Autor: Fontana, José María . 
   El mañana de las Autonomías     
 
 El Alcázar.    04/01/1978.  Páginas: 1. Párrafos: 17. 

EL MAÑANA DE LAS AUTONOMÍAS

Dejo a un lado toda mi indignación y mi dolor por cuanto ocurre, pretendiendo atisbar, objetivamente, en

el porvenir de losregímenes autonómicos.

Vamos a suponer que en unas regiones (o naciones) marchen las cosas con cierto orden y hasta con una

pizca de creatividad.

Mas es indiscutible que el sistema autonómico es caro y aun dispendioso: ministros, paramentos caseros y

enjambres de nuevos funcionarios Esto es inevitable y nadie osa discutirlo

¿Quién va a pagar todo? Pues el contribuyente de la respectiva regiona-lidad, quien, encima de sus

aportaciones al «Estado Español» —que no podrán disminuir—, habrá de subvenir los costes del sistema.

Supongo que no existirán ingenuos e indigentes que crean en las posibles aportaciones de la Hacienda

Pública del Estado: Aunque lo cierto es que nadie habló con claridad a !os afectados —como, por

ejemplo, ha hecho el Gobierno británico con los escoceses—.

Por otra parte, es evidente que las posibilidades de acción administrativa autónoma en las regiones son

limitadísimas, por no decir nulas, aun admitiendo una gestión impecable y genial: Que nadie espere allí

nuevos o mejores servicios públicos y obras...

Todo el mundo confía en conseguir maravillas con el dinero que le van a traspasar, pero nadie quiere

reconocer que el traspaso de recursos se corresponde con el de las consiguientes obligaciones ya

contraídas.

Osea, nada de nada. Y si algún recurso ocioso se produce tendrá que salir de los bolsillos de los

enardecidos contribuyentes autonomistas. ¡Menuda ducha de agua helada van a recibir cuando les digan:

si queréis autonomía, pagadla!

Por otra parte, es mucho suponer que sea honesta y eficaz la acción administrativa de las regiones

autonómicas Sin ir más lejos, la «Generali-tat» fue, hasta su desaparición en tiempo de los Borbones, que

nos libraron de ella, un foco de corrupción y negocios sucios, célebre en todo el Mediterráneo. Tampoco

las experiencias gallegas y andaluzas, caciquiles y opresoras siempre, son antecedentes alentadores. Sin

olvidar que el centralismo regional fue siempre mucho más cercano, incómodo y odioso que el madri

leño.

¿Qué pueden hacer y ofrecer fas nuevas banderas, teñidas de sectarismo? Yo noacierto a ver cantera, tajo

o posibilidad alguna.

Sólo podrán ocasionar decepción, vacio, enfrentamientos y radicalizaciones

Creo que esto está previsto y buscado por quienes mueven los hilos, pues saben perfectamente lo que va a

ocurrir en esta primera fase. El malestar, inevitable y provocado, hade proporcionar el paso a la segunda

fase o sea a la República Federal, de Estados soberanos, con sistemas educativos, Fuerzas Armadas y de

Orden Público, haciendas, etcétera, propias, salvándose sólo, quizá, la representación diplomática

conjunta en el Exterior. Con ello se llegaiá a las ansiadas taifas insolídarias de la disolución total, que

impulsa el deleznable socialismo de impronta andaluza, ruraí, mezquino, irresponsable, atrasado..., pero

netamente bolchevique.

Las autonomías no van a satisfacer un solo anhelo y reivindicación de las regiones que se han embarcado

en la ilusión autonomista No obtendrán nada positivo y amontonarán la negatividad. Producirán un

inmenso hastio, dañarán los desarrollos económicos alcanzados e impedirán los nuevos. Si la

Administración española no fue nunca excelsa ni genial, las regionales, a nivel y acción de cacique de

pueblo, se sentirán y recordarán como ejemplares del desastre.

Nos gustaría poder compartir el criterio de los corifeos gubernamentales que, aun con la boca pequeña,

dicen que todo es normal, que esto marcha y que pasado mañana seremos felices y comeremos perdices

democráticamente.

No es agradable prever la catástrofe, ni tener el penoso deber de anunciarla y advertirla, pasando por un

obseso y un nostálgico.

Uno tiene amigos en todos los campos políticos y no encontré una sola cabeza responsable y sensata que

no se reconociera preocupado, como mínimo, por la marcha desastrosa de la política autonomista, que lo

arriesga todo y no permite, razonablemente, esperar nada.

El pueblo quería descentralización y potenciación de las regiones y provincias, mas los políticos

democráticos, azuzados por las pequeñas turbinas de la subversión (URSS o USA), le han movilizado y

lanzado por la vía infecunda de los estatutos autonómicos que conducen, simplemente, al abismo.

Los políticos de la democracia: he aquí los culpables y responsables a quienes se debe emplazar, ya,

desde hoy.

José María FONTANA

 

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