Discurso del Jefe del Estado     
 
 Madrid.    23/07/1969.  Página: 9. Páginas: 1. Párrafos: 25. 

DISCURSO DEL JEFE DEL ESTADO

MADRID 23 DE JULIO DE 1969

"Señores procuradores: El Movimiento Nacional, iniciado en los graves momentos

ei. que estábamos empeñados en una dura guerra para .salvar a la Patria, ha

demostrado al correr de estos treinta años la capacidad creadora necesaria para

encontrar las soluciones más adecuadas a la demanda de cada situación.

Durante este largo tiempo ha seguido un proceso constitucional abierto, que se

inicia en 1938 con la promulgación de la ley del Fuero del Trabajo, que

establece los principios sociales y laborales, y que se va continuando con una

serie de seis Leyes que, en base a su elevado rango, toman la denominación de

Fundamentales. Así surgieron la ley constitutiva de las Cortes, el Fuere de los

Españoles, la ley del Referéndum Nacional, la de Sucesión en la Jefatura del

Estado, la de Principios del Movimiento y la Ley Orgánica del Estado.

Garantizada la perfección técnica y la oportunidad política de cada una de

ellas,.con ocasión de la Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, en la que se

regulaban cuestiones fundaméntale* para el futuro español y se establecía el

carácter fundamental de las Leves promulgadas con anterioridad, fue sometido a

referéndum nacional, que significó una ratificación a las normas de carácter

constitucional aparecidas en España hasta aquel momento. Un nuevo referéndum en

diciembre de 196(5 aprueba por una mayoría impresionante la Ley Orgánica del

Estado, que´da confirmación definitiva a la Constitución española.

La apertura de la Constitución española y la posibilidad de completarse y

adaptarse a las exigencias de cada momento no afecta, sin embargo, a su

estabilidad o permanencia. Por el contrario, nuestras Leyes.

Fundamentales tienen vocación de futuro al establecerse un camino para

derogarlas o modificarlas, para

lo que será necesario, además del acuerdo de las Cortes, el referéndum nacional,

que imprime a las citadas Leyes de una continuidad en el tiempo que garantiza la

eficacia como elemento básico para el desarrollo ordenado de la convivencia

social de los españoles.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS

El proceso de la unidad de mando con atribución de las respectivas competencias

a las más altas instituciones públicas culminó en la Ley Orgánica del Estado,

respaldada por los>votos de los españoles en el clamoroso referéndum del 14 de

diciembre de 1966, convertida en Ley por mi sanción el 10 de enero de 1967.

Entre las normas y previsiones que en ella se establecen se encuentran aquellas

que afectan a la sucesión en la Jefatura del Estado, siguiendo una línea

sostenida desde los primeros momentos del Alzamiento Nacional: ya con ocasión

del decreto de unificación de 19 de abril de 1937 se consideró la posibilidad,

cuando hubiéramos dado cima a la Ingente tarea de la reconstrucción espiritual y

material de España, y si las conveniencias políticas y los sentimientos del país

lo aconsejaban, de llegar a instaurar en la nación el régimen secular que forjó

su unidad y su grandeza histórica.

El proceso era de una lógica abrumadora. La República, que va de abril de 1931 a

julio de 1936, compendiaba en si todas las-alteraciones, revoluciones, anarquía

y desenfreno de la etapa que le precedió.

En poco mas de cinco años tuvo dos Presidentes, dieciocho Gobiernos, una

Constitución constantemente suspendida, persecución religiosa perenne, incendios

de conventos e iglesias, constantes movimientos de perturbación del orden públi.

co, apertura al comunismo, intentos de separación de dos regiones; sucesos que

culminaron en el asesinato, por orden del propio Gobierno, del Jefe de la

oposición parlamentaria, señor Calvo Sótelo. El balance no pudo ser más trágico.

PARTIDOS POLÍTICOS

Si la democracia inorgánica de los partidos políticos puede constituir para

otros pueblos un sistema, si no de felicidad, al menos llevadero, ya se vio por

dos veces en nuestra Historia lo que la República representó para nuestra

Patria. El mal no residía en sus hombres, sino en el sistema. Lo padeció nuestra

Monarquía bajo el régimen parlamentario de democracia inorgánica, basado en los

partidos políticos, que la arrastró a sucumbir ante el simple hecho de unas

elecciones municipales, en que se perdió la mayoría en las grandes ciudades. Ni

lo tradicional de la Institución monárquica ni la existencia de una franca

mayoría en la totalidad de los sufragios de la nación le permitieron superar el

hecho de la debilidad intrínseca a que habla llegado la institución bajo el

régimen de partidos.

No hay estabilidad sin la unidad en la asistencia pública. Los edificios se

levantan de abajo´ arriba y no se comienzan por el tejado. Por eso, una vez

conseguida la firmeza de nuestras instituciones, como os afirmaba en mi mensaje

radiado de 31 de marzo de 1947, cuando nada podría destruir el edificio

levantado ni poner en peligro lo a tanta costa alcanzado, envié a lat Cortes

para vuestra deliberación la

Ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, por. la cual el Estado español, de

acuerdo con su tradición, se declaraba constituido en Reino.

No se trataba de volver a lo arcaico, y menos a lo pasado, si. no el incorporar

los principios de nuestra. tradición histórica, dándoles plena movilidad y

continuidad, manteniendo a través del tiempo, por el inevitable relevo de las

personas, consecuencia de la condición mortal del ser humano, la trayectoria de

nuestro Movimiento, al cual dio vida y proyección hacia el futuro la sangre de

nuestra generación.

18 DE JULIO

En este orden creo necesario recordaros que el Reino que nosotros, con el

asentimiento de la nación, hemos establecido, nada debe´al pasado, Nace de aquel

acto decisivo del 18 de Julio, que constituye un hecho histórico trascendente

que no admite pactos ni condiciones. La forma política, del Estado nacional

establecida en el Principio séptimo de nuestro Movimiento, refrendada

unánimemente por los españoles, es la Monarquía tradicional, católica, social y

representativa.

Alguna vez os he recordado que el argumento que contra nuestra estabilidad

política se esgrimía por los enemigos de fuera, secundados por algunos pobres de

espíritu de dentro, es él especular con la crisis del mañana, en que pueda

faltar mi , capitanía. Para cuando ese día llegue, él hábito de ejercitar nuevos

recursos de vida política y la existencia denn heredero ungido por las leyes

aclara para todos las cosas y facilita la superación de tal momento. Si en

nosotros alimentamos una fe y seguridad era nuestra obr» es .porque creemos

contar con esas condiciones previas necesarias a la continuidad y a la

estabilidad política. La legitimidad de ejercicio constituye la base de la

futura Monarquía, en que lo importante no es la forma, sino precisamente el

contenido.

Los Principios del Movimiento Nacional, mantenidos de Una manera permanente y

celosamente asistidos por los españoles, han d« tener, con el transcurso

natural- del tiempo, una aplicación concreta, qué a la vez será la prueba más

eficaz ante la conciencia universal de la solidez de nuestras instituciones y de

la continuidad de aquél, que es el que verdaderamente, con el transcurso del

tiempo, se sucede a sí mismo.

El relevo de la Jefatura del Estado constituye un hecho normal impuesto por la

condición, mortal de los hombres. Todo el armazón institucional permanece con

idéntica capacidad creadora, ejerciendo sus funciones los hombres que con

aptitud .legal y reconocida lealtad sean los más capaces para desempeñarlas.

LA LEY DE SUCESIÓN

La Ley de Sucesión de la Jefatura del Estado establece en su articulo sexto que

"en cualquier momento el Jefe del Estado podrá pToponfer a las Cortes la persona

que estime deba ser llamada en su día para sucederle, a titulo de Rey o

regente". Esto, que fue promulgado hace más de veintiún años (el 28 de julio de

1947), tras haber sido sometido a referéndum de la nación y votado por el 83 por

100 del cuerpo electoral, que.representó el 93 por 100 de ios votantes, ha sido

ratificado unánimemente en el referéndum de 14 de diciembre de 1966, que con

ocasión de la Ley Orgánica del Estado puso de manifiesto la clamorosa adhesión

popular (85.5 por 100 del cuerpo electoral, que representó el 95,86 por 100 de

los votantes) al conjunto de las siete Leyes Fundamentales que integran nuestro

ordenamiento.

Con un intervalo de veinte años, prácticamente dos generaciones sucesivas de

españoles, han sido consultados y han dado casi unánimemente la misma respuesta.

No cabe manifestación más terminante de la voluntad popular en este orden de la

designación de sucesor en la Jefatura del Estado.

La fórmula sucesoria que contiene el artículo octavo de la Ley de Sucesión

constituye una fórmula supletoria para un caso de emergencia, que, pese a´todas

las cautelas establecidas, entraña evidentemente una dilación en la resolución

de la crisis, que queda definitivamente resuelta haciendo uso del artículo sexto

de la Ley de Sucesión.

Es cierto que desde 1947, en que se promulgó la Ley de Sucesión .hubiera podido

hacerse, pero entonces no se había dado cima al proceso institucional y

determinado los deberes y facultades futuras del Jefe del Estado, en materia tan

importante como la forma de designación del presidente del Gobierno y

señalamiento de sus atribuciones.

PROPUESTA DE SUCESOR

En estos últimos años, con la Ley de Principios del Movimiento Nacional y la Ley

Orgánica del Estado se ha completado el proceso institu. clonal y permitido

formar un juicio exacto sobre las personas y las garantías de acierto para su

designación. Así como el transcurso de más tiempo, dada mi edad, no ofrecerá

ningún nuevo elemento, de juicio que pudiera cambiar mi decisión, a la hora de

decidir sobre tan importante materia considero que no debo exponer a la nación a

los azares y dilaciones que entraña la aplicación de la fórmula supletoria

establecida en el artículo octavo de la Ley. Así, pues, consciente ´ de mi

responsabilidad ante Dios y ante la Historia, y valorando con toda objetividad

las condiciones que concurren en la persona del Príncipe don Juan Carlos de

Borbón y Bortón, que, perteneciendo a la dinastía que reinó en España durante

varios siglos, ha dado claras muestras de lealtad a los Principios e

instituciones del Régimen, se halla estrechamente vinculado a ios Ejércitos de

Tierra, Mar y Aire, en los cuales forjó su carácter, y al correr de los últimos

veinte años ha sido perfectamente preparado para la alta misión a que podía ser

llamado, y que, por otra parte, reúne las condiciones que determina el artículo

once de la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, he de. cidido proponerlo a

la nación como mi sucesor.

Esta designación se halla en todo conforme con el carácter de nuestra tradición,

gloriosamente representada en los bravos luchadores que durante un siglo se

mantuvieron firmes contra la decadencia liberal y frente a la disolución de

nuestra Patria por obra del marxismo; asegura la unidad y la permanencia de los

Principios del Movimiento Nacional, está en todo conforme con las normas y

previsiones de nuestras leyes y en su persona confluyen las dos ramas que en su

día determinaron las pugnas sucesorias del siglo pasado.

RESPONSABILIDAD HISTÓRICA

En resumen: el artículo primero de la Ley de Sucesión establece que España, como

unidad política, es un Estado católico, social y representativo y de acuerdo con

su tradición se declara constituido en Reino.

Asimismo el artículo sexto determina que en cualquier momento el Caudillo puede

proponer a las Cortes la persona que estime debe ser llamada a sucederle, sin

más condición que ser de estirpe regia, varón, español, haber cumplido la edad

de treinta años, profesar la religión católica, poseer las cualidades necesarias

para el desempeño de tan alta misión y jurar las Leyes Fundamentales, así como

lealtad a los Principios que informan el Movimiento Nacional. Se trata, pues, de

una instauración y no de una restauración, y sólo después de instaurada la

Corona en la persona de un Príncipe comienza la orden regular de sucesión que se

refiere en el articulo once de la misma Ley.

La resolución de este problema sucesorio queda en esta forma perfectamente

definida y clara, y dará, a los de dentro lo mismo que a los de fue. ra, una.

garantía de continuidad, acabando definitivamente con las especulaciones

internas y externas y con los enredos políticos de determinados grupos, al tener

el Príncipe un "status" que le define cómo, heredero, que le permitirá

consolidar a mi lado su formación y perfeccionar el conocimiento de los

problemas nacionales.

Sobre mi persona ´pesa la responsabilidad histórica de impulsar desde la

Jefatura del Estado el robustecimiento y multiplicación de los frutos que ha

producido el Movimiento Nacional desde el 18 de julio de 1936. Al mejor ser.

vicio de Dios y de la Patria tengo consagrada mí vida, pero cuando por ley

natural mi capitanía llegue a faltaros, lo que inexorablemente tiene que llegar,

es aconsejable la decisión que hoy vamos a tomar, que contribuirá en gran manera

a que todo quede atado y bien atado, para el futuro.

CONTINUIDAD

No quedará ya duda, vacilación ni reserva mental posible en el cumplimiento de

lo establecido en las Leyes Fundamentales, en cuyo servicio damos este

importante paso, con la garantía de que lo mismo que ayer triunfamos en la

guerra, nos libramos de la conflagración mundial, resistimos la conjura

internacional y hemos lanzado al país por los mejores derroteros del progreso y

de la justicia social, se mantendrá en lo sucesivo la línea recta de nuestra

marcha y las metas de nuestras aspiraciones.

Hemos creado un verdadero Estado de Derecho, con sentido de continuidad

histórica,- de espíritu moderno, inspirado en los postulados de la justicia

social, y hemos asentado su futuro no sobre la vida de un hombre, sino sobre el

amor del pueblo y la estabilidad de sus instituciones. El desarrollo de la

acción sindical y el perfeccionamiento de los órganos del Movimiento nos

permitirá el que su utilización se acompase al. ritmo del mundo, que ya no

camina hacia fórmulas viejas y caducas, sino de concepción nueva, esperanzadoras

y eficaces.

Hoy no se puede decir que las Monarquías representen al sector conservador de

los pueblos, pues si contemplamos las Monarquías de las distintas naciones del

Norte europeo tenemos que reconocer el progreso y la eficiencia social que

registran, a las que dio estabilidad y garantías de continuidad. Pero no tenemos

que ir a buscar fuera ejemplos de que lo trascendente de las instituciones no es

el nombre, sino el contenido. La Monarquía de los Reyes Católicos, que tantos

años de gloria dio a la nación, es Un ejemplo perenne de su popularidad y de la

defensa constante de los derechos sociales de nuestro pueblo:

EPILOGO

Estas son las razones por las que yo os pido vuestra aprobación & esta

propuesta, que supone él desarrollo normal de un proceso previsto en nuestra

Leyes, en beneficio de la nación española; que robustecerá el principio de la

unidad que ini-´ ciamos un día con la unificación, que ha permitido afirmar en

la convivencia nacional los Principios del Movimiento, que garantizan la

continuidad del Régimen nacido el 18 de julio de 1936, en cuya legitimidad se

funda. Porque ha de quedar claro y bien entendido, ante los españoles de hoy y

ante las generaciones futuras, que esta Monarquía es la que con el asenso

clamoroso de la nación fue instaurada con la Ley de Sucesión de 7 de. Julio de

1947, perfeccionada por la Ley

Orgánica del Estado de 10 de enero de 1967; Monarquía del Movimiento Nacional,

continuadora perenne de sus Principios e instituciones y de la gloriosa

tradición española. Por ello, para cumplir las previsiones sucesorias, se

instaurara, en su día, la Corona en la persona que hoy proponemos como sucesor,

mediante la aprobación de la Ley a que va a dar lectura el señor presidente de

las Cortes.

 

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