Respuesta al padre Arias en torno a la censura eclesiástica     
 
 ABC.    29/02/1964.  Página: 32. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. SÁBADO 29 DE FEBRERO DE 1964. EDICION DE LA MAÑANA.

PAG. 33

RESPUESTA AL PADRE ARIAS EN TORNO A LA CENSURA ECLESIÁSTICA

En la carta del padre Arias publicada el pasado día 16 en nuestras columnas se

afirmaba literalmente: "Capitalismo y comunismo son dos enemigos—al mismo nivel—

de la paz y de la felicidad de los hombres." Este era uno de los juicios que

nuestra nota de la Redacción consideraba no como "pura doctrina de la Iglesia",

sino sencillamente como una "opinión del padre Arias". La distinción nos pareció

obvia, pero no al referido sacerdote, que en una apostilla publicada en el

diario "Pueblo" hace las precisiones siguientes: a), que sus artículos van

"sancionados por dos censuras religiosas"; b), que ABC carece de censura

eclesiástica, y c), que si hubiésemos tenido censura eclesiástica no nos

habríamos atrevido a afirmar que algunas tesis del padre Arias eran "simples

teorías suyas". Analicemos cada uno de estos tres puntos.

Respecto a la primera cuestión resulta un poco imprecisa la expresión "dos

censuras eclesiásticas". Suponemos que el padre Arias se refiere a la obligación

que el canon 1.386 del Código vigente impone a todos los religiosos, la cual

consiste en que deben someter todos sus escritos para previa censura a su

superior y al ordinario local. Si de esto se trata nada nuevo se nos revela, ya

que el referido canon, bien conocido, lleva en vigor casi medio siglo y tiene

precedentes canónicos varias veces seculares. Ahora bien: el hecho de que un

texto haya sido visado por la censura eclesiástica no significa en modo alguno

que sea doctrina de la Iglesia. Y ello por las siguientes razones: a), porque

sólo el Pontífice cuando habla ex cathedra" es infalible, no los censores, por

altamente respetables que sean sus pareceres; b), porque hay numerosas

cuestiones doctrinales que la Iglesia ha dejado a las disputas de los hombres, y

sobre ellas se puede opinar de diferentes maneras incluso con la cen-´ surá

eclesiástica correspondiente, y c), porque de hecho podríamos citar numerosas

opiniones contradictorias todas ellas emitidas con -censura eclesiástica, y como

la Iglesia no se equivoca no se pueden considerar tales opiniones, a pesar de

haber merecido la autorización de publicación, como doctrina de la Iglesia Estos

son los motivos por los cuales entendemos que aunque los artículos del padre

Arias, hayan sido censurados, como en su caso es preceptivo, ello no significa

necesariamente que haya que acatarlos como estricta doctrina de la Iglesia;

antes al contrario, puede muy bien tratarse > de simples opiniones suyas.

Respecto al segundo punto es cierto que A B C no se somete diariamente a la

censura eclesiástica, entre otros motivos porque la Iglesia sólo exige esté

trámite a los seglares cuando escriben libros sobre aquellos temas a que se

refiere el canon 1.385 (Sagradas Escrituras, Teología; Dogmática, Eclesiología,

etcétera). No comprendemos, pues, por qué el padre Arias nos reprocha que no nos

sometamos a una censura a la cual no nos obliga ningún precepto ni del Estado ni

de la Iglesia.

Respecto al tercer punto señalaremos que el padre Arias comienza por atribuirnos

una expresión que no se encuentra en nuestras columnas: "teorías". Hay un error

en la cita: hemos escrito "opiniones del padre Arias", no "teorías". Es

importante tal salvedad, porque este último vocablo tiene un matiz irónico y en

cierto modo despectivo. Nada más lejos de nuestra intención. Pero entrando ya en

el fondo del asunto, el padre Arias sugiere que nuestra creencia de que su tesis

sobre el comunismo y el capitalismo no es doctrina de la Iglesia no habría sido

autorizada por. la censura eclesiástica (ver nuestra N. de la R.). Sinceramente

no lo estimamos así por las siguientes razones: a), el comunismo está condenado

en el "Syllabus" de Pío IX y en innumerables Encíclicas desde León XIII hasta

hoy; en cambio, el capitalismo no ha sido condenado, por lo que no pueden

colocarse ambas doctrinas al mismo nivel; b), el comunismo, según la Encíclica

de Pío IX "Dívini Redenmptoris" es "por naturaleza antirreligioso"; en cambio,

el capitalismo no lo es, por lo que no es correcto colocarlos al mismo nivel;

c), históricamente es evidente que el capitalismo ha conseguido elevar el nivel

de vida: en numerosos países; en cambio, el comunismo ha llevado tras el telón

de acero a auténticas catástrofes económicas, por lo que no cabe, pues,

situarlos al mismo nivel en lo que se refiere a la felicidad humana; d), el

comunismo es una concepción del mundo que supone una filosofía y una moral; en

cambio, el capitalismo es simplemente una doctrina económica, por lo que no se

puede poner al mismo nivel, y e), el comunismo es un concepto unívoco; en

cambio, el capitalismo es un vocablo de diversas significaciones, unas

peyorativas como las que le dio Marx y otras apologéticas como la que le da

Erhard, por lo que no cabe emplazarlas, al mismo nivel. En resumen, el hecho de

que los artículos del padre Arias hayan sido sometidos a una censura

eclesiástica, como es preceptivo, no significa que sean doctrina de la Iglesia.

Los originales de este periódico no suelen pasar por la censura eclesiástica

porque así lo permite a los seglares la legislación canónica en vigor. Y la

tesis del padre Arias sobre la colocación al mismo nivel del capitalismo y del

comunismo es una muy discutible opinión suya, no una doctrina de la Iglesia.

Dicho sea todo esto con el mayor respeto personal hacia el padre Arias y con

nuestra más filial sumisión a cuanto como sacerdote, y religioso representa.

Coincidimos en cambio con el padre Arias,como hemos repetido en todos los

momentos de nuestro diálogo con él, en que en modo alguno consideramos que el

capitalismo sea la doctrina de la Iglesia. Lo que ocurre es que la propiedad

privada de los bienes de producción es compatible con la moral católica. Y

evidentemente en este terreno de la propiedad y el uso de los capitales hay,

como en otros muchos, injusticias y abusos lamentables y condenables. Y

estaremos siempre contra los responsables en defensa de la equidad. Pero esta es

otra cuestión, porque como decía San Agustín una cosa es el "ius" y otra el

"usus"; una cosa es el principio y otra su aplicación.

N. de la B.—Para tranquilidad del padre Arlas nos consideramos obligados a

especificar que este editorial ha sido sometido a la autoridad eclesiástica.

Sometido y autorizado. ´

 

< Volver