Los otros socialistas: del rojo al amarillo     
 
 El País.    08/06/1977.  Página: 8. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

EL PAÍS

DIARIO INDEPENDIENTE DE LA MAÑANA

Los otros socialistas: del rojo al amarillo

APARTE DEL PSOE, son varios los partidos que invocan la ideología socialista. Digamos, de antemano,

que la mayoría de los militantes de esos grupos (los partidos regionales, el PSP, los veteranos entre los

«históricos») son inequívocamente socialistas y tienen, por lo mismo, igual derecho que sus compañeros

del PSOE a considerarse como tales. La unidad de la familia socialista, necesaria de todo punto, encuentra

su razón última de ser en la homogeneidad ideológica,que debe hacerse compatible con las tendencias

particulares en su seno.

Algunos dirigentes del PSOE han declarado que el pacto electoral con el PSC (Partido Socialista

Catalán), la absorción de Convergencia Socialista de Madrid y los acuerdos con los minúsculos grupos de

Murcia y León han clausurado el proceso unitario entre organizaciones, lo que da idea de su concepción

patrimonial y estrecha del campo socialista. En el extremo opuesto no faltan quienes opinan que incluso

grupos socialdemócratas, actualmente refugiados en el Centro, podrían ser recuperados para un partido

socialista unitario; esperanza que sin duda esconde una visión equivocada de las ideologías de izquierda.

Reforma Social Española (integrada en parte por antiguos falangistas que hacen una insólita lectura socia-

lista de José Antonio), el PSDE (pródigo en escisiones y dimisiones, y muy alejado del espíritu de su

creador, Dionisio Ridruejo)y el llamado PSOE histórico (a quien el Ministerio de la Gobernación, en clara

infracción del artículo 3 de la ley de Asociaciones, reconoció las siglas del partido de Pablo Iglesias)

formaron una alianza socialista democrática de corta vida. Tras la separación del partido que preside el

señor Cantarero del Castillo, los dos grupos restantes, apoyados y jaleados por el Gobierno hace unos

meses con el propósito de debilitar la fuerza electoral del PSOE. se han visto repentinamente abando-

nados a sus propios recursos. Sus sombrías perspectivas electorales son la consecuencia directa de esa fría

decisión del Poder, que busca ahora otras coartadas más verosímiles para una apertura a la izquierda.

El PSP (Partido Socialista Popular, que preside el profesor Tierno) tiene una historia complicada y una

trayectoria política zigzagueante. Nacido en torno a la personalidad del señor Tierno, quien creó en los

años cincuenta un grupo denominado «funcionalista» y colaboró activamente en la monárquica Unión

Española, el núcleo dirigente de esta organización descubrió o expli-citó su vocación socialista sólo a

comienzos de la década de los sesenta. El entonces secretario general del PSOE. señor Llopis, y los

recelos de los militantes de base cerraron a este grupo de intelectuales las puertas del partido, llevándoles

la situación a fundar el llamado Partido Socialista del Interior, que luego sería rebautizado como Partido

Socialista Popular.

La negativa del PSOE a ingresar en la Junta Democrática, creada en julio de 1974, dio al PSP la inespe-

rada oportunidad de ocupar su lugar, como fuerza socialista, en esa plataforma, al igual que los señores

Calvo Serer y García Trevijano pasaron a desempeñar, sin duda abusivamente, el papel de representantes

de la «derecha civilizada». En esa alianza, la única fuerza importante y no sustitutiva era el Partido

Comunista, que dio su espaldarazo al PSP como «socialismo de izquierda». La otra cualificación del PSP,

su vocación «tercermundista». se relaciona con la decisión de la II Internacional de concentrar su ayuda

económica y moral en el PSOE, y con la consiguiente necesidad de buscar fuentes de financia-miento en

países no europeos a través de partidos que sólo muy imaginativamente cabe rotular como socialistas. En

este sentido, las denuncias formuladas por otros grupos -contra el PSOE por la ayuda europea que recibe

pueden ser interpretadas como la renuncia a la blanca mano de una Doña Leonor que anteriormente les

había rechazado.

Pese a su izquierdismo y tercermundismo. el PSP continúa siendo un partido de escasa implantación

obrera y de militancia predominantemente intelectual y de clase media. Por lo demás, sus declaraciones

radicales —Tierno gusta de presentarse como marxista y revolucionario— nunca fueron tomadas al pie de

la letra ni por los aparatos represivos del franquismo, ni por los dos Gobiernos de la Monarquía, ni por los

órganos de opinión de la derecha conservadora: lo cual hace pensar que ese izquierdismo verbal está

destinado sobre todo al consumo de los sectores radicalizados de su base. El PSP no termina de perfilar

su concreta propuesta socialista ni de precisar sus diferencias ideológicas con el PSOE. También en su

seno coexisten tendencias contrapuestas —moderadas y radicales, fabianas y marxistas— a las que

mantiene en unidad la personalidad del «señor Tierno, por otra parte más próxima a la tradición laica,

moralista y pedagógica de Izquierda Republicana que a cualquiera de las corrientes del PSOE de

preguerra.

Faltan datos para valorar adecuadamente la anunciada disponibilidad del señor Tierno a formar parte del

Gobierno después de las elecciones. Si el PSP pactara con grupos del Centro, los demócrata cristianos y el

propio PSOE un programa coherente de gobierno, su acceso al poder no perjudicaría a la unidad

socialista. Pero si. en solitario, el partido del señor Tierno, a cambio de obtener alguna cartera ministerial,

pusiera a sus congresistas y senadores a disposición del señor Suárez para que éste completara una

mayoría parlamentaria y diera verosimilitud a la «apertura a la izquierda», no solo su imagen se

deterioraría gravemente ante quienes piensan que «responsabilidad» no es sinónimo de

gubernamentalismo. sino que metería en un callejón sin salida al proceso unitario.

Quedan, finalmente, los partidos socialistas regionales de la antigua FPS. que saltó en pedazos tan pronto

como las elecciones fueron convocadas. Algunos de esos grupos se presentan a las urnas con el PSOE.

que no vaciló en pasar por alto el rígido mandato del Congreso sobre la innegociabilidad de las siglas para

llegar a un acuerdo pragmático con la más importante de esas organizaciones, el Partido Socialista de

Cataluña. Los partidos socialistas de Andalucía. Aragón y Baleares y la fracción minoritaria valenciana

han establecido pactos electorales con el PSP. que les permiten beneficiarse de las facilidades concedidas

en RTVE a las coaliciones amplias y obtener financiación. Otros, finalmente, acuden a las elecciones en

solitario (Galicia) o en alianzas de izquierda: los grupos de Asturias y Euskadi. la fracción mayori-taria

valenciana y el Movimiento Socialista en Castilla.

La desunión y encono de los grupos socialistas en las regiones que no son «nacionalidades históricas»

(donde la clientela está claramente delimitada por la lengua y la inmigración) se explica por la

circunstancia de que el «hecho regional» no tiene densidad suficiente como para privar de implantación a

los partidos organizados a escala nacional. No deja de ser significativo que en la ejecutiva del PSOE

figuren varios sevillanos, para quienes seguramente el redescubrimiento del «poder andaluz» por el PSA

(Partido Socialista Andaluz) no justifica las pretensiones hegemónicas de éste. En cualquier caso, los

pactos de los antiguos partidos miembros de la Federación con el PSOE y el PSP demuestran que la

unidad socialista no puede conseguirse por el camino de la federación de partidos regionales autónomos,

sino que exige fórmulas más próximas al partido de estructura federal o a la pragmática solución ideada

por el PCE.

 

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