vez insostenible hoy más que nunca.

—Las vocaciones sacerdotales escasean últimamente de modo auténticamente

alarmante y una de las principales causas es la obligatoriedad de la ley del

celibato. Según cálculos fidedignos, España- ha perdido sólo. en tres años unos

mil ciento noventa y siete sacerdotes precisamente por la cuestión del celibato.

Y conste que, siendo, una de las fuñe iones episcopales más importantes la de

constituir sacerdotes para la comunidad, los obispos están obliquía ante mi

libro, dispuesto a corregir lo que me demuestren que necesita ser corregido,

pero dispuesto a seguir proclamando la verdad del mito del celibato si no me

demuestran válidamente lo contrario. No es un reto, sino una interpelación

respetuosa, pero eficaz, que no deberá quedar sin respuesta a no ser que se esté

de acuerdo con las tesis de mi libro.

—¿La mujer sacerdote?

—No he estudiado concienzudamente el tema y no quisiera pecar de frivolidad,

como tantas otras veces ocurre en tantos documentos eclesiásticos oficiales que

no tienen ni pies ni cabeza y en los que, además, se manipulan los textos

bíblicos.

—¿Futuro del celibato sacerdotal?

—Acabar rápidamente con él´si de mí dependiera. Hisgados por ley divina, si

llegan a faltarles estos sacerdotes, a ordenar a los casados o a, readmitir los

sacerdotes que se casaron. Una ley eclesiástica y particular del rito latino no

puede entorpecer una ley divina. Dejar sin presbiterio estable a una comunidad

local es excluir con frecuencia del ministerio de la reconciliación y del alivio

(L. G. 28.1) a

—¿Problemas con el libro?

—Algunas editoriales no me lo quisieron porque no querían líos con las

autoridades eclesiásticas y, cosa rara, pero cierta, ni con las civiles, según

expresamente me manifestaron. Contacté con don Maximino Romero de Lema,

secretario de la Sagrada Congregación para el Clero, con el fin de que me

concediera una entrevista en Roma después de haber leído el original de mi

libro, pero no quiso comprometerse emitiendo un juicio oficial sobre él. Roma

tiene, por tanto, conocimiento de! libro y. aún no ha dicho nada. Tampoco me ha

dicho nada el cardenal de Madrid, a cuyo provicario general, el padre Patino, le

entregué un ejemplar, -1imitándose a aconsejarme que me fuera a mi iglesia y que

no les creara problemas en la diócesis. Pretendo, por encima de todo, que se

defina la jerartóricamente pienso que, andando el tiempo, se llegará —y no

tardará mucho— a ordenar a los hombres casados...

—Y esto no obstante, don José María Rivas Conde, sacerdote en ejercicio, célibe,

por más señas, está dispuesto .fervientemente a seguir con su ministerio...

—Sí, porque personalmente sentí la vocación sacerdotal como mi forma ideal de

vivir el cristianismo y, en consecuencia, empecé viendo el celibato como una

exigencia del sacerdocio... Si disciplinariamente .fueran ya separables una y

otra cosa, a estas horas yo estaría casado y seguiría si´endo y ejerciendo de

sacerdote...

El tema es tan tremendamente polémico como delicado. Pero ahí están el. libro y

don José María, a la espera del veredicto´ jerárquico de condenación o de

aquiescencia a cuanto dice. Que, por cierto, es mucho, muy sorprendente y muy

importante, por lo que en este caso, no cabe dar «la callada por respuesta» por

muy eclesiástica-y jerárquica que sea.

Fotos Jorge FERNANDEZ

 

< Volver