Misión y autoridad de los prelados     
 
 ABC.    02/07/1960.  Página: 26. Páginas: 1. Párrafos: 6. 

ABC. SÁBADO 2 DE JULIO DE 1960. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

PAG. 26

MISIÓN Y AUTORIDAD DE LOS PRELADOS

Recomendamos a la atención de nuestros lectores la inspiradísima homilía,

publicada en nuestro número de ayer, pronuncia da por el nuncio de Su Santidad,

monseñor Antoniutti, en la consagración

episcopal del doctor Cirarda, como auxiliar del cardenal arzobispo de Sevilla.

La solemne ceremonia, llena de magnificencia, se celebró en la iglesia Catedral

de Vitoria. El lugar, el impmento y el ser el doctor Cirarda el quincuagésimo

obispo ai cual confería monseñor Antoniutti la plenitud de la gracia sacerdotal,

prestaron : conmovedores acentos a la elocuencia apostólica del ilustre

consagrante.

Apoyándose en los inconmovibles y eternos pilares del Evangelio y en razones

irrefutables de la Historia dé la Iglesia, hizo la más perfecta y bella

exaltación de la dignidad episcopal y de quien la encarna, el obispo,

depositario de la doctrina y de la moral cuya custodia y defensa .Se le

encomienda para que cumpla su misión con intrepidez y sin debilidad, arrostrando

incluso el martirio si es menester; Monseñor Antoniutti recordaba de sus viajes

por diversos países las visitas y homenajes que tributó a las tumbas de obispos

mártires. Obispos misioneros asesinados en China, obispos albaneses caídos al

servicio de la Iglesia... ¡ Qué será hoy de sus tumbas perdidas en pueblos de fe

desolada, sumidos en la esclavitud, en el silencio y en las negruras , de la

incredulidad - o de la apostasía!... Cerraba el nuncio la relación de sus

recuerdos con la emocionante evocan ción de los doce prelados: españoles

torturados y sacrificados por la revolución sacrilega e impía, como la

calificaba el inolvidable cardenal Gomá. No todos los obispos son mártires,

afirmaba monseñor Antoniutti, pero todos deben sufrir "pruebas amargas,

dolorosas contradicciones, tristes adversidades e incomprensiones lamentables de

parte de muchos hijos, a la par que otros actúan indebidamente espiando sus

actos y proceden, con pasos dirigidos a perjudicar y comprometer a la Iglesia".

Pedía el orador a los fieles que nadie obstaculice la misión del obispo o

aumente sus dificultades por razones de orden contingenté o por fútiles

pretextos de carácter terreno" porque quien se opone al obispo se opone a

Cristo".

El clamor del nuncio de Su Santidad estaba impregnado de paternal solipitud, de

sincera y ardiente afecto, y fundado en sólidas razones de interés moral y

cristiano, y con sus palabras quería precaver a los fíeles contra la confusión y

el desorden propagados por ciertas doctrinas que despiertan perniciosas

ilusiones y arrebatan en sus vorágines a los incautos y a los propensos al

engaño.

En las palabras de monseñor Antoniutti creíamos percibir el eco de otros lejanos

llamamientos igualmente generosos y nobles. No debe ser desoída por los fieles

tan autorizada voz, y menos por quienes deben, considerarse obligados a

obediencia y disciplina dentro del serio de la Iglesia, puesto que tampoco

ignoran o no les es lícito desconocer las consecuencias desastrosas y trágicas

que se siguieron para los hogares, para la paz pública y para la religión por

desatención y menosprecio de aquellos paternales avisos y consejos. "Quien

dificulta la misión del obispo paraliza la obra de la Iglesia". Como también la

dificultan o esterilizan los que, ajenos al sentimiento de su dignidad

cristiana, secundan arteras maniobras contra el orden espiritual y social del

país.

La Iglesia, decía el nuncio de Su Santidad, "no es una institución política", y

su misión consiste "en continuar la obra dé la Redención y en aplicarla en todos

los campos..." Al expresarse así, el nuncio implícitamente llamaba a todos al

buen camino y requería a los más obligados a que se circunscriban a su misión

evangélica, como fieles hijos de la Iglesia, y al cumplimiento estricto de sus

deberes, que en pocas etapas de la Historia contemporánea pueden ser atendidos

como en la ocasión presente, dentro de un ambiente de paz, de respeto y

colaboración, condiciones ideales y anheladas por quienes dé. verdad sienten

celo apostólico.

 

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