Los escándalos financieros (y II). 
 Rentagracón y Sofico: La quiebra llegó tarde     
 
 Diario 16.    29/04/1977.  Página: 13. Páginas: 1. Párrafos: 21. 

Viernes 29 abril - 77/DIARIO 16

ECONOMÍA/13

Los escándalos financieros (y II)

Rentagracon y Sofico: La quiebra llegó tarde

MADRID, 29 (D16).—Los casos de Matesa, Reace, Sofico, Eurovosa, Rentagracon, Renban, etc.

salpicaron de corrupción los últimos años de vida del franquismo. Miles de ahorradores defraudados —

ellos se califican de estafados— por una corrupción que constituye el caldo de cultivo de muchos

negocios honorables siguen esperando Justicia.

Dos de los asuntos más espectaculares fueron los protagonizados por Rentagracon y Sofico. Estos dos

casos están nuevamente de actualidad porque el affaire nunca se ha terminado y porque ha saltado a la luz

una serie de procedimientos judiciales en curso.

Desde que el 28 de noviembre de 1974 un acreedor solicitó la quiebra de Sofico —tras varios meses en

que la famosa sociedad no podía pagar las rentabilidades prometidas—, en ambos casos se planteó la

disyuntiva entre la quiebra y la suspensión de pagos. La legislación española es claramente favorecedora

de la suspensión, pero en negocios de esta magnitud que traspasaban claramente el campo de la ley civil

para introducirse en lo penal (existe en Rentagracon y Sofico querellas criminales por estala) la

suspensión no era más que un parché que defraudaba las justas aspiraciones de los clientes y prolongaba

la vida cíe los negociadores.

En Sofico se presentaron unos balances que una simple ojeada de cualquier mínimo experto en

contabilidad les hacía caer por su base, pero cumplieron su misión. La quiebra no se produjo y los

responsables de Sofico pudieron seguir mangoneando en la sociedad. "Se han derrochado —ha dicho el

letrado Nicanor del Prado— miles de millones de pesetas en un procedimiento que ha terminado con los

efectos de la quiebra." En Sofico Renta se ha llegado a un convenio que ha sido propuesto por los

acreedores (tal como ocurre en la quiebra) y no por la empresa (caso de la suspensión de pagos). Y en

Sofico inversiones no habrá más remedio que declarar la quiebra. Pero se han desperdiciado dos años y se

han gastado millones a porrillo, millones que pertenecen a los miles y miles de inversionistas.

Rentagracón, quebrada

Tanto en el caso de Rentagracón como en el de Sofico se ha señalado que las vinculaciones con el poder

de los representantes de estas sociedades influían de alguna manera a la hora de huir de la quiebra, ya que

ésta supone el procesamiento penal de los administradores de la sociedad quebrada.

Por eso cuando hace unos días el Juzgado número, 5 de Madrid declaró la quiebra de Rentagracon —

conocida ya familiarmente como Rentaladrón entre sus partícipes— se dio un paso importante.

El juez ordenaba el arresto de los representantes legales de la empresa y su ingreso en prisión, salvo que

depositaran una fianza de 300.000 pesetas.

Rentagracon pidió la suspensión de pagos a mediados de 1975, tras varios meses en que sus 3.500

participes recibían toda clase de disculpas y de promesas porque no cobraban la rentabilidad prometida

(como en el caso de Sofico era del 12 por 100). Rentagracon formaba parte de un grupo dirigido por

Adolfo Rincón de Arellauo, alcalde que fue de Valencia y presidente de la Diputación de la misma

provincia, formado en su totalidad por ingenieros de Minas. Al grupo pertenece la empresa constructora

Agracón, S. A. y las sociedades el Encinar del Alberche y Parque María Luisa.

La mejor defensa

Dentro de los trámites de la suspensión de pagos, Rentagracon propuso un convenio que fue rechazado

por los acreedores, porque no se garantizaba que cobrasen el dinero invertido. Ellos querían el

procedimiento más rápido de la quiebra. En una circular enviada por la Asociación de cuentapartícipes se

dice textualmente:

"En el procedimiento de quiebra las ventajas que nosotros obtendríamos son las siguientes:

— La inhabilitación del Consejo de Administración de, Rentagracon, S. A., para administrar los

bienes propiedad de la misma (edificios, etc.).

— Anular todos los actos de dominio y administración de Rentagracon, S. A., posteriores al año 1974,

con lo que recuperaríamos bienes y dinero que Rentagracon, Sociedad Anónima, ha pasado a otras

empresas del grupo (Agracen, El Encinar del Alberche, etc.).

— Revocar toda donación o contrato celebrado en los años anteriores a la quiebra que haya hecho

Rentagracon, S. A., con cualquier persona o sociedad.

— Que se abra pieza de responsabilidad en la que se diluciden las responsabilidades criminales en la

quiebra de la sociedad.

No es real que esto suponga un retraso en el procedimiento para cobrar nuestros créditos; la batalla,

insistimos, es lenta, pero nuestro objetivo es el mismo siempre: cobrar el capital que invertimos más los

intereses, más las plusvalías, y hacia él vamos, por el camino más corto y más seguro, á pesar de las

dificultades y complejidades legales."

Es evidente que con la quiebra se hubieran arreglado muchas cosas. Entre ellas, la indefensión y la

indignación dé los inversores, testimonio de la cual es esta carta de uno de los cuentapartícipes de

Rentagracon.

Testimonio de un inversor

"Soy uno de los tantos miles de estafados por sociedades del gangsterismo inmobiliario, que en los

últimos años hicieron estrago del ahorro popular. Pertenezco a los cuentapartícipes de Rentagracon, S. A.,

que, debidamente autorizada por la DGPF (Ministerio de Hacienda) vendía al público los "últimos trozos

de la madrileña plaza de España", garantizando, como es natural, el 12 por 100 de intereses, capital y

plusvalía.

He perdido miserablemente todos los ahorros acumulados en más de treinta años de trabajo a costa de

grandes esfuerzos y constantes renuncias. Después de dos larguísimos años de pleitos, invocaciones,

asambleas, protestas, escritos, etcétera, el Estado, que en casos como el nuestro, debería de ser el garante

de los derechos ciudadanos, en lugar de defendernos, sigue actuando peor, que Poncip Pilato.

Don Adolfo Rincón de Arellano, ex alcalde de Valencia, procurador en Cortes y consejero nacional del

Movimiento por designación del general Franco, que es el presidente de Rentagracon, sigue disfrutando,

que es lo más grave, de tina impunidad absoluía, y sigue dilapidando nuestros ahorros sangrientos, como

si aquí no hubiera pasado nada. Días tras días, alternando propósitos de venganza y templado confianza

en la justicia que nunca llega, han transcurrido más de dos años y todo sigue igual.

Mientras tanto, los más anci anos cuentapartícipes, doblados por sus años e impotencia de luchar en

contra de una clase dirigente insensible, se mueren de asco, los más resistentes y decididos se enfrentan

con la pasividad y la apatía de nuestros poderes públicos sólo preocupados en sus luchas por la

conservación del poder.

Por un lado, hay la tolerancia y el caos judicial, y por otro, Rentagracon, con su Consejo de

Administración que, ea lugar de pagar las trampas, se dedican a ocultar un hecho primario que es éste.

Nosotros somos los embrollados y ellos los embrollones. Obstinarse a no reconocer con suficiente

claridad y decisión los derechos de tantas familias es simplemente deshonesto. Y entonces, ¿por qué

tantas indulgencias, divagaciones y piruletas en lugar de ir al grano y cerrar este infame capítulo que tanto

pánico y sufrimiento ha causado entre los modestos inversionistas privados? Los nuestros son derechos

irrenunciables que venimos reclamando desde hace años y que seguiremos reclamando hasta lograr el

éxito final.

 

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