Coherencia electoral     
 
 Arriba.    05/06/1977.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

COHERENCIA ELECTORAL

LOS drusos del Líbano son enemigos I del proselitismo por creer que e! que es «drusita» ha de

serlo desde toda la eternidad. Decía Ortega y Gas. set en 1922 que en España se renuncia a

convertir al infiel y se habla sólo al parroquiano ya convicto. En este país es un dato evidente,

por razones igualmente evidentes, que el número de militantes de los partidos políticos es

sumamente escaso en relación con el electorado. Para colmo, la proliferación de formaciones

políticas, incluso en las mismas bandas ideológicas, hace difícilmente perceptibles las

diferencias entre los programas y las,soluciones que propugnan los par tidos políticos ante un

elector poco ave. zado a las distinciones de matiz.

La campaña electoral tiene por objeto captar la adhesión de voluntades y votos en interés de

las opciones políticas re. presentadas en las distintas candidaturas. Por definición, una

campaña electo, ral se ha de proyectar a los no militantes por cuanto que los militantes tienen

ya determinada su elección política. Sin embargo, en los mítines los oradores pare-cen dirigirse

solamente a los partidarios, a los conmilitones de toda la vida, y se producen, en general,

pasionalmente, excluyentemente. Parece que de antemano renuncian a convencer al ajeno y

prefieren, en general, una imagen radical propia de jefes de facción.

La mayoría de los electores, hombres y mujeres sin partido, no están interesados en ratificar a

los jefes de partido en su liderazgo de partido, sino en poder seleccionar las opciones de

gobierno y los hombres públicos capaces de realizarlas. Los candidatos pueden caer en la

trampa, al calor inevitable de los actos de masas, de enardecer a los partidarios, en tanto

desorientan y alejan a los que hubieran de convencer.

Esta actitud de los líderes políticos contrasta hasta justificar una lógica sus. picacia con la que

adoptan ante los me. dios de comunicación social públicos, sobre todo en la pequeña pantalla.

En la televisión, hasta ahora, tienen concien, cía de que sus espectadores constituyen toda la

opinión pública y su lenguaje es positivo, respetuoso, moderado. La imagen que pretenden es

la de hombres pú-blicos, prefigurados hombres de Estado. Vistos en los mítines no parecen ser

las mismas personas sosegadas, simpáticas en su falta de familiaridad con el medio televisivo,

que seguramente son en la realidad cotidiana.

Vale la pena cambiar la apoteosis de los propios por la atenta simpatía de los ajenos, que

somos más, y cuidar la coherencia. No seamos drusos.

(Viñeta, chiste gráfico)

 

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