El órgano del inmovilismo     
 
 ABC.    13/02/1964.  Página: 48. Páginas: 1. Párrafos: 17. 

ABC. JUEVES 15 DE FEBRERO DE 1964.

«EL ÓRGANO DEL INMOVILISMO»

En un reciente editorial de A B C titulado "La tierra es de quien la cultiva",

comentamos una frase que el padre Arias transcribía en un periódico de la tarde:

"El propietario de ese chalet tiene más de veinte taxis.

Es decir, vive a costa de veinte taxistas que se están gastando vivos para que

él disfrute como un raja."

Entre otras cosas decíamos en aquel comentario editorial:

"Porgue ¿qué es lo que pretende el padre Arias? ¿Mejorar la condición de los

taxistas? ¿Suprimir los taxistas? ¿Suprimir los propietarios de taxis?

Argumentemos un poco la primera de estas interrogantes.

No dudamos que por lo menos en esto hay un punto de coincidencia. A todos nos

parece deseable, y unos lo demuestran con hechos y otros con palabras, que todos

los españoles tengan el más alto nivel de vida posible. Y por eso apoyaremos

siempre con el mayor entusiasmo cuantas iniciativas tiendan a aumentar los

patrimonios individuales. Es decir, que el taxista posea un automóvil de su

propiedad; que el campesino posea una finca; que el comerciante, una tienda...,

y así sucesivamente, lo que, por cierto, ya acontece en gran medida. Pero una

cosa, es esto y otra muy distinta tesis de que no hay tenencia licita de los

bienes de producción nada más que para el que trabaja con ellos o, en Su

defecto, para el Estado.

Porque ¿qué ocurre, padre Arias, si el taxista que explota el automóvil que

conduce llega a la posibilidad de tener dos? ¿Y si acontece que puede tener

tres? El que esto sea reprobable es absolutamente indefendible, porque negaría

el derecho de propiedad, que es una consecuencia natural del derecho al trabajo

y al ahorro. Cada uno es dueño de su salario. Si los salarios son insuficientes,

el padre Arias nos encontrará siempre a su lado para abogar por una mas justa

retribución. Pero si aquel que lo percibe, en vez de invertirlo en bienes de

consumo, ahorra una parte y la invierte en una huerta, en un apartamento, en un

automóvil o en una máquina de coser, ¿por qué razón no ha de poder alquilarlos o

ponerlos en explotación contratando para ello personal asalariado, es decir,

brindando a otros la oportunidad de trabajar y de alcanzar por su trabajo una

justa retribución? El taxista que con el fruto de sus ahorros adquiere un

automóvil, lo lógico es que contrate un conductor para el turno de noche.

¿Quiérese decir con esto que se ha convertido en un explotador? Evidentemente,

no. Lo que si seria una explotación es privarle del fruto de su esfuerzo, poner

limites a su afán de progresar o impedirle que lo trasmita a sus hijos."

Con motivo de este editorial nuestro, del que hemos extraído la parte

fundamental, hemos recibido dos muy distintas comunicaciones: la primera de

ellas —admirable—nos llega del jefe del Subgrupo Sindical de Auto-Taxi. La

segunda nos la brinda, desde el diario "Arriba", Juan de Alcalá. He aquí la

primera:

"Muy señor mío: En el prestigioso diario de su digna dirección, y bajo el título

de "La tierra es de quien la cultiva", hemos podido leer un artículo que por su

Importancia y trascendencia, en lo que a este Gremio respecta, mucho agradecería

nos permitiera reproducir en nuestra revista "El Taxi Español", que modestamente

dirijo.

Al miamo tiempo quiero en nombre de esta clase trabajadora, bien sean autónomos

o empresas pequeñas o medianas, agradecer sinceramente la objetividad con que

contesta al reverendo padre Arias, al que también nosotros, un poco a nuestro

"estilo taxista", según recorte que le adjunto, y del que puede hacer el uso que

crea conveniente, nos permitimos contestar, ya que da la coincidencia de que el

propietario de ese "lujurioso" chalet es un hombre que, como usted muy bien

define, lo ha construido a costa de muchos sacrificios y honrado trabajo.

Sin más que reiterarle en nombre propio y en el de la clase que represento mi

más sincero agradecimiento, sabe dispone siempre de su affmo.—Firmado. Julián

Calderón Millán."

Por supuesto, puede la revista "El Taxi Español" reproducir íntegro nuestro

editorial. ABC acepta por contrapartida, hacer uso del excelente y justísimo

editorial de nuestro comunicante, publicado en dicha revista profesional, pues

su divulgación merece realmente la pena por lo que tiene de acicate y estímulo

para el trabajo y el trabajador. La parte que seleccionamos dice así:

"No podemos caer en la ingratitud de olvidar a estos otros trabajadores

autónomos, conductores de sus propios taxis, que sin más protección que su

esfuerzo lograron, tras muchas privaciones, comprar el taxi que hoy conducen,

sin concesiones de licencia ni facilidades de crédito. Ellos, explotándose a si

mismos, llegaron de trabajadores por cuenta ajena a trabajadores por cuenta

propia. ¿Verdad que también seria justo premiar la laboriosidad de esta clase y

tenerla en cuenta para sucesivos sorteos?

Por este mismo orden, también es justo reconocer el esfuerzo de los que,

empezando por lavar coches, se hicieron conductores a sueldo para emanciparse

después, convirtiéndose en autopatronos, y llegar, tras una dedicación especial

a esta Industria, a crear una empresa pequeña, mediana o grande, que explotan

legalmente y en la que mantienen con sus conductores unas magníficas relaciones

humanas.

No podemos juzgar por la apariencia y sacar de ella Inmediatas consecuencias.

pues cabe también que el magnífico chalet a que usted hace referencia y "los

árboles lujuriosos" de su jardín no hayan permitido ver el garaje, la estación

de gasolina y el taller donde un hombre forjado en el trabajo encierra sus taxis

y se preocupa de que cada día salgan en las mejores condiciones a prestar

servicio.

Cabe también suponer que el propietario de tal chalet sea, precisamente, el hijo

de un modesto cochero de Madrid que todo lo que heredó de su padre es el amor a

una profesión, gracias al cual, en los momentos difíciles, cuando sufríamos el

bloqueo de las llamadas naciones libres y no disponíamos de las elementales

materias primas, supo hacer andar sus coches sin cubiertas ni gasolina, llevando

a las principales ciudades de Europa el calor, la alegría y el patriotismo de

los Coros y Danzas de la Sección Femenina.

Honradamente, padre, he leído con agrado su artículo, por la finalidad que con

él persigue: pero también me he sentido deprimido y con una gran congoja

pensando que quizá el propietario del chalet a que usted alude, y le mostró el

conductor del taxi (también la envidia es pecado), sea, precisamente, quien, por

exceso de trabajo, sufre hoy una desviación de columna vertebral.

En nombre de los que, como este industrial, se consagran a tan penosa y digna

profesión, quiero también, utilizando sus mismas frases, poner las cosas claras

en defensa de la clase taxista, sin distinciones, deseando de corazón que cada

conductor pueda tener no sólo su coche en propiedad, sino que también llegue

algún día en el que dispongan de su propio hogar, complementado con un garaje

suficiente para que, aun en el descanso diarlo, puedan mantenerse como fieles

guardianes de lo que lograron alcanzar con tanto trabajo.

Perdón, padre, si con mi vehemencia o torpe expresión no he sabido reflejar mis

sentimientos, considerándome también conductor de esta industria del taxis,

integrada por hombres de buena voluntad, desde el más modesto a la más poderosa

empresa."

El texto que decimos haber recibido es el de nuestro dilecto Juan de Alcalá. ¿Y

qué dice Juan de Alcalá? Pues Juan de Alcalá dice:

"Como no podía por menos de suceder, el órgano del inmovilismo social ha

protestado enérgicamente de que alguien intente cambiar el "statu quo" que

permite a unas pocas familias y personas percibir beneficios que, en justicia,

no les pertenecen."

¡Dios nos valga ! ¿Cuándo hemos dicho tal cosa?

Las palabras de Juan de Alcalá son sencilla y puramente calumniosas.

 

< Volver