Raimundo Fernández Cuesta. 
 "La unidad de España no se puede romper por pactos o autonomías"     
 
 El Alcázar.    20/11/1978.  Página: 20. Páginas: 1. Párrafos: 20. 

Raimundo Fernández Cuesta:

La unidad de España no se puede romper por pactos o autonomías»

«Queremos una democracia que haga posible el respeto a los derechos del hombre, empezando por el más

importante, el de la vida»

«Franco no sólo salvó a España del caos y de la destrucción, sino que salvó a Europa de quedar sitiada

por el cerco del comunismo»

«José Antonio Primo de Rivera murió fusilado por el comunismo, que ahora ha vuelto a plantar su roja

bandera en nuestro suelo»

Nos hemos congregado en esta plaza histórica de las grandes concentraciones nacionales, muchos cientos

de miles de españoles impulsados por el doble sentimiento del recuerdo y de la esperanza.

Del recuerdo entrañable, emocionado, en el aniversario de la muerte de dos españoles de excepción, dos

figuras egregias en nuestra historia, que consagraron su vida a España: Francisco Franco y José Antonio

Primo de Rivera.

Francisco Franco, que no sólo salvó a España del caos y de la destrucción, devolviéndola al rango

internacional que le correspondía, sino que salvó también a Europa de quedar sitiada del cerco del

comunismo, por el sur, como lo estaba ya por ese mismo comunismo en el norte.

Francisco Franco que con la ayuda del pueblo español construyó un patrimonio de unidad nacional, de

justicia y bienestar, como nunca se había conocido, patrimonio que ha sido dilapidado, despilfarrada,

arrojado por la ventana, quedando ese pueblo cosario de algo que era suyo y que habla forma en 40 años

de esfuerzos y sacrificios, venciendo obstáculos y dificultades de toda clase.

José Antonio Primo de Rivera, fundador de uno de los movimientos más limpios y nobles que ha

conocido España, de una doctrina que ha encendido la ilusión de la juventud y que murió, mañana hará 42

años, fusilado por el comunismo que ahora ha vuelto a plantar sus rojas banderas en el suelo de España,

no como consecuencia de una conquista revolucionaria, sino por la entrega vergonzosa de las derechas

democráticas.

Pero al lado de este recuerdo, os trae también un sentimiento de esperanza, de que el cielo de España

vuelva a recobrar la luz y claridad que tenía, ensombrecido por las nubes del separatismo, la lucha de

clases, el hundimiento económico y el terrorismo, que aunque se haya dicho oficialmente que puede

seguir matando sin que nada vaya a ocurrir, tiene que ser extirpado con medidas de excepción, pues las

normales no han sido eficaces, por exigencia de la propia dignidad, de la justicia y de la paz social.

Esa claridad no va a ser traída por quienes fríamente, sin el menor escrúpulo, o seducidos por promesas

que no se cumplieron, aprobaron en las Cortes pasadas cuanto había que aprobar para derribar el régimen

que tantos beneficios les había proporcionado. Ni por los conversos cuya conversión ha consistido en

quitarse el antifaz que durante tantos años han llevado puesto, para dejar al descubierto su verdadero

rostro. Ni por los que han hecho al adversario cuantas concesiones ha pedido, con el resultado de que ese

adversario tenga hoy un poder, una influencia, una moral de victoria, que antes de esas concesiones

carecía.Y tampoco la traerán quienes han sustituido el libre juego democrático de los partidos en el

Parlamento, por el trapicheo y la tertulia, entre los líderes de esos partidos.

O quiénes han sustituido el reconocimiento de valores permanentes por decisiones mayoritarias, que nos

dirán en cada caso, si Dios existe o no existe, si la Patria debe permanecer o suicidarse, poniendo en

riesgo, entre otras muchas cosas, la unidad de España que está por encima de la voluntad de los españoles,

por muy demócratas que se sientan, que no es un contrato que se pueda romper bilateralmente por pactos

o autonomías, sino que es un patrimonio que nos ha sido legado por las generaciones pasadas a las

presentes, y que tenemos que entregar a las venideras so pena de traicionarlas y declarar que ha sido un

fraude o un engaño toda la historia de España.

Esta claridad la traeréis vosotros y los que piensan y sienten como vosotros, y con ella, una España sin

fisuras, en las que las características de las diferentes regiones enriquezcan el patrimonio espiritual de

España, sin ser fundamentos de nacionalidades ni de rupturas de la unidad.

Una justicia social sin marxismo, que ahoga la personalidad humana.

Una autoridad que haga posible la libertad sin confundirla con el libertinaje, y la libertad de expresión con

la injuria, la calumnia, la ordinariez o la pornografía.

Una democracia que haga posible el respeto a los derechos del hombre, empezando por el más

importante, que es el de la vida, nunca más en riesgo que ahora.

Una España, en fin, en la que se armonicen el respeto a todos los valores morales y espirituales que han

formado la personalidad de España, con las nuevas estructuras económicas, políticas o sociales, que en

cada momento y en cada circunstancia histórica exijan la justicia y la dignidad humana.

Continuad con la fe y el entusiasmo que aquí os ha impulsado, y como resumen y expresión de este acto

de decoro y honor, gritad conmigo: Francisco Franco, José Antonio Primo dé Rivera, ¡ ¡Presentes!!

Raimundo FERNANDEZ CUESTA

 

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