Autor: Arroitia-Jáuregui, Marcelo. 
   Potencias, palomas, pupitres y sermones     
 
 El Alcázar.    06/06/1977.  Páginas: 1. Párrafos: 6. 

POTENCIAS, PALOMAS, PUPITRES Y SERMONES

Lo siento mucho, pero como estoy eligiendo opción electoral, que se dice, presto mucha atención a los

espacios que los partidos políticos emiten por RTVE, con lo cual no tengo más remedio que, con la más

exquisita neutralidad, comentarlos. No para decir el que me ha convencido, que el voto es libre y secreto,

sino para juzgar los valores televisivos de esas presentaciones. (Y comentaré exclusivamente las que se

ofrecen por las emisiones nacionales, porque también sigo las de los espacios regionales, que tampoco

son mancas a la hora de descubrir demagogos destacados).

Por ejemplo, a don Felipe González lo divinizaron mismamente y jugaron especialmente la carta "sexy",

de una parte, y la carta carísmática, de otra. O sea que don Felipe González, tras unos planos del puño con

capullo y de un cartel publicitario en que aparece —sin corbata, por supuesto— dibujado en medio de

figuras representativas un bastante prognáticas, fundieron su imagen con la del cartel.

O sea que don Felipe González, con corbata, salía del arte, por así decir, y entraba en la historia. Don

Felipe González actuó con convicción, con soltura, sin estridencias pero sin misticismos. Lo malo es que,

cada poco, el realizador le convertía en San Luis Gonzaga o en figura de auto sacramental de Tamayo.

Porque, como fondo del breve discurso, se seguía utilizando el cartel de marras, que se corona con un

ciclo en el que hay un sol que emana las clásicas potencias. De esta manera, don Felipe González aparecía

ora con halo, cuando la cabeza quedaba enmarcada por el sol, ora como Dios Padre, emanando potencias.

Inteligente manera de sugerir su carisma y de apoyar la carta de su atractivo, me imagino que lo segundo

para buscar electoras y lo primero para seducir indecisos, que siempre quedan atraídos por el sello

celestial.

En cambio, los miembros de la Federación Demócrata Cristiana: jugaron la carta meliflua.

Con la paloma en el regazo, don Joaquín Ruiz-Gimenez endosó una homilía —laica, por supuesto— en el

estilo suave, untuoso, con ligeros revoloteos de manos, sonrisa seráfica y gesto dulce, de un capellán

preconciliar de congregaciones mañanas. De esa manera, nos hablq del hombre. Con mínimas variantes

de ese modelo —supresión de la sonrisa seráfica y del manoteo columbario— don Antón Canyellas nos

comunicó que la D.C. era Europa y que todos los correligionarios- europeos les estaban respaldando, que

qué suerte. La desilusión del grupo me la propinó don José María Gil y Robles y Delgado, que estuve

esperando que repitiera su actuación en mi tierra, y que volviese a negarse a bajarse los pantalones para

que le dieran por el centro. No repitió esa frase, que es la mas memorable de la campaña electoral, y la

más fina también, aunque no sé si la más demócrata y la más cristiana, ya que tales término son muy

electorales, como es sabido.

Acerté hace unos días, en esta misma columna, cuando dije que los candidatos de la Unión del Centro

Democrático tenían aspecto de antiguos alumnos de colegio religioso caro. Tienen tan aceptada esa

imagen, que sus cuatro representantes se presentaron en pupitres, desde don Pío Cabanillas en plan de

alumno inteligente pero disimulado, hasta don Fernando Alvarez de Miranda, que era el primero de la

clase y ejercía, pasando por don Ignacio Camuñas en plan de alumno chisgarabís frivolete y guapetón y

por don Francisco Fernandez Ordóñez que era como el administrador de la clase. Dijeron su lección por

turno y estaba claro que habrán seducido a los electores partidarios de que la letra con sangre entra y de la

educación que se nota.

Por su parte, tras unos dramáticos acordes musicales con fondo de paloma puño, el consabido "viejo

profesor", don Enrique Tierno Galvan, patéticamente deslumbrado por los focos, casi ciego, predicó un

sermón sobre las virtudes del socialismo popular y el valor de la honradez, con las consabidas alusiones a

los defectos de la Oprobiosa. Tan discreto y tan dramático, era como si nos pidiese el voto como una

caridad, pero una caridad absolutamente justa.

Eran, pues, como cuatro opciones en el juego electoral del "Un, dos, tres... vota de una vez", pero sin

Kiko Ledgar para dar pistas. A lo mejor, uno de los cuatro trae el coche, pero, ¿y si trae la calabaza ?

Marcelo ARROITA-JAUREGUI

 

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