Autor: Fernández de la Cigoña, Francisco José. 
   Partidos católicos     
 
 El Alcázar.    26/03/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 11. 

PARTIDOS CATÓLICOS

DIVERSAS jerarquías de la iglesia española han señalado la actitud eclesial ante

el momento político español. Independencia de la Iglesia ante la política,

abstención de militancia partidista, no vinculación a partidos y, por lo mismo,

a programas, parecen ser las consignas de los responsables del pueblo de Dios en

estos días en que estrenamos el juego democrático. Es un error. Del que

desgraciadamente pronto tendrá que arrepentirse la Iglesia.

Declarar la independencia de. la Iglesia frente a la política carece de todo

sentido porque una y otra no pueden ser independientes. La política condicionará

a la Iglesia y la Iglesia a la política por muchas declaraciones que una y otra

hagan. Ambas actúan sobre los mismos nombres y afectan con su doctrina a los

mismos temas en no pocas ocasiones. El matrimonio, la enseñanza, la libertad del

culto, los derechos y deberes de los ciudadanos, el aborto, la moralidad

pública, la propiedad, son sólo algunos objetos de las comunes preocupaciones de

la Iglesia y del Estado. Hablar de independencia es engañarse y engañarnos.

Subyace en esta postura una actitud irenista muy propia de nuestros días pero

que no por ello deja de ser falsa. Piensan algunos que si la Iglesia no dice

nada de política, gane el que gane no se meterá con ella. Y evidentemente no

será así. Porque la victoria de algunos partídos supondrá la implantación del

divorcio, la legalización del aborto, la enseñanza laica obligatoria, o incluso

la persecución, la cárcel y el martirio.

Por ello la Iglesia,.que tiene una doctrina, social, debe apoyar a todos

aquellos que postulen esa doctrina y tiene que advertir a los católicos contra

los que, desde la derecha, la izquierda o el centro, propongan lo que es

contrario a la ley de Dios.

Y por eso los católicos tienen la obligación de dar su voto a aquellos partidos

que, una vez en el poder, no se opondrán a la doctrina de la Iglesia sino que

procurarán en la medida de lo.posible una sociedad conforme a la voluntad de

Dios.

De ahí no sólo la conveniencia sino la necesidad de que haya partidos católicos

en los que, quienes tienen la fe de Cristo, deben militar. No es el nombre Ip

sustancial de estos partidos sino el programa. Porque hay partidos con nombre

cristiano cuya actitud es más que dudosa y otros en cuya denominación no aparece

la confesionalidad y- que sin embargo son plenamente católicos. La mera

apariencia externa no sirve de garantía y el católico tiene el deber, si no

quiere verse expuesto a desagradables sorpresas, de profundizar en un análisis

antes de depositar votos y confianzas.

Tendrían razón los altos dignatarios eclesiásticos que postulan esa

independencia si nos encontráramos sólo ante varios partidos que, dentro de sus

propias peculiaridades, aceptaran todos ellos la doctrina de la Iglesia, En ese

caso sería un abuso de la Iglesia el apoyo a uno de ellos en menoscabo de los

demás pues el católico puede lícitamente preferir a cualquiera de los que estén

en esa situación. Pero no es eso lo que ocurre en España donde opciones

repetidamente condenadas por la Iglesia han salido a la palestra reclamando el

voto no sólo de sus afines sino también de los católicos. Y ante ello no es

lícilo´el silencio de la Iglesia.

No se trata ahora de convocar a una guerra de religión ni muchísimo menos. Pero

sí de que los católicos tomen conciencia de que están en juego cosas demasiado

importantes para ellos y para España. Que los padres no pueden enviar a sus

hijos a la escuela que consideren más conforme a sus creencias, que la blasfemia

y la inmoralidad se adueñen de la calle por´ la que tienen que circular

necesariamente sus hijos, que las doctrinas más heterodoxas y disolventes les

sean enseñadas sin que exista la menor posibilidad práctica de resistirlas, que

el asesinato institucionalizado en el aborto sea propuesto como un logro de la

civilización, etc. etc., es algo a lo que estamos expuestos en plazo muy breve

si no hay partidos católicos organizados y fuertes que asuman en sus programas

políticos la doctrina de la Iglesia.

Y desde esta perspectiva .una mínima advertencia a Alianza Popular donde tengo

muchos y buenos amigos cuyo sentir católico me consta • está fuera de toda duda.

No pocos católicos se han sentido preocupados ante ciertas actitudes del partido

conservador. La postura prodivorcista de Reforma Democrática que, aunque no

asumida después por la Alianza, ha suscitado resquemores y recelos, la

declaración, esta sí de la Alianza, de aconfesionalidad, cierta falta de énfasis

en la afirmación de postulados irrenunciables para muchas conciencias católicas

restarán fuerzas, pactos y coaliciones que en su momento pueden ser precisos

para una victoria electoral.

La clientela de Alianza, y esto es evidente para propios y extraños, está en el

catolicismo español. Ese catolicismo sociológico tan denostado pero que existe

en los campos y en las ciudades de España y que no quiere la revolución

marxista. Pues bien, a esa base no le disgustaría una más neta afirmación de la

doctrina católica. No perdería por ello ni un voto. Y en cambio ganaría los de

aquellos que hoy dudan, .y no ciertamente sin motivo alguno, sobre si el triunfo

de Alianza Popular será un bien para el catolicismo español. Y no. un mal menor

o, si se quiere, incluso el menor de los males.

Porque la aconfesionalidad de Alianza va a ser una barrera muy difícil o acaso

imposible de saltar para algunos católicos. Al menos, sin´ matizaciones que a mi

entender no se han producido. Nada habría que objetarle si con ella se quiere

expresar la sana independencia del poder civil frente al eclesiástico y la

tajante y necesaria afirmación de que el Estado se gobierna desde el Estado y no

desde la nunciatura, la Conferencia episcopal, las homilías subversivas o las

ikastolas. Pero si en vez de esto supone que la doctrina de Cristo no ha de

inspirar a gobernantes y legisladores de Alianza Popular, que la religión

católica no sera para ellos y para la nación -española´ el mayor timbre de

orgullo de su historia y de su mañana, el non possumus de los católicos más

conscientes estará más que justificado.

Francisco José FERNANDEZ DELACIGOÑA

MARZO —1977

 

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