Autor: Aguirre Bellver, Joaquín. 
   Cosas de curas     
 
 Pueblo.    06/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

PIDO LA PALABRA

Nuestro clero ha tenido mala suerte. Me atrevería a decir que ha sido la gran

víctima del destino. En los tiempos de la España hambrienta, sin esperanza,

enfrentada a muerte contra sí misma, es decir, cuando era absolutamente

necesaria la revolución, el clero fue anturevolucionario; antes de la guerra,

durante la guerra y después de la guerra. Sí, también después, porque hay que

ver con qué poca simpatía

miraron los curas a las minorías con aliento social que llegaban en los

ejércitos victoriosos. Pero la

burla del destino habría de verse patente más tarde, al descubrir el clero las

razones de la revolución cuando ya la revolución era innecesaria e imposible,

ante la llegada de la prosperidad.

DE CURAS

SE enteraron tarde, inexplicablemente tarde. Como le pasó a monseñor Iniesta,

que el pasado domingo confesaba públicamente, desde las páginas de «El País»,

que a los veintiocho años, veintiocho, entró en el seminario, y allí se enteró

de que también en la zona nacional se habían cometido atrocidades. «Creo que

entonces empecé a cambiar de tal modo que cuando terminé mi carrera sacerdotal y

salí del seminario ya era antifranquista visceral». (Pobre monseñor! He ahí, en

su figura de -obispo rojo», como le llama «El País» en ´sus titulares, todo un

símbolo de la mala pata que ha tenido nuestro clero. Si hemos de seguir el

símil, nuestro clero se pasó de bando de pura rabieta, aJ saber que durante

nuestra guerra no sólo habían sido asesinados, como decía la falaz propaganda

franquista, curas y obispos. De ahí que monseñor decidiera hacerse cura y

obispo. Bueno, estoy empezando a hacerme un lío muy grande, pero es que a lo,

mejor todo esto es un lío muy grande. Y el caso es que uno diría «cosas de los

curasl» y les dejaría a ellos desenredar su propia madeja de ignorancias

pertinaces, de revelaciones súbitas, de contradicciones con la Historia y de

tremendas ironías del destino. Pero tampoco eso es ´posible, sin embargo, porque

saldríamos perdiendo los demás.

A mis cuarenta y ocho años tengo la experiencia de que en España los

enfrentamientos entre ideas políticas son, antes, en-frentamientos entre

concepciones morales y religiosas. Viví durante la guerra, siendo un niño, el

contraste entre la moral católica estricta de mis padres y la moral libertaria

de una joven criada que sostenía que el matrimonio era pura esclavitud, y, sin

embargo, se casaba, .sí. se casaba continuamente con su novio, cuando venía del

frente, por los días que durara el permiso y ante un comisario político, no

ante,un cura. «¡Los curas hasta para casarse le hacen arrodillarse a unal»,

clamaba.

Ganó la guerra, antes que una política, una moral. No me atrevo a decir si la

buena o la mala, pero una moral. La moral de tos curas. En consecuencia, vivimos

nuestra juventud bajo la mas estrecha dictadura del puritanismo y bajo la

policía mas inquisitorial de las conciencias.. Y cuando ya aquello no tenía

remedio, cuando nadie podía devolvernos la alegría que tes quitaron a nuestros

años de bachillerato, entonces resulta que el clero descubre que no tenía razón.

Descubre que el sacerdote tiene que ser antes líder que director espiritual,

an.tes doctrinario que apóstol, y confiar más en los medios de difusión que en

el confesionario Repentinamente s e abandona el pastoreo de conciencias, la

lucha alma por alma, para entregarse de lleno E» un pastoreo social que todavía

no sabemos exactamente en qué consiste. Por eso, por enterarme, he leído con

tanto interés las declaraciones de monseñor Iniesta.

Dice monseñor Iniesta que él no se atreve a definirse con fines electorales,

pero que desearía una sociedad socialista; que ta jerarquía eclesiástica ha

repetido varias veces su neutralidad política, pero que la Iglesia ha sido el

elemento más critico del franquismo en los últimos años; que «es mejor que me

abstenga de algo puramente político», pero que cierto marxismo es compatible con

el cristianismo y que él opta por la supresión de la propiedad sobre los bienes

de producción. Total, que no me aclaro, monseñor.

¿Contradicción o la vieja política de tirar la piedra y esconder la mano?

Hay un momento en la entrevista que me ha producido verdadera inquietud. Dice

monseñor Iniesta que ahora tiene una idea .concreta de Dios. Me habría gustado

que me la comunicara, a mí. un hombre lleno de dudas y de inconcreciones. Le he

buscado afanosamente en su entrevista y no está. ¿Cómo se ha olvidado de algo

tan importante, para abundar en lo político? Lo político, sinceramente, creo que

lo habría explicado con más claridad Felipe González. Es lo suyo.

Joaquín AGUIRRE BELLVER

PIDO LA PALABRA

 

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