Autor: Arauz, Carlos. 
   ¿A por la tercera nación?     
 
 El Alcázar.    03/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 7. 

¿A POR LA TERCERA NACIÓN?

CON la aprobación del régimen preautonómico para Vascongadas, el presidente Suárez, y todo su

Gobierno con él ha puesto los cimientos de una futura nueva nación. Euzkadi, en efecto, se va a convertir,

si alguien no lo impide, en la tercera nación del hasta ahora territorio español. La primera España, la

segunda Cataluña y la tercera Euzkadi. Ni más ni menos. Euzkadi será la tercera nacionalidad, patria o

Estado de una nacionalidad, patria o Estado antes única

Mientras que los procesos regionalistas de otros países —caso de Italia por ejemplo— duran años y años,

este Gobierno que nos ha tocado en suerte desintegra y crea con una facilidad que pasma. No regionaliza

sino que desintegra, creando naciones allí donde había regiones o provincias. Desintegra, despreciando la

historia de una Patria que se configuró sólidamente unificada en tiempo de los Reyes Católicos; hace

cinco siglos justamente. Desintegra, ignorando la gran etapa reconquisladora del medioevo; cuando en un

remoto siglo XIII ya España iba perfilándose como tal, con las Coronas de Castilla y Aragón en creciente

progresión hacia la fusión en un renaciente Estado.

Y esta desintegración la realiza con una ingenuidad e infantilismo soprendentes. Creyendo que se trata de

un acto de puro trámite. Como si fuese un asunto baladí o un pequeño problema más de los que resuelve

mediante una simple negociación de esas que se dicen propias de tratantes o revendedores. Haciendo caso

a unos representantes de partidos apatridas o a unas masas manipuladas por el mismo Gobierno y que

bajo su batuta se lanzan a la calle a proferir eslóganes más propios de analfabetos que de seres

medianamente civilizados.

Cediendo, transigiendo y renunciando a aquellos mínimos postulados en los que cualquier poder

organizado ha de basarse. Pensando que ellos, y sólo ellos, poseen el talismán que todo lo arregla o todo

lo compone. Queriéndonos hacer comulgar con ruedas de molino para convencernos de que todo eso de

las autonomías, «de las regiones y nacionalidades del Estado Español», son estadios naturales de un

devenir histórico que necesariamente había de llegar... Desdramatizando lo que en síes enormemente

dramático porque es someter la supervivencia de la patria al capricho de unos gobernantes inexpertos o al

referendum de unas regiones que, por ser partes integrantes inseparables de un todo, carecen del más

mínimo poder decisorio sobre el particular.

No obstante, el intento por desmoronar la Patria se mantiene; desgajando de ella las dos regiones más

industrializadas. He escrito desgajamiemo y no regionali-zación ni autonomía. En ello me da la razón el

diputado del PNV, Arzallús, cuando declara que su autonomía es lógica y no la artificial de otras

provincias y regiones. ¡Y claro que es lógica; porque, a plazo corto, como en el caso catalán, va a suponer

una independencia absoluta! Se habrá roto la comunicación entre regiones pobres y ricas, y quedarán ellas

como cimeras en privilegios y riqueza.

Separadas y distintas. Como repúblicas marxístas enfrentadas a la «España de los Estados». Con sus

cuarenta diputados de izquierda en el caso de Cataluña y su gran mayoría de ocho socialistas y siete

nacionalistas en el recientemente creado Consejo General del País Vasco que integrará a Guipúzcoa,

Vizcaya y quién sabe si también Álava.

Si esto no es ir a por la tercera nación que se me desmienta. Lo único que sucede es que uno tiene gran

confianza en el pueblo español y estima que por mucho empeño que desde arriba se ponga en disgregarlo,

terminará por reaccionar a tiempo, a pesar de la confusión —en forma de manifestaciones organizadas y

publicidad demagógica— en que está sumido por culpa de los liantes de turno.

Carlos ARAUZ

 

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