Autor: Llopis, Pilar. 
 Campaña electoral para el Congreso y el Senado. 
 La manipulación del voto femenino     
 
 El País.    08/06/1977.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA MANIPULACIÓN DEL VOTO FEMENINO

PILAR LLOPIS

De repente, en este país, las orga-nizaciones políticas han caído en la cuenta de que un

53 % del electorado son mujeres, y se han lanzado a la lucha por conseguir el voto femenino.

Muchas de estas organizaciones, llevadas por su celo feminista, sientan, incluso en las

presidencias de sus congresos a alguna mujer, otras colocan la fotografía de alguna de ellas

entre el resto de las fotografías de la ejecutiva del partido, pero cuando se busca entre

los altos cargos de los respectivos partidos un nombre femenino, brilla por su ausencia.

Esta manipulación de la mujer, con fines electoralistas, es un ejemplo más de la utilización

que hace nuestra sociedad, capitalista y machista, de la mujer. Esta sociedad, durante 42 años,

ha fomentado la marginación de la mujer, la ha sometido a las cuatro paredes de su casa como

su lugar más adecuado, y ha creado una superestructura ideológica tan bien montada, tan sutil,

que ha conseguido que la mujer llegue a estar satisfecha de su papel de parásito social. Si

tenemos en cuenta que en España había, en 1974, ocho millones de mujeres que dependían de

otras personas, padre o esposo, que el porcentaje de mujeres de la población universitaria

era de un 30 % frente a un 70 % de hombres, que la población activa femenina era sólo de un

27,5 % y que actualmente hay doble número de mujeres analfabetas que de hombres, nadie podrá

decir que la marginación de la mujer no es hecho real e indis-cutible. Ahora bien, las

organizaciones políticas poco tienen que hacer si sólo se plantean el problema de la

marginación de la mujer como cualquier otro problema, con fines electoralistas. Para sacar a

la mujer de su actual estado no basta una campaña electoral, por muy cargada que vaya de

promesas de emancipación femenina. Es necesario que los partidos políticos, además de llamadas

al voto femenino, tomen conciencia, y con ellos toda la sociedad, de que el problema de la

marginación de la mujer no es algo que sólo le afecta a ella, sino que afecta a todos; porque

mientras la mujer esté marginada, mientras todos, hombres y mujeres, no pongamos todo nuestro

interés y esfuerzo en que esta situación desfavorable a la mujer cambie, ella actuará como

grupo negativo de presión contra cualquier evolución o transformación social, porque se le ha

educado así. Una sociedad en constante evolución como es la nuestra, aunque se empeñen en lo

contrario algunos, necesitará de la colaboración de todos, hombres y mujeres, para seguir

adelante. Pero está claro que sólo aquellas organizaciones políticas que tienen como base

fundamental de su programa la transformación profunda de la sociedad podrán incorporar a la

mujer al proceso evolutivo. Son los estamentos políticos conservadores los que tienen más

interés en que la mujer siga como hasta ahora, ya que es útil para ellos contar con un grupo

social al qué se puede manipular a conveniencia. La sociedad capitalista utiliza a la mujer

bajo diversos aspectos, como productora de fuerza de trabajo, llevando así la división del

trabajo al ámbito familiar, dando a la mujer la función exclusiva y excluyente de procrear y

al hombre la de. mantenedor de la economía familiar, lo que hace que sea la mujer el

principal sostén de la sociedad de consumo. Y como mano de obra barata a la que recurre

cuando tiene que forzar las relaciones de producción existentes. Deben ser, por tanto,

los partidos de izquierdas, si desean presentar un programa coherente de transformación de

la sociedad, los que tienen que tomar como suya la lucha por la liberación de la mujer e

incluirla dentro de todas las otras exigencias de cambio, porque no habrá transformación

real de la sociedad mientras no haya liberación de la mujer, y no habrá liberación de la mujer

mientras no haya una total transformación de la sociedad, y los partidos que propunan esta

transformación no podrán hacerla mientras arrastren el grave peso de casi la mitad de la

población, mantenida en una situación estática, ancestral y reaccionaria.

 

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