El Príncipe D. Juan Carlos de Borbón, sucesor del Jefe del Estado  :   
 Franco, al proponerlo a las Cortes, dice que se trata de una instauración y no de una restauración. 
 Ya.    23/07/1969.  Página: 12-13. Páginas: 2. Párrafos: 41. 

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INFORMACION NACIONAL

EL PRINCIPE D. JUAN CARLOS DE BORBON, SUCESOR DEL JEFE DEL ESTADO

EL REINO NO DEBE NADA AL PASADO

Franco, al proponerlo a las Cortes, dice que se trata de una instauración y no

de una restauración

A las siete de la tarde llega al palacio de las Cortes Españolas Su Excelencia

el Jefe del Estaño, que vestía uniforme de verano de capitán general del

Ejército; sobre el pecho, la banda y la gran cruz laureada de San

Fernando. Le acompañaba el presidente de las Cortes y del Consejo

del Reino, señor Iturmendi. Le escoltaba el escuadrón del regimiento de la

guardia de Su Excelencia. Desde el palacio de Oriente hasta el palacio de

las Cortes cubrían la carrera fuerzas de la, guarnición. Al descender

del automóvil Su Excelencia fue cumplimentado por e1 ministro del Ejército y

por el capitán general de la primera reglón militar, con quienes pasó revista a

una compañía del batallón del Ministerio del Ejército,. qua con bandera,

escuadra y banda da musica rindió honores. El numeroso público estacionado a

lo largo del recorrido, asi como en ventanas y balcones, acogió con vítores y

aplausos la presencia del Jefe del Estado.

Su Excelencia fue cumplimentado, al pie de las escaleras del palacio de las

Cortes, por el Gobierno en pleno, presidido por el- vicepresidente y mesa de las

Cortes. Precedido por maceros de las Cortes y de las citadas personalidades

penetró en el palacio, dirigiéndose directamente a ocupar la presidencia del

salón de sesiones. Al hacer su entrada en el hemiciclo, los procuradores,

puestos en pie, así como los representantes del Cuerpo diplomático y numerosos

invitados, que abarrotaban las tribunas, acogieron la presencia del Jefe del

Estado con una larga ovación. Hecho el silencio, Su Excelencia pronunció el s i

g u i e nte mensaje, que fue interrumpido con frecuencia por vítores, aplausos"

y ovaciones de los procuradores, puestos en pie.

Discurso del Jefe del Estado

Hecho el silencio, el Jefe de! Estado pronunció el siguiente discurso:

"Señores procuradores: El Movimiento Nacional, Iniciado en los graves momentos

en que estábamos empeñados en una dura guerra para salvar a la Patria, ha

demostrado al correr de estos treinta años la capacidad creadora necesaria para

encontrar las soluciones más adecuadas a la demanda de cada situación.

Durante este largo tiempo ha seguido un proceso constitucional Abierto, que se

inicia en 1938 con la promulgación de la ley del Fuero del Trabajo, que

establece los principios sociales y laborales, y que se va continuando con una

serie de seis leyes que, en base a su elevado rango toman la denominación de

fundamentales. As! surgieron la ley Constitutiva de las Cortes, el Fuero de los

Españolas, la ley de Refeténdum Nacional, la de Sucesión en la Jefatura del

Estado, la de Principios del Movimiento y la ley Orgánica del Estado.

Garantizada la perfección tecnica y la oportunidad política de cada una de ellas

con ocasión de la ley de Sucesión a, le Jefatura del Justado, en la que se

regulaban cuestiones fundamentales para el futuro español y se establecía el

carácter fundamental de las leyes promulgadas con Anterioridad, fue sometida. a

referéndum nacional, que significo una ratificación a las normas de carácter

connstitucional Aparecidas en España hasta aquel momento. Un nuevo referéndum en

diciembre de 1966 aprueba por una mayoría Impresionante la ley Orgánica del

Estado, que, da conformacion definitiva a la Constitucion española.

La apertura de la Constitución española y la posibilidad de completarse y

adaptarse a las exigencias de cada momento no afecta, sin embargo, a su

estabilidad o permanencia; por el contrario, nuestras leyes fundamentales tienen

vocación de futu.ro el establecerse un camino para, derogarlas o modificarlas,

para lo que será necesario, además del acuerdo de las Cortes, el referéndum

nacional, que imprime a las citadas leyes de una continuidad en el tiempo que

garantiza la eficacia como elemento básico para el desarrollo ordenado de la

convivencia social de ¡os españoles.

E51 proceso de ja unidad de mando, con atribución de las respectivas

competencias a las mas altas instituciones públicas, culminó en la ley Orgánica

dei Estado, respaldada por los votos de los españoles en el clamoroso referéndum

del 14 de diciembre de 1986, convertida en ley por mi «andón el 10 de enero de

1967. Entre las normas y previsiones que en ella se establecen sa encuentran

aquellas que afectan a la sucesión en la Jefatura del Estado, siguiendo una

línea sostenida desde los primeros momentos del Alzamiento nacional: ya con

ocasión del decreto de Unificación da 19 de abril de 1937 se consideró la

posibilidad, cuando hubiéramos dado cima a la ingente tarea de la reconstrucción

espiritual y material de España, y si fes conveniencias políticas y los

sentimientos del país lo aconsejaban, de llegar a Instaurar en la nación el

régimen secular que forjó su unidad y «u grandeza histórica.

EL BALANCE DE IA REPÚBLICA FUE TRÁGICO

El proceso era de una lógica abrumadora. La República, que ve. de abril de 1931

a julio de 1936,

compendiaba en sí todas las alteraciones, revoluciones, anarquía y desenfreno de

la etapa que le precedió.

En poco más de cinco años tuvo dos presidentes, dieciocho Gobiernos, una

Constitución constantemente suspendida, persecución religiosa perenne, incendios

de conventos e Iglesias, constantes movimientos de perturbación del orden

público, apertura al comunismo, intentos de separación de dos regiones; sucesos

que culminaron en el asesinato, por orden del propio Gobierno, del jefe de la

oposición parlamentaria, señor Calvo Sotelo. El balance no pudo ser más trágico.

Si la democracia inorgánica de los partidos políticos puede constituir para

otros pueblos un sistema, si no de felicidad, al menos llevadero, ya se vio por

dos veces en nuestra historia lo que la República r e p r e s entó para nuestra

Patria. El mal no residía en sus hombres, sino en el sistema. Lo padeció nuestra

monarquía, bajo el régimen parlamentario de democracia inorgánica, basado en los

partidos políticos, que ia arrastró a sucumbir., ante el simple hecho de unas

elecciones municipales, en que se perdió la mayoría en las grandes ciudades. Ni

lo tradicional de la institución monárquica, ni la existencia de una franca

mayoría en la totalidad de los sufragios de la nación, le permitieron superar el

hecho de la debilidad intrinseca a que había llegado la institución bajo el

régimen de partidos.

No hay estabilidad sin la unidad en la asistencia púíblica. Los edificios ee

levantan de abajo arriba y no se comienzan por e1 tejado. Por eso, una vez

conseguida la firmeza de nuestras instituciones, como os afirmaba en mi mensaje

radiado de 31 de marzo de 1947, cuando nada podría destruir el edificio

levantado, ni poner en peligro lo a tanta costa alcanzado, envié a tes Cortes

para vuestra deliberación la ley de Sucesión a la Jefatura del Estado, por la

cual el Estado español, de acuerdo con su tradición, se declaraba constituido en

reino.

No se trataba de volver a lo arcaico y menos a lo pasado, sino »¡ incorporar los

principios de nuestra tradición histórica, dándoles plena movilidad y

continuidad, manteniendo a través del tiempo, por el inevitable relevo de las

personas, consecuencia de la condición mortal del ser humano, la trayectoria de

nuestro Movimiento, al cuai dio vida y proyección hacia el futuro la sangre de

nuestra generación.

EL REINO NO DEBE NADA AL PASADO

En este orden oreo necesario recordaros que el reino que nosotros, con el

asentimiento de la nación, hemos establecido nada debe al pasado; nace de

aquel Reto decisivo del 18 de julio, que Constituye un hecho histórico

írasoendoiite que no admite pactos al condiciones. (Grandes aplausos.) la forma

política del Estaco nacional establecida en el principio séptimo de nuestro

Movimiento, refrendad» unánimemente por los españoles, ´es la monarquía

tradicional, católica, social y representativa. Alguna vez os he recordado que

e1 argumento que contra nuestra estabilidad política «e esgrimía por ios

enemigos de fuera, secundados por algunos pobres de espíritu de dentro, es al

especular con la crisis del mañana en que pmeda faltar mi capitanía. Para cuando

ese Aía llegue, ei hábito de ejercitar nuevos recursos de vida política y la

existencia de un heredero ungido por las leyes aclara para todos tes cosas y

facilita la superación d« tal momento. Si en nosotros alimentamos una

fe y seguridad «n nuestra .obra es porque creemos oontar con esas condicione»

previa* necesarias a la continuidad y a la estabilidad política. I» legitimidad

fte ejercicio constituye la base 4« la futura monarquía, en que lo

Importante no e» la forma, •ino precisamente el contenido

Los principios del Movimiento Nacional, mantenidos de una manera permanente y

celosamente asistido» por IOB españoles, han de tener, con «A transcurso natura]

del tiempo, una aplicación concreta, que de mucho mas

de la solidez de nuestras Instituciones y de ´la continuidad de aquél, que ee el

que verdaderamente, con el transcurso del tiempo, se sucede a BÍ mismo. El

relevo de la Jefatura del Estado constituye un hecho norma! impuesto por la

condición, mortal de los hombres. Todo el armazón institucional permanece con

Idéntica capacidad creadora, ejerciendo sus funciones los hombres quia con

aptitud legal y reconocida lealtad sean los más capaces para desempeñar,

La ley de Sucesión d« la Jefatura del Estado establece en «u artículo 6.a que

"en cualquier momento el Jefe del Estado podrá proponer a las Cortes la persona

que estime deba ser llamada en BU día para sucederle, a titulo da rey o regente"

Esto, que fue promulgado hace mas de veintiún años (el 26 de Julio de 1947),

tras haber gido sometido a referéndum de la nación y votado por el 83 por 100

del cuerpo electoral, que representó «1 83 por 100 de los votantes, ha sido

ratificado unánimemente en el referéndum de 14 de diciembre de 1966, que con

ocasión de la ley Orgánica del Estado puso de manifiesto la clamorosa adhesión

popular (85,5 por 100) del cuerpo electoral, que representó el 95,86 por 100 de

los votantes) al conjunto de las siete leyes fundamentales que Integran nuestro

ordenamiento.

EN VEINTE AÑOS HAN SIDO CONSULTADAS DOS GENERACIONES

Con un intervalo de veinte años, prácticamente dos generaciones sucesivas de

españoles han «ido consultadas y han dado cae! unánimemente la misma respuesta.

No cabe manifestacion mas terminante

de la voluntad popular en este orden de la designación de sucesor en la Jefatura

del Estado.

La fórmula sucesoria que contiene el artículo octavo de la ley de Sucesión

constituye una fórmula supletoria para un caso de emergencia que, pese a todas

las cautelas establecidas, entraña evidentemente una dilación en la resolución

de la crisis, qua queda definitivamente resuelta haciendo uso del artículo sexto

de la ley de Sucesión.

Es cierto que desde 1947, en que se promulgó la ley de Sucesión, hubiera podido

hacerse; pero entonces no se había dado cima al proceso institucional y

determinado los deberes y facultades futuras del Jefe del Estado en materia tan

importante como la forma de designación del presidente del Gobierno y

señalamiento de sus atribuciones.

PROPUESTA A FAVOR DEL PRINCIPE DON JUAN CARLOS DE BORBON

En estos últimos años, con la ley de Principios del Movimiento Nacional y la ley

Orgánica del Estado, se ha completado el proceso Institucional y permitido

formar un juicio exacto sobre las personas y las garantías de «cierto para su

designación. Así como el transcurso de más tiempo, dada mi edad, no ofrecerá

ningún nuevo elemento de juicio que pudiera hacer cambiar mi decisión. A la hora

de decidir sobre tan Importante materia, considero que no debo exponer a la

nación a los azares y dilaciones que entraña la aplicación de la fórmula

supletoria establecida en e1 artículo octavo de la, ley. Así, pues, consciente

de mi responsabilidad.

Ante Dios y ante la Historia, y valorando, con toda objetividad, tes

condiciones que concurren en la persona del príncipe don Juan Carlos de Borbón y

Borbón, que, perteneciendo a la dinastía que reinó en España durante varios

siglos, ha dado claras muestras de lealtad a los principios e instituciones del

Régimen, se halla estrechamente vinculado a los Ejércitos de Tierra, Mar y Abre,

en los cuaies forjó su carácter, y al correr de los últimos veinte años ha sido

perfectamente preparado para la alta misión a que podía ser llamado, y que, por

otra parte, reúne las condiciones que determina el artículo 11 de la ley de

Sucesión en la Jefatura del Estado, he decidido proponerlo a la, nación como mi

sucesor. (Grandes aplausos y aclamaciones al Caudillo.)

Esta designación se halla a´en todo conforme con el carácter de nuestra

tradición, gloriosamente representada en los bravos luchadores que durante un

siglo se mantuvieron firmes contra la decadencia liberal (Grandes aplausos y

vítores.) y frente a la disolución de nuestra Patria por obra del marxismo;

asegura la unidad y la permanencia de los principios del Movimiento nacional,

está en todo conforme con las normas y previsiones de nuestras leyes y en su

persona confluyen las dos ramas que en sa día determinaron la» pugnas sucesorias

del siglo pasado.

INSTAURACIÓN Y NO RESTAURACIÓN

En resumen: el artículo primero de la ley de Sucesión establece que España, como

unidad política, es un Estado católico, social y representativo, y de acuerdo

con su tradición se declara constítuiod en reino; asimismo, el artículo sexto

determina que en cualquier momento el Caudillo puede proponer a las Cortes la

persona que estime debe ser llamada a sucederle, sin • más condición que ser de

estirpe regia, varón, español, haber cumplido Ja edad de treinta años, profesar

la religión católica, poseer las cualidades necesarias para el desempeño de tan

alta misión y Jurar las leyes fundamentales, así como lealtad » los principios

que informan el Movimiento nacional. Se trata, pues, de una instauración y

no de ana restauración (Grandes aplausos y aclamaciones.), y sólo después

de intaurada la corona en la persona de un príncipe comienza el orden regular de

sucesión que se refiere en el artículo undécimo de la misma ley.

La resolución de este problema sucesorio queda en esta forma perfectamente

definida y clara y dará a los de dentro, lo mismo que a los de fuera, una

garantía de continuidad, acabando definitivamente con las especulaciones

internas y externas y con los enredos políticos de determinados grupos (Grandea

aplausos.) al tener el príncipe un "status" que le define como •heredero,

que le permitirá consolidar A mi lado su formación (Grandes aplausos y

aclamaciones.) y perfeccionar ei conocimiento de ]og problemas nacionales.

Sobre mi persona pesa la responsabilidad histórica de impulsar desde la Jefatura

del Estado el robustecimiento y multiplicación de los frutos que ha producido el

Movimiento nacional desde el 18 de julio de 1936. Al mejor servicio de Dios y de

la Patria tengo consagrada mi vida; pero cuando por ley natural mi capitanía

llegue a faltaros (Grandes aplausos.), lo que inexorablemente tiene que llegar,

es aconsejable la decisión que hoy vamos a tomar, que contribuirá en gran

manera, a que todo quede atado, y bien atado, para el futuro. (Grandes

aplausos.)

No quedará ya duda, vacilación, ni reserva mental posible, en el cumplimiento de

lo establecido en las leyes fundamentales, en cuiyo servicio damos este

importante paso, co-n la garantía de-que lo mismo que ayer triunfamos en la

guerra, nos libramos de la conflagración mundial (Grandes aplausos.),

resistirnos la conjura internacional y hemos lanzado al país por los mejores

derroteros de] progreso y de la justicia social, se mantendrá en lo sucesivo la

línea recta de nuestra marcha y las metas de nuestras aspiraciones.

Hemos creado un verdadero Estado de Derecho, con sentido de continuidad

histórica, de espíritu moderno, inspirado en los postulados de la justicia

social y hemos asentado su futuro no eoibre la vida de un homibre, sino sobre el

amor del pueblo y la estabilidad de BUS instituciones. El desarrollo de la

acción sindical y el perfeccionamiento de los órganos del Movimiento nos

permitirá el que «u utilización se acompase al ritmo del mundo, que ya no camina

hacia fórmulas viejas y caducas, sino de concepción nueva, esperanzado-ras y

eficaces.

No se puede decir que fas monarquías representan al sector conservador de los

pueblos

Hoy no se puede decir que las monarquía» representen al sector conservador de

los pueblos, pues ei contemplamos las monarquías de las distintas naciones del

norte europeo tenemos que reconocer «I progreso y la eficiencia social

que registran, a las que dio estabilidad y garantías de continuidad.

Pero no tenemos que ir a buscar fuera ejemplos de que lo trascendente de las

instituciones no es el nombre, sino el contenido, la, monarquía de los Reyes

Católicos, que tantos años de gloria dio & la nación, es un ejemplo perenne de

su popularidad y de la defensa constante de los derechos sociales de nuestro

pueblo. Estas son las razones por las que yo 03 pido (Grandes aplausos.)

vuestra aprobación a esta propuesta que supone al desarrollo normal

de un proceso previsto en nuestras leyes, en beneficio >3e la nación

española, que robustecerá el principio de la unidad que iniciamos un día con la

unificación, que ha permitido afirmar en la convivencia nacional los principios

del Movimiento, que garantizan la continuidad del régimen nacido »I 18 de

julio de 1936, en cuya legitimidad se funda.

Porque ha de quedar claro y bien entendido, ante los españoles de hoy y ante las

generaciones futuras, que esta monarquía es la que coa «1 asenso clamoroso de la

nación fue instaurada con la ley de Sucesión de 1 de julio de 1947,

perfeccionada por la ley Orgánica del Estado de 10 de enero de 1987; monarquía

dea Movimiento Nacional (Grandes aplausos y aclamaciones.), continuadora perenne

de sus principios e instituciones y de la gloriosa tradición española. Por ello,

para cumplir las previsiones sucesorias, se instaurará en su día la corona en la

persona que hoy proponemos como sucesor, mediante ¡a aprobación de la ley a que

va a dar lectura el señor presidente de latí Cortes." (Prolongados aplausos y

vítores de "iFranco! ¡Franco!")

El final de! discurso fue acogido con una larg-a ovación y vítores de Franco,

Franco, Franco.

Seguidamente, el presidente de las Cortes, señor Iturmendi, dio lectura al texto

de la ley, que publicamos en otro lugar de este número.

Tres escritos sobre procedimiento de la votación

Terminada la lectura, «1 presidente .de las Cortes (dijo que se habian

presentado tres escritos a la

presidencia de las Cortes pidiendo, el primero, que se votase la ley de forma

nominal y secreta, y otros dos, pidiendo votación nominal y pública. Como

primeros firmantes de los escritos figuran los señores Zubiaur Alegre y

cincuenta y cuatro firmas más, que solicitan la votacion nominal secreta, y los

seflores Romojaro Sanchez y cincuenta y nueve procuradores mas, y Serrat Urquiza

(don Salvador), y veintidós procuradores más que solicitan que la. votación osea

no minal y publica.

Esta presidencia no considerar aplicable la votación nominal secreta, ya que el

artículo 69, parrafo sexto, al que se acoge en la petición el señor Zublaur

Alegre, se refiere a los nombramientos que señala el propio reglamentó de las

Cortes, es decir, para los cargos de la Cámara: viCEPRESIDENTEs y secretarios.

Tampoco es aplicable en el presente caso, porque la condición de sucesor en la

Jefatura del Estado no es un cargo, sino una Institución fundamental que

requiere el rango de ley. Por consiguiente, se desestima la petición de la

votación nominal secreta, y se acepta la petición de votación nominal

publica, que requiere los requisitos reglamentarios. A continuación, el

presidente ordenó al secretario primero de las Cortes, señor Romojaro

Sánchez, que diece lectura al artículo 15 de la ley de Sucesión a la

Jefatura .del Estado que dice así:

Art. 13. Para la validez de los acuerdos de las Cortes a que esta ley se refiere

será preciso el voto favorable de los dos tercio» de los procuradores presentes,

que habrán de equivaler, por lo menos, a la mayoría absoluta del total de

procuradores.

Sin embargo, en los supuestos a que se refieren los artículos sexto (propuesta

del Jefe del Estado de la persona que habrá de sucederle) y octavo (elección del

sucesor cuando el Jefe del Estado no lo hubiera designado) de la presente ley,

de no alcanzarse en primera votación la mayoría de dos tercios, se procederá a

segunda y, en su caso, a tercera votación. En esta última, para la validez del

acuerdo bastará la mayoría de tres quintos, que habrán de equivaler, por lo

menos, a la mayoría absoluta.

La votación

A continuación, el presidente de las Cortes anuncia que en la votación que va a

efectuarse ningún procurador podrá ausentarse de la sala; al ser llamados por

orden alfabético, se levantarán y dirán "sí", "no" o "me abstengo". Anuncia que

el orden de la votación será el siguiente: primero, los miembros del Gobierno;

después, los presidentes d:e las distintas comisiones de las Cortes; a

continuación, los demás procuradores, y finalmente, la mesa de las Cortes.

El señor Romojaro Sánchez da lectura a la relación da los procuradores: el

primero que vota —son las ocho y cuarto de la tarde—es el vicepresiédnte de las

Cortes, almirante Carrero Blanco, que dice "si". El último en votar es el

presidente de las Cortes, señor Iturmendi, que dice "sí".

La votación da el siguiente resultado: número de procuradores presentes, 519 de

los 534 que integran la Cámara. Votaron "sí", 491 ( votaron "no", 19; se

abstuvieron, 9. Por tanto, anunció el secretarlo de la Cámara, la votación es

válida.

Franco proclama a su sucesor

Los procuradores, al conocer el resultado, se ponen en pie y aclaman al Jefe de]

Estado, excepto algunos procuradores que han dicho "no" a la ley. La aclamación

dura cerca de un minuto. El Jefe del Estado corresponde emocionado a Ja

aclamación. Hecho el silenció y sentados los procuradores, dice Su Excelencia:

"Queda aprobada la ley y proclamo sucesor para cuando queda vacante la Jefatura

del Estado´a su alteza real el príncipe don Juan Carlos de Borbón y Borbón. Se

suspende la sesión, que se reanudará mañana, a las diecinueve horas."

Su Excelencia abandona el salón en medio de una impresionante ovación y

aclamaciones, tanto por parte de los procuradores como del público qua asiste.

Ovación y aclamaciones que se repiten cuando sale del palacio de las Cortes, con

el mismo ceremonial que a su llegada. Acompañado del presidente de las Cortes y

rodeado el automóvil por el escuadrón de caballería del regimiento de su

´guardia personal, regresó a su residencia.

 

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