Autor: Castro Zafra, Antonio. 
 Hablan los obispos. 
 Casarse y descasarse  :   
 Se da luz verde al matrimonio civil. 
 Arriba.    21/05/1977.  Página: 24-25. Páginas: 2. Párrafos: 33. 

Los obispos españoles, al reafirmar la doctrina católica sobre el matrimonio,

dan luz verde al matrimonio civil Y aun at divorcio entre los no católicos.Al

renunciar al monopolio del matrimonio, los obispos ofrecen el testimonio más

sólido, profundo Y persuasivo de cuantos han presentada hasta ahora sobre la

autenticidad de su actitud evangélica. Contemplamos una de las decisiones más

importantes adoptadas por la Jerarquía española en los últimos quinientos años:

desde la evangelización de América no sehabía alineado con tanta nitidez en el

servicio a la sociedad. No habrá, pues, en Españaun enfrentamiento «a la

italiana» entre la Iglesia Y la opinión pública, como sucedióa propósito del

«piccolo divorzio» aprobado finalmente en Italia, pese a la feroz resistencia

eclesial y vaticana.

Hablan los obispos

CASARSE Y DESCAS

Se da luz verde al matrimonio civil

No habrá por tanto un enfrentamiento entre la Iglesia y la opinión pública como

ocurrió en Italia

Se abre la posibilidad del divorcio para los no católicos

La Iglesia renuncia a imponer por la ley un matrimonio que solo deben recibir

los creyentes

UNA teología que no sea actual será una falsa teología, y el documento del

episcopado sobre el matrimonio está redactado, efectivamente, según las líneas

maestras de una telogía actual.

Y esto, más por Ja doctrina que desarrolla —nada nuevo añade a (o enseñado hasta

chora— por el ritmo cetequético. la claridad y el realismo con que está

redactado. Aquí no hay arrogancia ni servilismo: se trata de una exposición

serena y amigable, persuasiva, respetuosa, lógica. Los obispos saben a quién se

dirigen: a un país bautizado (97,6 por 100). pero en plena evolución y ensayo de

libertadas, partidario decidido del divorcio (más del 70 por 100 hace ur> par de

años) y, por supuesto, del matrimonio civil.

Nadie puede acusar a nuestros obispos de no hablarnos inteligiblemente, de no

dirigirse a nosotros, las gentes de nuestro tiempo.

Es difícil encontrar en la historia rédente de la Iglesia española una llegada

más a tiempo y oportuna —más rigurosamente evangélica— que la expresada en ese

documento. No se trata de un anacronismo ni de una anticipación futurista. Los

documentos han de verse siempre en eí contexto histórico de su tiempo, de modo

que un dato definitivo para todo Investigador es la fecha que llevan. Pues bien,

ese documento pertenece a nuestro tiempo, responde a los interrogantes de su

época y encaja perfectamente en el contexto histórico que reproduce.

Es tradicional la parsimonia y lentitud de la Iglesia: ¡Siempre ha llegado tarde

a sus citas histoncas! Al parecer, y cuando la jerarquía se sitúa en un plano

aboslutamente religioso, no hay retrasos.

Así pues, en España se habla ya, oficialmente, otro lenguaje además del

católico, como puede ser el cristiano o el musulmán, ta libertad religiosa había

legalizado todas las situaciones religiosas, sin que la Iglesia católica hubiese

hecho otra cose, prácticamente, que aceptar esa •irremediable coexistencia»,

salvo ciertas actitudes personales en abierta {finea ecuménica. iLa libertad

religiosa fue •Impuesta» en el Concilio Vaticano II en contra de la mayor parte

—cor no decir la totalidad— del episcopado español. (£1 aplazamiento de la

votación sobre la libertad religiosa en e! conflicto fue saludado con abrazos y

calurosas felicitaciones entre los prelados españoles. En último término, ellos

no se habían inventado aquella actitud intransigente: eran así porque asi había

querido Roma que fuesen durante siglos. ¡Que le preguntaran- a la Santa

InquisiciónI): Bien, errara era posible entenderse con todos los españoles, a

rafz del Vaticano II, pero en teoría, tos hechos, el argumento definitivo, no se

ha producido hasta ahora. No más coexistencia pacífica entre las confesiones

religiosas asentadas en España —más de veinte— ni más soportarse. Ahora cada

confesión religiosa puede sentarse a la mesa con las demás para cortar su trozo

correspondiente de ta tarta que se reparte equitativamente para todos: el

matrimonio.

La Iglesia española ha visto que es inminente la implantación del matrimonio

civil y aun del divorcio: al adoptar una actitud exclusivamente pastoral y

religiosa se Identifica a sí misma y da testimonio de to que predica: él respeto

profundo a los demás, aunque no piensen lo mismo. Se acabaron tas Imposiciones,

las bodas a golpe de ley.

¿CUAL ES EL PANORAMA ACTUAL?

Para los católicos, todo permanece igual que antes, los obispos tratan de

mentallzar a los creyentes para que valoren el amor conyugal, también para que

adviertan que al contraer matrimonio se deben fidelidad para siempre. Sin

embargo, la Iglesia no quiere que -se contraiga el matrimonio canónico «porque

no hay otro», tos católicos que quieran, y sobre todo los no católicos, podrán

beneficiarse del nuevo estado de cosas cuando la Administración acepte la

invitación de los obispos, cuyo punto de partida es éste: la necesidad de una

razonable evolución de la legislación civil español» en el respeto pleno de la

libertad religiosa.

También se abre la posibilidad del divorcio para los no católicos >o católicos

no practicantes).

Pese a todas las cautelas de ios obispos en su lenguaje al referirse al divorcio

no hacen sino reafirmar la existencia de un estado de opinión pública que va a

hacer que se convierta muy pronto en legal el divorcio para Tos españoles. Esto

con todas Fas cautelas precisas, pero así sucederá.

EL SUSTO DEL OBISPO

Cuando «I obispo de Murcia —que preside la Comisión para 4a Doctrina de la Fe—

explicaba ente las cámaras de TVE el alcance del documento sobre el matrimonio

padeció visiblemente un sobresalto.

—De modo que la Iglesia —concluía el entrevistador— admite ya el divorcio...

(cara aterrada del obispo, y rectificación del confuso entrevistador, ya a tumba

abierta)..., pero sólo en casos muy especiales.

Monseñor Roca, un teólogo de pura raza, pero también un experimentado

diplomático, hizo entonces una espléndida exhibición de ambas cualidades,

contestando sin perder ios papeles, que «no, Ja iglesia no se manifiesta a favor

del divorcio en algunos casos. Cn realidad —atornillaba el obispo a medida que

recuperaba el resuello—, la Iglesia famas se ha manifestado a favor del

divorcio, y también jamás se manifestará * favor del divorcio por muy especiales

que sean bs casos: el divorcio no existe para la Iglesia y, por lo tanto,

tampoco existe el divorcio para tos católicos».

Está claro, monseñor. No se trata, pues, de que, al publicar ese documento, los

obispos españoles tratan de vender, «n una especie de grandes rebajas, el

matrimonio católico.

Resumiendo, podrían establecerse una serie de conclusiones:

1) El español se dispone a descubrir personalmente que ser católico es algo muy

serlo. Exige un compromiso fuerte y responsable también a nivel social.

2) Definitivamente, eí catolicismo ha pasado ya de moda. Y de norma «de

obligado cumplimiento´. En adelante habrá otras opciones religiosas además de la

católica. Y todas serán dignas, incluso a nivel de categoría social.

3) La jerarquia española pone fin, voluntariamente, a los monopolios. Ya no

quiere exclusivas. Contemplamos un gesto absolutamente revolucionarlo para el

contexto histórico y el vocabulario en que nos hemos movido hasta añora. Habrá

que revisar, urgentemente, nuestros conceptos y juicios sobre {os obispos y la

Iglesia.

4) Al renunciar a su Influencia temporal, la Iglesia se separa, de ¡acto, del

Estado reafirmando su talante evangélico, la teoría de >a separación entre ambas

potestades —sin excluir, claro está, la mutua colaboración y respeto—, condenada

como herética por el Santo Oficio, se demuestra a la vuelta del tiempo como Ja

opción más idónea y correcta.

MUEVAS CAUSAS DE SEPARACIÓN DE MATRIMONlO

Ante este panorama, especialmente duro —pero lógico— para los católicos,

conviene recordar que desde 1963 funciona una comisión pontificia para la

Reforma del Código de Derecho Canónico. Uno de sus temas más importantes es ei

que se refiere al matrimonio.

La Comisión creada por Juan XXIII en 1963 no comenzó sus trabajos hasta tres

años más tarde, y dé seguir al ritmo actual, no va a finalizar antes de 1984.

-"

La Comisión está presidida por el antiguo secretarlo general del Vaticano II, el

cardenal Felici, y

una comisión de 45 cardenales, de ellos un solo español, Jubany, de Barcelona.

El «número cuatro» de la comisión ejecutiva, y el «numero uno» en cuanto a

categoría profesional, es un sacerdote es pañol del Opus Dei, don Julián

Herranz.

La comisión ejecutiva remitió a todos los obispos del mundo «sub secreto» una

propuesta de reforma sobre el matrimonio basada en dos puntos:

1) Reducir las condiciones para la admisión al matrimonio cristiano. Ahora,

se exige que ambos futuros cónyuges «estén suficientemente ´instruidos en la

religión católica». Parece que esta norma nadie la cumple en la realidad. £1

dilema está en suprimirla para poner el matrimonio al alcance de todos, aun

sacrificando la calidad, o en mantenerla con más rigor. Parece que las opciones

van en el último sentido.

2) Revisar la casuística de nulidad del matrimonio. Se trata de un viejo

proyecto anglosajón y apoyado ahora por la Iglesia norteamericana: la Inclusión

de «factores psicológicos» en los llamados «vicios •—o defectos— de

consentimiento matrimonial». Una de ellas podría ser el engaño perpetrado sobre

el otro cónyuge con perturbación de la armonía conyugal; la carencia de

discernimiento sobre los derechos y deberes matrimoniales, las anomalías

psicosexuales, etc.

Esto no haría más que ratificar el sentido realista adaptado por ´la Iglesia:

evidentemente, muchos matrimonios se rompen por causas de este tipo.

Pero las nuevas causas, si es que ´llegan a ser aprobadas —y ahí sí que puede

hablarse de una fuerte batalla a ¡nivel curial—, aún tardarán muchos años.

Mientras tanto ya es un triunfo que la Iglesia renuncia a imponer por la ley

civil un matrimonio que sólo deben recibir quienes creen en la resurrección de

Cristo.

Antonio CASTRO

Sábado 21 mayo 1977

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