Pleno extraordinario de las Cortes Españolas. Por una arrolladora mayoría (94,6 sobre los votos emitidos), SAR Don Juan Carlos de Borbón fue ayer proclamado Príncipe de España y sucesor, a título de Rey, en la Jefatura de Estado.. 
 Texto del mensaje leído personalmente por su excelencia el Jefe del Estado     
 
 ABC.    23/07/1969.  Página: 17-20. Páginas: 4. Párrafos: 26. 

ABC. MERCÓLES 23 DE JULIO BE 1969. EDICIÓN DE LA MAÑANA.

PAG. 18.

TEXTO DEL MENSAJE LEÍDO PERSONALMENTE POR SU EXCELENCIA EL JEFE DEL ESTADO

Ante las Cortes Españolas, reunidas ep Pleno extraordinario, el Jefe del Estado

ha pronunciado el siguiente discurso: Señores procuradores s

El Movimiento Nacional iniciad» en los, graves momentos en que estábamos

empeñados en ana dura guerra - para salvar a -la Patria toa demostrado, al

correr de estos treinta años, la capacidad creadora necesaria para encontrar las

soluciones más adecuadas a ía demanda ¿Se cada situación.

Durante este largo tiempo ha. seguido un .proceso constitucional abierto que se

inicia en 1938 con la promulgación de la Ley del Fuero del Trabajo, que

establece. los principios sociales y laborales y que se va continuando, con una

serie de seis leyes que, en base a sa elevado rango, toman la denominación de

fundamentales. Así surgieron ía Ley constitutiva de las Cortes, el Fuero de ios

Españoles, la Ley de Reférénduin Nacional, la de Sucesión en la Jefatura del

Estado, la de Principios del Movimiento y la Ley Orgánica del Estado.

Garantizada la perfección técnica y la oportunidad política de cada una de

ellas, con ocasión de la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, en la «rae se

regulaban cuestiones fundamentales para el futuro español y se establecía el

carácter fundamental de las leyes promulgadas con anterioridad, fue sometida a

Referéndum Nacional, que significó una ratificación a las normas de carácter

constitucional aparecidas en España hasta aquel momento. Un nuevo Referéndum en

diciembre de 1966 aprueba por una mayoría impresionante la Ley Orgánica del

Estado, que da confirmación definitiva a la Constitución española.

APERTURA DE LA CONSTITUCIÓN ESPAÑOLA

La apertura de la Constitución española y la posibilidad de completarse y

adaptarse a las exigencias de cada momento no afecta, sin embargo, a su

estabilidad o permanencia; por el contrario, nuestras leyes fundamentales tienen

vocación de, futuro al establecerse im cansino para derogarlas o modificarlas,

para lo que será necesario, además del acuerdo de las Cortes, el Referéndum

Nacional, csue imprime a las citadas leyes de una continuidad en el tiempo que

garantiza la eficacia coma elemento básico para el desarrollo ordenado fie la

convivencia social de los españoles.

El proceso de la unidad de mando, con atribución dé las respectivas competencias

a las más altas instituciones públicas, culminó en la Ley Orgánica del Estado,

respaldada por los votos de los españoles en el clamoroso Referéndum del 14 de

diciembre de 1968, convertida en Ley por mi sanción el 10 de enero de 198?.

Entre las normas y previsiones ejue en ella se establecen se encuentran acuellas

que afectan a ía sucesión en la Jefatura del Estado, siguiendo una línea

sostenida desde les primeros momentos de! Alzamiento Nacional: ya con ocasión

áel Decreto de Unificación de 19 de abril de 1937 se consideró la posibilidad,

cuando hubiéramos dad_o sima a ¡a ingente tarea de la reconstrucción espiritual

y material de España, y si las conveniencias políticas y los sentimientos del

país lo aconsejaban, de llegar a instaurar en la nación el régimen secular que

forjó su unidad y su grandeza histórica.

INEFICACIA DEL REGIMEN REPUBLICANO

El proceso era de una lógica abrumadora. La República, que va de abril de 1931 a

julio de 1936, compendiaba en sí todas las alteraciones, revoluciones, anarquía

y desenfreno de la etapa que le precedió.

En poco más de cineo años tuvo dos presidentes, dieciocho Gobiernos, una

Constitución constantemente suspendida, persecución religiosa perenne, incendios

dé conventos e iglesias, constantes movimientos de perturbación del orden

público, apertura al comunismo, intentos de separación de dos regiones; sucesos

que culminaron en el asesinato, por orden d_el propio Gobierno, áel jefe de la

oposición parlamentaria, señor Calvo Sotelo. E! balance no pudo ser más trágico.

Si la democracia inorgánica de los partidos políticas puede constituir para

oíros pueblos un sistema, si no de felicidad, a! menos llevadero, ya se vio por

dos veces en nuestra Historia lo que la República representó para nuestra

Patria. El mal no residía en sus hombres, sino en el sistema. Lo padeció nuestra

Monarquía, bajo el régimen parlamentario de democracia inorgánica, basado en los

partidos políticos, que la arrastró a sucumbir ante el simple hecho de unas

elecciones municipales en que se perdió la mayoría en las grandes ciudades. Ni

lo tradicional de la institución monárquica ni la existencia de una franca

mayoría, en la totalidad de los sufragios de la nación le permitieron superar el

hecho de la debilidad intrínseca a que había llegado la institución bajo e!

régimen de partidos.

LA LEY DE SUCESIÓN

No hay estabilidad sin la unidad en la asistencia pública. Los edificios se

levantan de abajo a arriba y no se comienzan por el tejado. Por eso, una vez

conseguida la firmeza de nuestras instituciones, éomo os afirmaba en mi mensaje

radiado del 31 de marzo de 1947, cuando nada podría destruir el edificio

levantado, ni poner en peligro lo a tanta costa alcanzado, envié a las Cortes

para vuestra deliberación la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, por la

cual el Estado español, de acuerdo con su tradición, se declaraba constituido en

Reino.

No se trataba de volver a lo arcaico y menos a lo pasado, sino el incorporar los

principios de nuestra tradición histórica, dándoles, plena movilidad y

continuidad, manteniendo a través de! tiempo, por el inevitable relevo de -las

personas, consecuencia de la condición mortal del ser humano, la trayectoria de

nuestra Movimiento, al cual dio vida y proyección hacia el futuro la sangre de

nuestra generación. En este oreen creo necesario recordaras que e! Reino que

nosotros, con el asentimiento de la Nación, hemos establecido, nada debe al

pasado; nace de asjuel acto decisivo del 18 de Julio, qne constituye un hecho

histórico trascendente que no,admite pactos ni condiciones. La forma política

del Estado nacional estableció en el principio séptimo de nuestro Movimiento,

refrendada unánimemente poir los españoles, es la Monarquía tradicional,

católica, social y representativa.

LA FUTURA MONARQUÍA

Alguna vez os he recordado que el argumenta que eontra nuestra estabilidad

política se esgrimí» por los enemigos de fuera,, secundados por algunos pobres

de espíritu de dentro, es el especular con la crisis del mañana en que pueda

faltar mi Capitanía. Para cuando ese día llegue, el hábito de ejercitar nuevos

reerasos de vida política y la existencia de un heredero ungido por las leyes

aclara para todos las cosas y facilita la superación de tal momento. Si en

nosotros alimentamos una fe y seguridad en nuestra obra, es porfíe creemos

contar con esas condiciones´previas necesarias a la continuidad y a la

estabilidad política.

La legitimidad de ejercicio constituye la base de la futura Monarquía, en que lo

importante no es la forma, sino precisamente el contenido.

Los principios del Movimiento Nacional, mantenidos de una manera permanente y

celosamente asistidos por los españoles, han, de tener, con el transcurso

natural del tiempo, una aplicación concreta, que a la ves será la prueba más

eficaz ante la conciencia universal de !a solidez de nuestras instituciones y de

la continuidad de aquel, que es el «oe verdaderamente, con el transcurso del

tiempo, se sucede a sí mismo.

El releve de !a Jefatura del Estado constituye un hecho normal impuesto por la

condición mortal cíe los hombres. Todo el armazón institucional permanece coa

idéntica capacidad creadora, ejerciendo sus.funciones los hombres que con

aptitud legal y reconocida lealtad sean los más capaces para desempeñarlas.

CLAMOROSO RESPALDO A LA LEY

La Ley de Sucesión de la Jefatura áel Estado establece en su artículo 6." que

"en cualquier momento el Jefe del Estado podrá proponer a las Cortes la persona

que estime deba ser llamada en su día para sácetele, a título de Rey o regente".

Esto, que fue promulgada hace más de veintiun años (el 26 de julio de 1947),

tras haber sido sometido a referéndum de la nacion y votado por el 83 por 100

del cuerpo electoral, «lie representó el 93 por 100 de los votantes, ha sido

ratificado unánimemente en el referéndum de 14 de diciembre de 1966, aue coa

ocasión de la Ley Orgánica del Estado puso de manifiesto la elamoresa adhesión

popular (85,5 por 100 del, cuerpo electoral, que representó el 95,86 por 100 de

les votantes) al conjunto de fes siete leyes fundamentales que integran nuestro

ordenamiento.

Con un intervalo de veinte años, practicamente dos generaciones sucesivas de

españoles, han sido consultados y han dado, casi unánimemente, la misma

respuesta. No cabe manifestación más terminante de la voluntad popular, en este

orden de la designación de sucesor de la Jefatura del Estado.

LA CRISIS SUCESORIA, DEFINmVAMENTE RESUELTA

Xa fórmula sucesoria que contiene el artículo 8.° de la Ley de Sucesión

constituye una fórmula supletoria para un caso de emergencia que, pese a todas

las cautelas establecidas, entraña evidentemente ana dilación en la resolución

de la crisis, que queda definitivamente resuelta haciendo uso del articulo 6."

de la Ley de Sucesión.

Es cierto que desde 1947, en que se promulgó la Ley de Sucesión, hubiera podido

hacerse, pero entonces no se había dado cima al proceso institucional y

determinado los deberes y facultades futuras del Jefe del Estado, ea materia tan

importante como la forma de designación del presidente del Gobierno y

señalamiento de sus atribuciones.

EL PRINCIPE DON JUAN CARLOS DE BORBON

En estos últimos años, con la Ley de Principios del Movimiento Nacional y ia Ley

Orgánica del Estado, se ha completado el proceso institucional y permitido

formar tin juicio exacto sobre las personas y las garantías de acierto para su

designación, Así como el transcurso de más tiempo, dada mi edad, no ofrecerá

ningún nuevo elemento de juicio que pudiera hacer cambiar mi decisión. A la hora

de decidir sobre tan importante ¡materia, considero que no debo esponer a la

nación a los azares y dilaciones que entraña la aplicación de la fórmula

supletoria establecida en el artículo 8° de la "Ley.

Así pues, consciente de mi responsabilidad ante Dios y ante la Historia, y

valorando, con toda objetividad, las condiciones que concurran ea la persona del

Príncipe Don Juan Carlos de Borbón y Borbón que, perteneciendo a la dinastía que

reinó en España durante varios siglos, ha dado claras muestras de lealtad a los

principíos e instilaciones del Régimen, se halla estrechamente vinculado a los

Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, en los cuales forjó su carácter, y al correr Se

los últimos veinte años fifi sido perfectamente preparado para "te alta misión a

que podía ser llamado y que, por otra parte, reúne las condiciones que determina

el artículo 11 de la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, he decidido

proponerlo a la nación como mi sucesor.

CONFLUENCIA DE LAS DOS RAMAS DINÁSTICAS

Esta designación se halla en todo conforme eoñ el carácter dé nuestra tradición,

gloriosamente representada en los bravos tachadores que durante un siglo se

mantuvieron firmes contra la decadencia liberal y frente a la disolución de

nuestra Patria por obra del marxismo; asegura la unidad y la permanencia de los

Principios del Movimiento Nacional, está en todo conforme con las normas y

previsiones de nuestras leyes y en su persona confluyen las dos ramas que en su

día determinaron las pugnas sucesorias del siglo pasado.

En resumen: el artículo primero de la ley de Sucesión establece que España, como

unidad política, es .un Estado catolico, social y representativo, y, fie acuerdo

coa su tradición, se declara constituido en Reíno; asimismo el artículo gesto

determina que en cualquier momento el Caudillo puede proponer a fes Cortes la

persona que estime debe ser llamada a sucederle, sin más condición qae ser de es

tirpe regia, varón, español, haber cumplido la edad de treinta años, profesar la

religión católica, poseer las cualidades necesarias para el desempeño de tan

alta mi» sión y jurar las Leyes Fundamentales, asi como lealtad a los Principios

que informan el Movimiento Nacional. Se trata, pues, de una instauración y no de

tina restauración, y sólo después de instaurada la Corona en la persona de un

Príncipe comienza el orden regiilar de secesión que se refiere en el artículo 11

de la misma, ley.

GARANTÍA DE CONTINUIDAD

CULMINADO a PROCESO INSTITUCIONAL, «ESTA DESIGNACIÓN ASEGURA LA UNIDAD Y LA

PERMANENCIA»

La resolución de este problema sucesorio queda en esta forma perfectamente

definida y clara, y dará, a tos de dentro lo mismo que a los de fuera, ana

garantía de continuidad, acabando definitivamente con las especulaciones

internas y externas y can los enredos políticos fie determinados grupos, al

tener el Príncipe un "status" que le define como heredero, que le permitirá

consolidar a mi lado su formación y perfeccionar el conocimiento de los

problemas nacionales.

Sobre mi persona pesa la responsabilidad histórica de impulsar desde la Jefatura

del Estado el robustecimiento y multiplicación de los frutos que ha producido el

Movimiento Nacional desde el 18 de Julio de 1936. Al mejor servicio de Dios y de

la Patria tengo consagrada mi vida, pero cuando por ley natural mi Capitanía

llegue a faltaros, lo que inexorablemente tiene que llegar, es aconsejable la

decisión

que hoy vamos a tomar, que contribuirá, en gran manera, a que todo quede atado y

bien atado para el futuro.

No quedará ya duda, vacilación, ni reserva mental posible, en el cumplimiento de

lo establecido en las Leyes Fundaméntate, en cuyo servicio damos este importante

paso, con la garantía de que lo mismo que ayer triunfamos en la guerra, nos

libramos de la conflagración mundial, resistimos la conjura internacional y

hemos lanzado al país por los mejores derroteros del progreso y de la justicia

social, se mantendrá en lo sucesivo la línea recta de nuestra marcha y las metas

de nuestras aplicaciones.

EL FUTURO, ASENTADO SOBRE LA ESTABILIDAD 0E LAS ÍNSTiTUCÍONES

Hemos creado un verdadero Estado de Derecho, con sentido de continuidad

histórica, de espíritu moderno, inspirado en los postulados de la justicia

social, y hemos asentado su futuro no sobre la vida de un hombre, sino sobre el

amor del pueblo y la estabilidad de sus instituciones. El desarrollo de la

acción sindical y el perfeccionamiento dé los órganos del Movimiento nos

permitirá el que su utilización se acompase al ritmo del mundo, que ya no

camtmt. hacia fórmulas viejas y caducas, sino de concepción nueva,

esperanzadoras y eficaces.

Hoy no se puede decir que las Monarquías representen al sector conservador de

los pueblos, pues si contemplamos las Monarquías de las distintas naciones del

norte europeo, tenemos que reconocer el progreso y la eficiencia social que

registran, a las que dio estabilidad y garantías de continuidad. Pero no tenemos

que ir a buscar fuera ejemplos de que lo trascendente de las instituciones no es

el nombre, sino el contenido; la Monarquía de los Beyes Católicos, que tantos

años de gloria dio a la nación, es un ejemplo perenne de su popularidad y de la

defensa constante de los derechos sociales de nuestro pueblo.

Estas son las razones por las que yo os pido vuestra aprobación a esta

propuesta, tpie supone el desarrollo normal de un proceso previsto en nuestras

leyes» en beneficio de la nación española, que robustecerá el principio de la

unidad que iniciamos un día con la unificación, que ha permitido afirmar en la

convivencia nacional los principios del Movimiento, que garantizan la.

continuidad del Régimen nacido el 18 de julio de 1936, en cuya legitimidad se

funda. Porque ba de quedar claro y bien entendido, ante los españoles de hoy y

ante las generaciones futuras, que esta Monarquía es la que con el asenso

clamoroso de la nación fue instaurada con la Ley de Sucesión, de 7 de julio de

1947, perfeccionada por la Ley Orgánica del Estado de 10 de enero de 1967;

Monarquía del Movimiento Nacional, continudora perenne de sus principios e

instituciones y de la gloriosa tradición española. Por ello, para cumplir las

previsiones sucesorias, se instaurará, en su día, la Corona en la persona que

hoy proponemos como sucesor, mediante la aprobación de la Ley a. que va a dar

lectura el señor presidente de las Cortes.

El «ilaius» que le define como heredero permitirá al Principe «consolidar a mi

lado si formación y perfeccionar el conocimiento da los problemas nacionales»

 

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