Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   España, bajo los tiranuelos     
 
 El Alcázar.    03/01/1978.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

Crónica de España

ESPAÑA, BAJO LOS TIRANUELOS

USTEDES saben qué ha sido de los asesinos de Imaz? El Go-bierno tampoco. ¿Ustedes conocen el

paradero de los asesinos del concejal ¡ruñes? El Gobierno tampoco. ¿Ustedes tienen noticia de los autores

de los atentad os criminales cometidos por ETA y otras organizaciones terroristas y no sujetos a amnistía

formal? El Gobierno tampoco. Sí han sido hallados y el Gobierno ha aprehendido prestamente los

nombres y demás especificaciones, además de su envoltura carnal, de los autores de delitos políticos,

entre ellos el robo de unos pocos kilos de explosivos en Cuenca, atribuidos a un activismo derechista.

¿Es el Gobierno parcial? No pretendo insinuarlo. Me [imito a reproducir una pregunta que está en la calle,

incluso en forma de chiste. Ni tan siquiera me pronuncio. Sobre lo que inquieta al ciudadano,

corresponden las aclaraciones de Gobierno. Yo insinúo tan solo que los terroristas de izquierda, con una

sobrecarga de sangre a sus espaldas, son listísimos, mientras que los activistas de la ultraderecha,

estadísticamente mucho más modestos en sus acciones, son tontísimos. ¿Qué otra cosa cabe imaginar, si

los primeros se esfuman, salvo que ia Guardia Civil les pare a tiros, y los segundos son normalmente

detenidos?

Debo dar la razón a mis amigos primaveristas y admitir que, merced a la democratización, el horizonte

español se ha tornado color de rosa y que las cosas son como son y no corno las vemos los tildados de

catastrofistas. En efecto, los políticos de la situación son unas maravillas.

Les sucede lo que a los activistas de ETA: no fallan nunca. Ni tan siquiera cuando exaltan el terrorismo,

glorifican el separatismo, vulneran los reglamentos de prisiones, le hacen la peseta al derecho

constitucional vigente, se proclaman republicanos, favorecen la desmembración de la unidad nacional,

injurian al Jefe de Estado del que proviene la legitimidad de su mandato, etcétera.

Los políticos de la situación no se equivocan. Por lo visto, todas esas historias las inventamos ios

periodistas, insaciables devoradores de democracias. Los políticos de la situación son un ejemplo

inmarcesible. Los políticos de la situación no se equivocan nunca.

Una vez más me he ido por derroteros distintos a los que prentendía cuando me puse ante el teclado.

Mi intención era relatarles de qué artimañas se valió el Gobierno para suprimir, durante el anterior estadio

democrático, el Cuerpo de Carabineros. Prefiero, sin embargo, posponer a mejor ocasión determinados

análisis restrospectivos y aludir a otros ternas de actualidad.

Las justificacaiones historiográficas exhibidas para disimular ilegítimos autonomismos, nos conduce a

períodos muchos más distantes que la triste II República. Para envolver la decisión tiránica de restablecer

la Generalidad de Cataluña y hacer presidente-dictador de la misma al señor Tarradellas, se han aireado

títulos históricos que se remontan a los almogávares. Más lejos se ha ido en lo de Euskalduna, ahora

Euzkadi. pues, en eso del baskismo, las raíces se sumergen en los cementerios ignotos de la Atlántida, las

ramas vuelan hasta los espacios arios de la leyenda de Aitor y los marxistas pueden conducir la

fraternidad comunista, a través de los genes perdidos, hasta oscurísimas moradas de la Georgia

presoviética, no por ello menos dialécticamente vocada a la praxis comunista.

Cuando los políticos de la situación llegan a tan delirantes conclusiones descomponedoras de la unidad

nacional y de la entidad del Estado español, a nadie debe sorprender que, fantahistoria por Historia, los

navarros apelen con todas sus consecuencias a la legitimidad foral. Considero que la Diputación Foral de

Navarra está en lo justo cuando reclama para aquella tierra fundadora de la españolidad los supuestos

prístinos previos a la identificación nacional. Entiendo que lo único razonable propuesto en medio de la

locura autonomista, con tan procaz habilidad montada, es la exigencia razonable de la reintegración foral

plena de Navarra. Es natural que Navarra pretenda volver al régimen de virreinato, con sus propias y

soberanas Cortes, antes que convertirse gratuitamente en colonia de la República Popular de Euzkadi.

Pero no es sólo eso. Si no se quiere convertir la filosofía autonomista del Gobierno Suárez en el más

burdo y grosero de los sofismas políticos, será necesario dar ocasión a todos los territorios españoles a

retornar, bajo el reinado de don Juan Carlos I, a la situación que amparaba la unidad monárquica

sancionada por los Reyes Catílicos, suficientemente expresada en la relación de sus títulos, perfectamente

protocolizada: Reyes de Castilla, de León, de Aragón, de Granada, de Toledo, de Valencia, de Galicia, de

Mallorca, de Sevilla, de Córdoba, de Murcia, de Jaén, del Algarve, de Algeciras, de Gibraltar y de las

Islas Canarias; Condes de Barcelona; Señores de Vizcaya y de Molina; y Condes del Rosellón y de la

Cerdeña. Además de ello, los de Cuenca {y me supongo que los de Sepúlveda y Segovia, entre otros

territorios) exigimos el restablecimiento de nuestro Fuero, cabeza excelsa de una gran familia. A todos

nos dan la Historia y la democracia derecho a oportunidad autonomista y a decisión por referéndum.

¿O prefiere el Gobierno que el ejemplo de ETA cunda en toda España y las vocaciones ferales de cada

territorio con historia propia demostrable se pretenda reclamada mediante el retorno a la acción de las

viejas milicias mun icipales? Pues no en vano, una cosa ha quedado suficientemente en claro para todos

los españoles, a raíz del tristísimo espectáculo ofrecido por el Gobierno y los parlamentarios-objeto de

UCD en la noche del último viernes del año: el Gobierno Suárez cede bajo el miedo. El robo de mil

doscientos kilogramos de explosivo, la amenaza de nueva ola de violencia ETA y las manifestaciones

coactivas convocadas para el dia cuatro de enero, te hicieron caer en la más penosa de sus numerosas

humillaciones del Poder.

¿Una España democrática? Cualquier parecido de la actual situación política con la democracia es puro

espejismo. El autócrata señor Suárez ha repartido a diestro y siniestro parcelas de autocracia y patentes de

corso, hasta convertir a los parlamentarios elegidos el 15 de junio de 1977 en tiranuelos regionales, que

hacen y deshacen a su capricho el mapa de España y la entidad del Estado. ¿Cabe hablar de legalidad

cuando, además de la denuncia del ministro de Justicia, los oligarcas del parlamentarismo se instituyen en

brazos autónomos del ejecutivo para decidir aconstitucionalmente tantos y furibundos disparates?

La ctave de este inmenso desatino acaba de reiterarla Ignacio Sotelo en Diario 16. En un artículo-destape,

sobre el que habré de volver, concluye: «No basta con que el PSOE llegue al Gobierno. Es preciso,

además, que conquiste el Poder». En eso estamos. Avanzamos vertiginosamente en la consumación del

viejo sueño de todas las internacionales de común origen racionalista: destruir España.

Ismael MEDINA

 

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