Discurso de Franco ante el Pleno de las Cortes. 
 La legitimidad de ejercicio constituye la base de la futura monarquía     
 
 Nuevo Diario.    23/07/1969.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 30. 

Discurso de Francoante el Pleno de las Cortes

"El relevo de la Jefatura Estado es un hecho nermal impuesto por la condición de

los hombres".

"El transcurso del tiempo, dada mi edad, no ofrecera ningun uevo elemento de

juicio pudiera hacer cambiar mi decisión"

“Se trata de una instauracion y no de una restauracion". El tener, el

Principe un Status´ que le define como heredero le permitirá consolidar a mi

lado su formacion"

MADRID, 22. — El Jefe del Estado llegó a las síete . de la tarde al Palacio de

las Cortes, acompañado de su presidente, señor Iturmendi. El automovil ocupado

por el Generalísimo iba escoltado por un escuadrón de caballería de la Guardia

de (Su Excelencia, El Jefe del Estado vestía uniforme de capitán general.

Al llegar a" la fachada principal dd Palacio de las Cortes, adornada con un

gran dosel en el que figuraba el escudo nacional, Franco fue recibido por el

ministro del Ejército., teniente general Menendez Tolosa. A los acordes del

himno nacional, el Jefe del Estado pasó revista a las fuerzas ´de las compañías

de armas del batallón de Infantería del Ministerio del Ejército, que le,

rindieron los honores militares de ordenanza.

Seguidamente Franco saludó a los miembros del Gobierna y penetró ´ en ei Palacio

de las Cortes.

A su. entrada en el hemiciclo fue recibido con aplausos y vítores. Abierta la

sesión, el Jefe del Estado leyó a los procuradores el siguiente discurso:

TEXTO DEL MENSAJE

Señores procuradores: _E1 Movimiento Nacional iniciado en los graves momentos en

que estábamos empeñados en, una dura guerra para salvar a la Patria, ha

demostrado al correr de estos treinta años la capacidad creadora necesaria para

encontrar las soluciones más adecuadas a la demanda de cada situación.

Durante este largo tiempo ha , seguido´ un proceso constitucional abierto, que

se inicia ea 1938 con la promulgación de la ley del Fuero del Trabajo, que

establece los principios sociales y laborales y que se va continuando con una

serie de seis leyes que, en base a su elevado rango, toman la denominación de

fundamentales. Así surgieron la ley Constitutiva de las Cortes, el Fuero de los

Españoles, la ley de Referéndum Nacional, la de Sucesión en la Jefatura del"

Estado, la de Principios del Movimiento y la ley Orgánica del Estado.

Oportunidad

Garantizada la perfección técnica y la oportunidad política de cada una de

ellas, con ocasión de la ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, en la que se

regulaban cuestiones fundamentales para el futuro español y sé establecía el

carácter fundamental de las leyes promulgad-as con anterioridad, fue sometida a

Referéndum Nacional, que significo una ratificación a las normas de carácter

constitucional aparecidas en España hasta aquel momento. Un nuevo Referéndum, ea

diciembre de 1966," aprueba por una mayoría impresionante la ley Orgánica del

Estado, qu« da confirmación definitíva a la Constitución española.

La apertura de la Constitución española y la* posibilidad de completarse y

adaptarse a las exigencias de cada momento, no afecta, sin embargo, a su

estabilidacl o permanencia; por oí contrario, nuestras leyes fundamentales

tienen vocacion de futuro, al establecer un camino para derogarlas o

modificarlas, para lo que será necesario, además del acuerdo de Jas Cortes, el

Referéndum Nacional, que imprime a las citadas leyes do una continuidad ert el

tiempo fine garantiza la eficacia como elemento básico para el desarrollo

ordenado de la convivencia social de los españoles.

Ley Orgánica

El proceso fie la unidad de mando con atribución lie las respectivas

competencias a las tnás altas instituciones públicas, culminó en la ley Orgánica

del Estado, respaldada por los votos de los españoles ea el clamoroso Referéndum

de] 14 de diciembre de 1966, c o n v ertida en ley por mi sanción, el 10 de

.enero de 1967. Entre las "normas y previsiones que en ella se establecen, se

encuentran aquéllas que aíeetan a la sucesión en la Jefatura del Estado,

siguiendo una línea sostenida desde los primeros momentos del Alzamiento

Naciónal: ya con ocasión del decreto de Unificación de 19 de abril de 1937, se

consideró la posibilidad cuando hubiéramos dado cima a la ingente tarea de la

reconstrucción espiritual y material de España, y si las conveniencias políticas

y lo» sentimientos del país lo aconsejaban, de llegar a i n s taurar en la

nación el régimen secular que forjó su unidad y su grandeza histórica.

Logica

El proceso era de una lógica abrumadora. La República, que va de abril de 1931 a

julio de 1936, compenchaba en si todas las alternativas, revoluciones, anarquias

y desentrenos de la etapa que le precedio. Eu poco más de «toco años tuvo dos

presidentes; dieciocho .gobiernos, una constitución constantemente suspendida,

persecución religiosa peremne incendios de conventos o iglesias, constantes

movimientos de perturbación del orden público, apertura al comunismo, intentos

de separación de dos regiones; sucesos que culminaran en el asesinato, por orden

del propio Gobierno, del jefe de la oposición parlamentaria, señor Calvo Sotelo.

El balance no pudo ser más trágico.

Si la democracia inorgánica de los partidos políticos puede constituir para

otros pueblos un sistema, si no de felicidad, al menos llevadero, ya se vio por

dos vece» en nuestra historia lo que la república represento para nuestra

Patria, El mal no residía en sus hombres, sino en el sistema. Lo padeció nuestra

Monarquía, bajo el regimen parlamentario d e democracia inorgánica, basado en

los partidos políticos, que la arrastró a sucumbir, ante el simple hecho de unas

elecciones municipales, en que se perdió la mayoría en las grandes ciudades. Ni

lo tradicional de Ja institución monárquica, ni la existencia de una tranca

mayoría en la totalidad de los sufragios de la nación le permitieron superar el

hecho de la debilidad intrínseca a que había llegado la institución bajo el

régimen de partidos.

Unidad

No hay estabilidad sin la unidad en ln asistencia publica. Los edificios se

levantan de abajo arriba y no se comienzan por el tejado. Por eso, una vez

conseguida la firmeza de nuestras instituciones, como os afirmaba en mi mensaje

radiado del 31 de marzo de 1967, cuando nadia podría destruir el edificio

levantado, ni poner en peligro lo a tanta costa alcanzado, envié a las Cortes

para vuestra deliberación la ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, por la

cual el Estado español, de acuerdo con su tradición, se declara constituido en

reino.

No se trataba de volver a lo arcaico y menos a lo pasado, sino el incorporar los

principios de nuestra tradición histórica, dándole plena movilidad y

continuidad, manteniendo a través del tiempo, por el inevitable relevo de las

personas, consecuencia de la condición mortal de] ser humano, la trayectoria de

nuestro Movimiento, al cual dio vida y proyección hacia el futuro la sangre de

nuestra generación.

18 de Julio

En este orden creo necesario recordaros que el Reino que nosotros, con eJ

asentimiento de la nación, hemos establecido, nada debe a! pasado: nace de aquel

acto decisivo del 18 de julio, que constituye un hecho histórico trascendente

que no admite pactos, ni condiciones. La forma política del estado nacional

establecida en el principio 7.° de nuestro Movimiento, refrendado unáiümem ente

por los españoles, es la Monarquía tradicional, católica, social y

representativa.

Alguna vez os he recor. dado que el argumento que contra nuestra estabilidad

política se esgrimía por los enemigos de fuera, secundados por algunos pobres de

espíritu de dentro, es el especular con la crisis del mañana ea que pueda faltar

mi Capitanía. Para cuando ese día llegue, e] hábito de ejercitar nuevos recursos

de vida política y la existencia de un heredero ungido por las leyes, aclara

para todos las cosas y facilita la superación de tal momento. Si en nosotros

alimentamos una fe y seguridad en nuestra obra, es porque creemos contar eou

esas condiciones pretinuidad y a la estabilidad vias necesarias a la

cinpolítica.

La legitimidad de ejercicio constituye la base de la futura Monarquía, fn que lo

imponíante no es la forma, sino precisamente el contenido. Los principios del

Movimiento Nacional, mantedos de una manera permanente y celosamente, asistidos

por los españoles, del de teher,. con el transcurso natural del tiempo, una

aplicación concreta, que a la vez será In pniova más eficaz ante la conciencia

universal de la solidez de nuestras instituciones y de la continuidad do aquél,

que es el que verdaderametite. con el transcurso del tiempo, se sucede a sí

mismo. El relevo de la Jefatura del Estado constituye un hecho normal impuesto

por la condición iiortal de los hombres. Tocio el armazón institucional

permanece can ídéntica capacidad creadora, ejerciendo sus funciones los hombres

que con aptitud legal y reconocida lealtad sean los más capaces para

desempeñarlas.

La ley de Sucesión de la Jefatura del Estado establece en su artículo sexto que

en cualquier momento el Jefe del Estado podrá proponer a las Cortes la persona

que estime deba ser llamada en su día para sucederle, a título de rey o regente.

Esto, que fue promulgado hace más de veintiún años (el 26 de julio de 1947),

tras haber sido sometido a referéndum de la nación y votado por ei 83 por 108

del cuerpo electoral, que representó el 93 por 100 de ios votantes, ha sido

ratificado unánimemente en el Referéndum de 14 de diciembre de 1966, que con

ocasión de la ley Orgánica del Estado puso de manifiesto ¡a clamorosa adhesión

popular (85,5 por 100 del cuerpo electoral, que representó el 95,86 por 100 de

los votantes) al conjunto de las siete 1eyes fundamentales que integran nuestro

ordenamiento.

Con un intervalo de veinte años, prácticamente dos generaciones sucesivas de

españoles, han sido consultados y han dado, casi unánimemente, la misma

respuesta. No cabe manifestación más, terminante de la voluntad popular, ea este

orden de la designación de sucesor en la Jefatura del Estado.

Sucesión

La fórmula suces o r i a que contiene el artículo 8.° de la ley de Sucesión,

constituye una fórmula suplet o r i a para un caso de emergencia que, pese a

todas las cautelas estable, cidas, entraña evide n t emente una dilación ea la

resolución de la crisis, que queda definitivamente resuelta haciendo uso del

artículo 6.° d« la ley de Sucesión.

Es cierto que desde 194´7, en que se promulgó la ley de Sucesión, hubiera podido

haocrso, pero entonces no ¡se había dado cima al proceso Institucional y de.

terminado los deberes y facultades futuras del Jefe del Estado, en. materia tan

importante como la forma de designación de] presidente del Gobierno y

señalamiento dp sus atribuciones.

Propuesta

En estos últimos años, con la ley de- Principios del Movimiento Nacional y

la ley Orgánica del Estado, se ha completado el proceso institucional y

permitido formar un juicio exacto sobre las personas y las garantías de

acierto para su designación. Así como el transcurso de más tiempo, dada mi

edad, no ofrecerá ningún nuevo elemento de juicio que pudiera hacer cambiar mi

decisión, A la hora de decidir sobre tan i m p orlante materia, considero que

no debo exponer a la nación a los azares y dilaciones que entraña la aplicación

de la fórmula supiementQria establecida en el artículo 8.° de la ley. Así

pues, consciente de mi responsabilidad ante Dios y ante la Historia, y

valorando´, con toda objetividad, las condiciones que concurren en la

persona del príncipe don Juan Carlos de BorBón y Borbón que, perteneciendo a

la dinastía que reinó en España durante varios siglos, lia dado claras

muestras de lealtad a los Principios e instituciones del Régimen, se halla -

estrecha m e nt e vinculado a los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire, en los

cuales forjó su carácter, y al correr de los últimos veinte años lia sido

perfectamente preparad o para la alta misión a que podía ser llamado y que,

por otra parte, reúne las condiciones que determina el artículo. 11 de la ley de

Sucesión en la Jefatura del Estado, he decidido proponerle a la nación como mi

sucesor.

Esta designación se halla en todo conforme con el carácter de nuestra tradición,

gloriosamente representada en los bravos luchadores que durante un siglo se

mantuvieron firmes contra la decadencia liberal y frente á la disolución de

nuestra Patria por obra del marxismo; asegura la unidad y la permanencia de los

Principios del Movimiento Nacional, está en todo conforme con las normas y

previsiones de nuestras leyes y en su persona confluyen las dos ramas que en su

día deterininaron las pugnas sucesorias del siglo pasado»

En resumen: El artículo 1.° de la ley de Sucesion establece que España, como

unidad política, es un Estado católico, social y representativo y de acuerdo con

su tradición se declara constituido en Reino;

asimismo el articulo 6º determina quy cu cualquier momento el Caudillo puede

proponer a las Cortes la persona que estime debe ser llamada a sucederle, sin

mas condicion que ser de estirpe regia, varon, español, haber cumplido la edad

de treinta años, procesar la religión católica, poseer las cualidades necesarias

parta el desempeño tic tan alta misión y jurar Jus Leyes Fundamentales, así como

lealtad a los Principios que informan el Movimiento Nacional. Se trata, pues, de

una instauración y no de una restauración, y sólo después de instaurada la

Corona en la persona de un príncipe comienza el orden regular de sucesión que se

refiere en. el articulo 11 de la misma ley

Claridad

La resolución de este problema sucesorio queda en esta forma perfectamente

definida y clara y dará, a los de dentro lo mismo que a los de fuera, una

garantía de continuidad, aca.bando definitivamente con .las especulaciones

internas y externas y cort los enredos políticos de determinados grupos, al

tener el príncipe un "status" que le define como heredero, que le permitirá

consolidar a mi iado su formación y perfeccionar el conocimiento de jos

problemas nacionales.

Sobre mi persona pesa la responsabilidad histórica de impulsar desde la Jefatura

deJ Estado el robustecimiento y multiplicación de los frutos que lia

producido el Movimiento Nacional desde el 18 de julio de 1936. Al mejor servicio

de Dios y de la Patria ten go consagrada mi vida, pero cuando por ley natura]

mi Capitanía llegue a faltaros, lo que inexorablemente tiene que llegar,

es aconsejable la decisión que hoy vamos a tomar, que contribuirá, en gran

manera, a que todo quede atado y bien atado para el futuro. No quedaré ya duda,

vacilación, ni reserva mental posible, en el cumplimiento de lo establecido en

las leyes Fundamentales, «n cuyo servicio damos este importante paso, con la

garantía de que lo mismo qu« ayer triunfamos en la guerra, nos libramos de la

conflagración mundial, resistimos la conjura internacional y,hemos lagadp al

país por los mejores derroteros del progreso y de la Justicia social, se

mantendrá en lo sucesivo la línea recta de nuestra marcha y las metas d

nuestras aspiraciones.

Hemos creado un verdadero Estado de Derecho, con sentido de continuidad

histórica, de espíritu moderno, inspirado en los postulados de la justicia so-

eial y hemos asentado su futuro no sobre la vida de

n n hombre, sino sobre el amor del pueblo y la estabilidad de sus instituciones.

El desarrollo de la acción sindical y el perfeccionamiento de los Órganos del

Movimiento nos permitirá el que -su utilización se acompase al ritmo del inundo,

que ya no camina Iiacia fórmulas viejas y caducas, sino de concepción nueva,

esperanzadoras y eficaces.

Hoy no se puede decir que las monarquías representen al sector conservador de

los pueblos, pues si contemplarnos las monarquías de las distintas accioaes del

norte europeo, tenemos que reconocer el progreso y la eficiencia social que

registran, a las que dio estabilidad y garantías de continuidad. Pero no tenemos

que ir a buscar fuera ejemplos de que lo trascendente de las instituciones no es

el nombre, sino el contenido: la Monarquía de los Reyes Católicos, que tantos

años de gloria dio a Ja nación, es un ejemplo perenne de su popularidad y de la

defensa constante de los derechos sociales do nuestro pueblo.

Monarquía del Movimiento

Estas son las razones por las que yo os pido vuestra aprobación a

ésta propuesta, que • supone el desarrollo normal de un proceso previsto en

nuestras leyes, en beneficio de La nación española, que robusteceré el

principio de la unidad que iniciamos un día con la unificación, que ha

permitido afirmar en la convivencia nacional los Principios del Movimiento,

que garantizan la continuidad del Regimen nacido el 18 de julio de 1936, en

cuya legitimidad se funda. Porque ha de quedar claro y bien entendido, ante los

españoles de hoy y ante las generaciones futuras, que esta Monarquía es la que,

con el asenso clamoroso de la nación, fue instaurada con la" ley de

Sucesión de 7 de julio de 1947, perfeccionada por la ley Orgánica del

Estado de 10 de enero de 1967 Monarquía del Movimiento Nacional,

continuadora perenne de sus principios e instituciones y de la gloriosa

tradición española.

Por ello, para cumplir las previsiones sucesorias, se instaurará, en su día, la

Corona en la persona que hoy proponemos como sucesor» medíante la aprobación

de la ley a que va a dar lectura el señor presidente de las Cortes.

 

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