Carta cristiana del Cardenal Tarancón. 
 La actitud oposicionista no es por sí cristiana     
 
 Ya.    21/05/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 18. 

Carta cristiana del cardenal Tarancón

LA ACTITUD OPOSICIONISTA NO ES POR SI CRISTIANA

El cardenal Tarancon publica en "Iglesia en Madrid" la tercera carta de la serie

"El sí y el no", bajo el título "El cristianismo no es excluyente". He aquí el

texto íntegro :

"El ai a Cristo es el si a toda verdad, a toda belleza, a todo bien. Es el si, a

todas la* personas, aunque sean antipáticas, aunque sean malas.

Si Dios es la Verdad, toda la verdad es un destello de Dios. Aunque ese destello

se encuentre en una religión falsa. Aunque esa verdad la defienda un malhechor.

Y lo mismo podríamos afirmar de la belleza y de] bien. Porque no hay nada tan

feo e.n el mundo que no tenga algún rasgo bello, ni hay doctrina o postura

humana que sea totalmente falsa, sin el menor destello de verdad no sería

aceptada por el hombre. Ni existe el mal absoluto y total que no tenga alguna

parte da bien.

El cristianismo no es excluyente; no puede serlo. No puede ser "anti", porque

corre el riesgo de negar la lúa al desechar las sombras o puede volverse

insensible ante algún bien por la obsesión de oponerse visceralmente al mal;

puede "arrancar el trigo pretendiendo arrancar la cizaña".

Todos los bienes materiales "tienen un valor propio puesto por

Dios en ellos", dice el Concilio, que habla a continuación de la "bondad natural

de las cosas temporales". El cristiano no tiene por qué -aborrecerlos; tan sólo

deberá usarlos rectamente.

A IMAGEN DE PÍOS

Los hombres—todos los hombres—han sido creados a imagen y semejanza de Dios. Son

personas con una dignidad y unos derechos que han recibido del Creador. No se

puede despreciar a una persona, aunque se trate de un pecador. No puedo cerrar

el corazón ni puedo negar .la ayuda a ninguna persona, aunque se trate de un

malhechor.

Es Dios el que ha creado las cosas—para servicio del hombre—y es la verdad, la

belleza, la bondad de Dios la que se refleja en las cosas bellas, verdaderas y

buenas. El cristiano debe buscar a Dios en todas las cosas y en todos los

hombres.

Aun las1 mismas ideologías que nos parecen .absurdas, y quizá lo sean, tienen

alguna explicación para que los hombres las acepten y las mantengan. Es justo

que nos opongamos .a ellas, pero quizá debiéramos sopesar las razones que mueven

a algunos hombres a sostenerlas y, más. que con un "anti" radical, cumpliríamos

nuestros deberes humanos y cristianos procurando evitar las causas que las han

producido.

Esa postura abierta y comprensiva para todo y para todos no es tan fácil. Es una

de las exigencias más costosas que entraña nuestra fe.

AMIGOS Y ENEMIGOS

Porque espontáneamente nos inclinamos hacia los amigos, hacia los que piensan y

sienten como nosotros, y "negamos el pan y la sal" a quienes > creemos enemigos

o no comparten nuestros puntos da vista.

Hasta tal punto llega esa exigencia de nuestra fa que Jesucristo nos manda "amar

a los enemigos" y "orar por los que nos persiguen y calumnian", para ser hijos

del Padre celestial, que hace lucir el sol sobre buenos y malos y sazona con la

lluvia los´campos de los justos y da los pecadores.

El compromiso de nuestro sí a Dios tiene exigencias muy serias. Nos obliga a ser

comprensivos con todos, a ser delicados con los que nos resultan antipáticos, a

devolver bien por mal, a buscar en todos Jos hombres, en todas las ideologías y

en todas las posturas loa destellos de luz y de verdad y de bien, recogiéndolos

como algo sagrado: son manifestación de la verdad, de la belleza, de la bondad

de Dios.

EL, AMOR CRISTIANO

No es verdad que el cristianismo sea negativo ni pesimista, aunque sea

necesario, en algunas ocasiones, subrayar el no para prevenir a los incautos o

para defender a los débiles. Es lógico que Dios expresase su ley con preceptos

negativos para adoctrinar a quienes tenían dura la cerviz, como reconoce la

Escritura. La mayor.parte da los mandamientos de la ley da Dios se expresan de

modo negativo por esa razón.

Pero en el .fondo de todos ellos, y como explicación de todos ellos, late lo más

positivo: el amor; el amor a Dios y el amor a todos loa hombres, sin diferencias

de clase y de condición.

La aetitifd persecutoria y oposicionista no es, por sí. cristiana. Tan sólo lo

será cuarto sea una exigencia ineludible de nuestro deber cristiano o humano. Y

aun entonces habremos de extremar la delicadeza para demostrar que la

explicación de nuestra conducta es el amor.

 

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