Autor: Artís Tomás, Andrés Avelino (SEMPRONIO). 
   Al cabo de dos mil años, Barcelona da la razón a los romanos, que construyeron su puerto al otro lado de Montjuich  :   
 En el Salón Náutico de la Feria, el puerto de Barcelona hace una sensacional aparición. 
 Ya.     Páginas: 2. Párrafos: 35. 

AL CABO DE DOS MIL AÑOS .

Por Sempronlo

EN EL SALÓN NÁUTICO DE LA FERIA, EL PUERTO DE BARCELONA HACE UNA SENSACIONAL

APARICIÓN

AÑOS atrás se exponía en las Ferias de Muestras barcelonesas un diorama del

puerto. Era una visión escenográfica, algo asi como un juguete, a cuyo alrededor

se aglomeraban las muchedumbres que, ávidas de entretenimiento, visitan la

Feria.

La Feria de Barcelona, sin perder espectacularidad, ha ganado eficiencia. Me

parece un signo de su evolución el haber arrumbado aquel diorama recreativo y

que el puerto, en la "edición" presente del certamen; asome en una gigantesca

planimetría fotográfica y aérea, que es una incitación, un espolonazo a la

consciencia ciudadana.

Esta moderna irrupción del puerto en la Feria de Muestras ha sido motivada por

el Salón Náutico. Al lado de las embarcaciones de placer, junto a lo que

llamaríamos la náutica-diversión, la Junta de Obras y Servicios del Puerto de

Barcelona, invitada a hacer acto de presencia, ha tenido el acierto de pulsar la

cuerda grave, aunque también lírica, del futuro de Barcelona.

El día de la inauguración, apostado en el "stand", tuve el gusto de ver a don

Aurelio González Isla, ingeniero director del puerto. Señalando su planimetría,

me dijo:

—¡Quiero ver si prendo, la llama del entusiasmó en los barceloneses! ¡Vengara

preguntarles si se resignan "in aeternum" a un puerto mezquino, insuficiente; si

renuncian a la posibilidad de construir un puerto vivo y creador de riquezas,

capaz de transformar el porvenir de la ciudad!...

El señor González Isla es un hombre dinámico, que se expresa con comunicativo

optimismo. Desde su puesto ha emprendido la difícil tarea de modernizar nuestras

instalaciones portuarias al par que ampliarlas.

Labor ardua, forzosamente lenta por la tramitación y por la financiación. Y por

una serie de imponderables, con los cuales el actual director del puerto de

Barcelona se enfrenta gallardamente.

Por ejemplo, algo que parece un detalle, pero que. tiene grandísima importancia:

la edición y difusión de un folleto con el resumen dé las tarifas portuarias,

cuya nebulosidad era uno de los más graves defectos del puerto barcelonés. El

señor González Isla es partidario déla claridad y dé que cada palo aguante su

vela. Lo cual no deja de ser un símil náutico...

LA RAZÓN, A LOS ROMANOS

Ahora, al formular el anteproyecto de la extensión del puerto de Barcelona, el

señor González Isla´ ha redactado una especie de manifiesto a.la opinión. Sin

palabras, únicamente con líneas trazadas -sobre un plano fotográfico.

El actual puerto se le ha quedado estrecho a Barcelona.

—Cualquiera que en esta tem. porada se asome al rompeolas tiene muchas

probabilidades de contemplar hasta diez o doce barcos fondeados fuera del puerto

esperando turno de entrada—me explica el señor González Isla.

Los ocho kilómetros y pico de dársenas- son insuficientes. En la dirección del

puerto se hacen verdaderas filigranas sobre un plano cuando se trata de señalar

sitio para atracar a un buque que pide entrada. Procede calcularlo al

centímetro.

—Mientras, determinados puertos extranjeros se permiten el lujo de tener

numerados ios sitios para atracar. Al buque que LLéga le-eomunican un número

desocupado y listos.

Barcelona necesita muchas más dársenas, necesita ampliar el puerto, que lucha,

sobre todo, con su inadecuada situación.

El puerto está pegado a la ciudad, carece de "hinterland". Quien en día

laborable transita por la puerta de, la Paz, por el paseo de Colón o por la

plaza de Palacio se ve metido en un inextricable embrollo de tráfico. No hay

ordenador capaz de remediarlo.

La culpa recae en los barceloneses del medievo, que edificaron el puerto al pie

de sus viviendas, obedeciendo a un casero sentido -de los negocios. Los

comerciantes construyeron el puerto en la proximidad de sus palacios de las

calles de Montéala, de Basca, del barrio de Ribera, puesto que era la Lonja el

cerebro de la vida conmercial y maritima de la ciu dad, les pareció lógico

construir el espigón como quien dice a la puerta de la Lonja.

En el pecado llevaron la penitencia pues los temporales invernales destruian

completamente la obra, obligando a empezarla de nuevo. tras un siglo de vanos

intentos, un gran marino catalán, don juan de car-

dona levanto la voz para denunciar respetuosamente el error que suponia

construir el puerto donde se intentaba.Segun su opinion opinión, el lugar

propiado en San Beltran, al pie de Montjuich. Pero lo* ."conselleri" no le

hicieron caso.

Y todavía el denunciante pecaba de cortedad. El emplazamiento ideal era aún más

a poniente, al otro lado de Montjuich, donde lo tuvieron los romanos, abrigado

por la mole de la montaña y con posibilidades de extenderse por el delta del

Llobregat. El puerto debía haberse construido adentro, horadando y extrayendo

tierra.

Pues bien: en 1963, sin preocupaciones históricas, y mucho menos arqueológicas,

pensando únicamente en la mayor utilidad, don Aurelio González Jala. coincide

con los romanos. El nuevo puerto de Barcelona (o la extensión del antiguo, como

ustedes gusten) será a poniente dé Montjuich. En la planimetría de la Feria de

Muestras y en gruesos trazos amarillos aparecen señaladas sus dársenas sobre los

huertos del Llobregat, en una zona de más de mil hectáreas destinada a ser el

asiente? de la novísima Barcelona.

EL PUERTO, CREADOR

La idea-f uerza del señor González Isla, lo que infunde ribetes de

sensacíonalismo a su anteproyecto, es el pensamiento de qué un puerto no se

limita a servir a una ciudad, no es únicamente una célula subsidiaria suya, sino

que puede ser una entidad creadora, una célula matriz, diríamos.

Al cabo de dos mil años.

La desembocadura del Llobregat, poblada de dársenas, puede sen el asiento de la

futura ciudad industrial.

Al dorso del puerto actual no puede existir más ciudad que la que tenemos.

Incluso tal cual está; la misma es superior a su puerto, como antes hemos dicho.

Pero la distancia entre ambos acaso se colmaría con unas discretas obras de

ampliación portuaria.

Mientras, tras el puerto del Llobregat es-susceptible de surgir una segunda

Barcelona de infinitas posibilidades, una ciudad industrial y comercial llena de

factorías, de depósitos, de elementos de vida, comunicada directamente • con la

carretera de Valencia y con las líneas de ferrocarril.

—Es un llano hortícola, virgen de urbanización, que está en nuestras manos

moldear, de acuerdo con nuestros . deseos —manifiesta el autor del anteproyecto.

Pocas ciudades en el mundo se encuentran con tamaña oportunidad, con una zona de

expansión portuaria que. ofrezca tantas ventajas y que oponga menos obstáculos.

Entre las ventajas cuenta la de su ya añeja.destinación legal. Se trata de la

tan mentada zona franca de Barcelona, sin más virtualidad que encima del papel.

Por una serie de razones, la zona franca tarda en cobrar realidad. Muy pocas

industrias,, por no decir ninguna, se han acogido a su régimen. Los terrenos que

lo constituyen fueron cedidos en arriendo a campesinos, que siguen

cultivandolos.

¡Ah, qué distinto sería si la zona franca y el puerto de Barcelona formaran una

unidad! El régimen legal no cuenta, pues es a inventar. Las aguas portuarias, al

internarse en la zona, le llevarían riqueza y trabajo. En lo que ahora son

campos de alcachofas atracarían los buques. Y remontando el curso del Llobregat,

habría espacio más que suficiente para depósitos francos, para industrias, para,

refinerías de líquidos, para Incorporar"- cuantas Iniciativas pudieran surgir.

No es una utopía. Más de una firma internacional ha explorado ya los medios

portuarios, locales acerca de las posibilidades de instalar factorías junto al

mar. África es el continente del porvenir; todo el mundo hallase de acuerda

Barcelona, cara al continente negro, puede ser la catapulta de ese comercio. Y

la estación receptora. Pero el puerto actual, ahogado, por él caserío, no

da más de sí.

FLECHA AL, IDEAL

El gráfico ahora expuesto porla dirección del puerto podrá semejar un sueño.

Pero es indiscutible que la grandeza de Barcelona sigue los derroteros marcados

en la planimetría.

Estan en marcha las obras de prolongación del dique del .Este, popularmente

designado Rompeolas.

—Ea mil novecientos sesenta y cinco esperamos que esté terminada una longitud de

novecientos metros, que son los hasta ahora contratados—declara él señor

González Isla..

Cuatro años después es posible que concluya la obra en toda su extensión. Es el

primer paso para la construcción del gran puerto que ambicionamos; La

prolongación del dique del Este vendrá a aumentar la superficie abrigada

indispensable para la protección de nuevos muelles. La fase inmediata consiste

en la construcción de los mismos.

—Labor que llevamos a cabo simultáneamente con la de habilitar y poner .en

condiciones las líneas de atraque ya terminadas, al par que mejoramos las.

instalaciones existentes y rejuvenecemos la parte antigua—explica el ingeniero^

director del puerto.

Un puerto es un organismo vivo que exige • atención constante. Mucho más cuando

el tráfico se incrementa a ojos vistas. Durante el primer cuatrimestre dé 1963

el porcentaje medio de aumento ha sido de 17,7 en relación con los resultados

correspondientes al: año anterior. La progresiva liberalización de permisos de

importación es. la razón de tan extraordinario aumento.

Tras una larga etapa de pesimismo, es lícito bañarnos en las más rosadas

.esperanzas. Eso sí, a condición de no dormirnos. Hay que soñar, pero en estado

de vigilia, como hace el señor González Isla.

La prolongación del dique del Este se me antoja una flecha disparada "hacia el

ideal, tan bellamente pintado en la planimetría de la Feria de Maestras.

 

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