Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Una nocha triste y un día alegre     
 
 El Alcázar.    20/11/1978.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

20-noviembre-1978

Crónica de España

UNA NOCHE TRISTE Y UN DÍA ALEGRE

LEO y me asombro: «La noche del 16 al 17 de noviembre de este año ha sido, probablemente, la más

dramática de cuantas vivió el Gobierno Suárez.» Lo escribe El País, como embocadura de una de las

crónicas políticas más melodramáticas y pintorescas qué he leído desde que Suárez está en el Poder.

Creo, de todas formas, que a £7 País, acaso demasiado obediente a los estados de humor reinantes en la

Moncloa, le han fallado los ajustes de la adjetivación.

¿Alguien puede considerar^atendible la historia de un complot con tan ambiciosos objetivos políticos,

cuando resulta que hasta el momento sólo han podido ser inculpadas, y no con toda certidumbre, muy

contadas personas? ¿Alguien puede presumir que realmente existía un complot de tal envergadura, si en

el propio instrumento de la pública denuncia, o sea, El País, se inserta una carta en que niega lo más

sustancial de la hipótesis el jefe de la unidad en que se decía que se descubrió todo?

Me hago todas estas preguntas después de un reiterado análisis del melodrama descrito por El País.

Y es preciso plantearlo así, pues nada resulta congruente en la descripción para quienes hayan estudiado

en con interés todo lo concerniente a los golpes de Estado antiguos y modernos, las técnicas utilizadas, las

situaciones exigibles en cada caso, etcétera. En vez de admitir la tesis que el órgano del consenso

pretende mantener, el lector avisado por el estudio de estas cuestiones concluye que de haber existido en

los teóricos inculpados esa intención golpista que se les atribuye, estaríamos ante un caso parecido al de

aquel magnífico y singular extremeño que con dos acompañantes se lanzó en barca, allá por los años

cuarenta, a la conquista de Gibraltar. desde una playa próxima.

Si del relato de El País se eliminan las truculencias y las babosas ambigüedades, «la más dramática noche

de cuantas vivió el Gobierno Suárez», podría reducirse a este suculento esqueleto: unos agentes de los

servicios secretos vecinos a la Presidencia del Gobierno se encuentran en una cafetería con algún que otro

compañero y sugieren la posibilidad de acabar de alguna manera con «esta situación insostenible» y con

lo que algunos llaman por ahí, acaso por mimetismo con cierta parecida situación extranjera, el «proceso

prostituyente» Sería esto lo que acaso los aludidos servicios conocieran ya, para entenderse, como

«operación Galaxia». Con la «operación Galaxia» debajo del brazo, algunos de los contertulios se

dedicaron a «sondear» en diversos centros y varios niveles. Pero según se desprende del relato de El País

de! número de los teóricamente encartados, las «consultas» concluyeron en un estrepitoso fracaso, que los

agentes comunicarían, sin duda, a sus servicios.

Para entonces, sin embargo,.el ambiente político estaba muy caldeado por el asesinato del magistrado

Matéu Cánoves y las circunstancias que concurrieron en su funeral. A ese clima tenso en los medios

gubernamentales, especialmente en ta Moncloa, se añadían otros factores: la situación inequívocamente

revolucionaria en las provincias vascongadas, que era preciso disimular de alguna manera, pues

confirmaba del todo las reservas crecientes del pueblo y sus instituciones básicas sobre la trampa de las

«nacionalidades»; el fiasco de cierta acción emprendida con el posible objetivo de provocar situaciones

de repudio o rechazo abierto en ciertos ámbitos profesionales; la presión virulenta de Múgica y Carrillo,

preocupados por el mal saldo de la manifestación det día 10; las crisis que se dejan ver en sus respectivos

partidos y el crecimiento de la reacción nacional; el descrédito internacional del Gobierno y el «proceso

democrático» y la naturaleza de ciertas sutiles «advertencias»; la gravísima entidad de la quiebra

económica... Era necesario, por consiguiente, encontrar un revulsivo.

¿Cómo no iba a existir nerviosismo en la Moncloa? Las noticias que los servicios de información habían

acumulado durante una mañana laboriosísima de echar el anzuelo en todas partes, debió ser infructuosa al

máximo, según se desprende del relato sinuoso y equívoco de El País. Apenas si se habría encontrado una

mínima percha sobre la que montar una suposición. Pero hete aquí que, ya avanzada la noche, llegan

dieciséis trenes militares y que unidades motorizadas se mueven en torno a Madrid. Alguien perdería los

nervios, pues debió sera raíz de esa espectacular procesión castrense cuando, nos cuenta El País que

«hubo momentos de extraordinaria confusión, porque, en un principio, nadie explicaba aquella presencia

atípica de una columna militar en Madrid y se supuso que, efectivamente, podía estar relacionada con el

complot». ¿Ustedes se imaginan la escena? Debió ser un espectáculo de comedia de Mihura aquel ir y

venir, aquellos sudores fríos, aquellas órdenes nerviosas de protección especial del Palacio y de toma de

posiciones por la Policía en todo Madrid. Pero aquellas unidades militares venían de unas tranquilas y

normales maniobrasen Astorgay avanzaban camino de los cuarteles y el reposo, ajenas al barullo político

de aquella hora «dramática»; ¿o sólo grotesca?

Estoy dispuesto a aceptar que hubo complot y desdecirme de todo lo escrito. Pero habrán de

demostrármelo. Mientras tanto, me asiste el derecho a deducir del confuso y pintoresco relato del órgano

oficioso de la Moncloa, que el miedo, el miedo múltiple y congénito, de una clase política incapaz e

inestable, hizo ver fantasmas donde acaso sólo hubiera el resultado mínimo de una provocación calculada.

Y a mi sensibilidad de español le hiere, de otra parte, este apresuramiento en una sospecha de complot,

cuya noticia sólo debe salir a la calle después de su comprobación judicial y en sus términos exactos.

Resulta que el pueblo piensa de distinta manera que El País y el 20-N fue una jornada formidable de

afirmación de los valores nacionales frente a los mecanismos de la disolución de España. Eso es lo que

cuenta.

Ismael MEDÍNA

 

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