Ante el Pleno de las Cortes. 
 El Príncipe de España juró lealtad al Jefe del Estado y Leyes Fundamentales  :   
 Quiero para nuestro pueblo: progreso, desarrollo, unidad, justicia, libertad y grandeza, dijo Don Juan Carlos. Repetidas aclamaciones a Franco y al Príncipe. 
 Informaciones.    23/07/1969.  Página: 5. Páginas: 1. Párrafos: 30. 

Ante el Pleno de las Cortes

EL PRINCIPE DE ESPAÑA JURO LEALTAD AL JEFE DEL ESTADO Y LEYES FUNDAMENTALES.

«Quiero para nuestro pueblo: progreso, desarrollo, unidad, justicia, libertad y

grandeza», dijo Don Juan Carlos.

Repetidas aclamaciones a Franco y al Príncipe

MADRID.-~El Jefe del Estacto liego a.las Cortes a, las siete ,de la tarde,

acompañado .por el Príncipe de España, Don Juan Carlos de Borbón;

A los acordes del himno nacional y después de´ saludar a la bandera, Franco pasó

revista a las tropas del batallón del Ministerio del Ejército, que le rindió

honores de ordenanza. El Jefe del Estado vestía uniforme de capitán general, y

Don Juan Carlos el de capitán del Ejército de-Tierra.

Después .de saludar a los miembros del Gobierno, que se encontraban al píe de la

escalinata del palacio de las Cortes, Franco y el Principe de España penetraron

en eJ recinto.

Franco ocupó la presidencia, a su derecha se sentó don Antonio Iturmendi,

presidente de las Cortes, y a su izquierda ocupó un sillón Don Juan Carlos de

Borbón y Borbón.

Abierta la sesión por el Jefe del Estado, el secretario primero de las Cortes,

señor Romojaro, procedió a dar lectura al acta de lo acontecido por la mañana en

el Palacio de la Zarzuela. En algunos puntos de la lectura, ésta se interrumpió

por los aplausos y vítores, que Franco y Don Juan Carlos tuvieron que

agradecer puestos en pie. Inmediatamente después, el Príncipe pasó a la derecha

de la presidencia, donde, de rodillas, prestó juramento de lealtad al Jefe del

Estado y fidelidad a las Leyes Fundamentales.

El juramento le fue tomado por el presidente de las Cortes. Don Juan Carlos

pronunció el juramento de memoria. He aquí la formula: Presidente de las Cortes:

¿Juráis lealtad a Su Excelencia el Jefe del Estado y fidelidad a los Principios

del Movimiento Nacional y demás Leyes F u ti d a m entales del Reino?

Príncipe: Sí, juro lealtad a Su Excelencia el Jefe.del Estado y fidelidad a los

Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales del Reino.

Presidente de las .Cortes:. Si asi lo hiciereis, que Dios os lo premie, y si no,

os lo demande.

Terminado el juramento se produjo una prolongada y ensordecedora ovación.

Discurso

Franco anunció que el Príncipe de España dirigiría a continuación un mensaje a

las Cortes. El discurso, que Don Juan Carlos leyó con soltura y voz firme y

clara, fue interrumpido en varios momentos por los aplausos y las aclamaciones.

Este es el texto de la alocución del Príncipe:

MI GENERAL, SEÑORES MINISTROS, SEÑORES PROCURADORES:

Plenamente consciente de la responsabilidad que asumo, acabo de jurar, como

sucesor, a título de- Rey, lealtad a Su Excelencia el jefe del Estado y

fidelidad a los Principios del Movimiento Nacional y Leyes Fundamentales del

Reino.

Quiero expresar, en primer lugar, que recibo de Su Excelencia el Jefe del Estado

y Generalísimp Franco, la legitimidad política surgida el 18 de julio de 1936,

en medio de tantos sacrificios, de tantos sufrimientos, tristes, pero

necesarios, para que nuestra Patria encauzase de nuevo su destino. España, en

estos últimos años, ha recorrido un imp´orr tantísimo camino bajo la dirección

de Vuestra Excelencia. La paz que hemos vivido, los grandes progresos que en

todos los órdenes se han realizado, el establecimiento de los fundamentos de una

política social, son cimientos para nuestro futuro. El haber encontrado el

camino auténtico y el marcar la clara dirección de nuestro porvenir, son la obra

del hombre excepcional que España lis tenido la inmensa fortuna de que haya

sido, y siga siendo por muchos años, el rector de nuestra política.

Pertenezco, por línea directa, a la Casa Real Española, y, en mi familia, por

designios de la Providencia, se han unido las dos ramas. Confío en ser digno

continuador de quienes me precedieron.

Deseo servir a mi país ea cauce normal de la función pública y quiero para

nuestro pueblo: progreso, desarrollo, unidad, justicia, libertad y grandeza, y

esto sólo será posible si se mantiene, la paz interior. He de ser e] primer

servidor de la patria, en la tarea de que nuestra España sea un reino de

justicia y de paz. El concepto de justicia eg imprescindible para una

convivencia humana, cuyas tensiones sean solubles en; la ley, y se logren,

dentro de una coexistencia cívica en libertad y orden.

Ha sido preocupación fundamental de la política española en estos años, la

promoción del bienestar en el trabajo, pues no puede haber un pueblo grande y

unido sin solidaridad nacida de la justicia social. En este campo nunca nos

sentiremos satisfechos.

Las más puras esencias de nuestra gloriosa tradición deberán ser siempre

mantenidas, pero sin que el culto al pasado nos frene en la evolución de una

sociedad que se transforma con ritmo vertiginoso, en esta era apasionante en que

vivimos. La tradición no puede, ni debe, ser estática: hay que mejorar cada día.

Nuestra concepción cristiana de la vida, la dignidad de la persona humana como

portadora de valores eternos, son base y a la vez fines de la responsabilidad

del gobernante en los distintos niveles del mando,

Estoy muy cerca de la juventud. Admiro en ella, y comparto, su deseo de buscar

un mundo más auténtico y mejor, sé que en la rebeldía que a tantos preocupa está

viva la mejor generosidad de loü que quieren un futuro abierto, muchas veces con

sueños irrealizables, pero siempre con la noble aspiración de lo mejor para el

pueblo.

Tengo gran fe en los destinos de nuestra Patria. España será lo que todos y cada

uno de los españoles quera mos que sea, y estoy seguro de que alcanzará cuantas

metas se proponga, por altas que éstas sean,

La Monarquía puede y de. be ser un instrumento eficaz como sistema político sí

se sabe mantener un justo y verdadero equilibrio de poderes y se arraiga en la

vida auténtica del pueblo español.

A las Cortes Españolas, representación de nuestro pueblo y herederas de] mejor

espíritu de participación popular en el Gobierno, les expreso mi gratitud. El

juramento solemne ante vosotros de cumplir fielmente con mis deb e r e g

constitucionales es cuanto puedo hacer en esta hora de la historia de España.

Mi General: Desde que comencé mi aprendizaje de servicio a la Patria me he

comprometido a hacer del cumplimiento del deber una exigencia imperativa de

conciencia. A pesar de los grandes sacrificios que esta tarea pueda

proporcionarme, estoy seguro de que "mi pulso no temblará" para hacer cuanto

fuere preciso en defensa de los Principios y Leyes que acabo de jurar. ¡

En esta hora pido a Dios su ayuda, y no dudo que E] nos la concederá si, como

estoy seguro, con nuestra conducta y nuestro trabajo nos hacemos merecedores de

ella.»

Tras la ovación cerrada que subrayó el final del discurso del príncipe, dijo

Franco: "Hemos de agradecer las nobles, sentidas y expresivas palabras que

acabamos de escuchar a Su Alteza Real el Príncipe de España, Don Juan Carlos de

Borbón y Borbón, y felicitarnos de la proclamación por las Cortes Españolas de

su condición de sucesor en la Jefatura del Estado a título de Rey. y del

ofrecimiento de su entrega total´ al servicio de la Patria en su unidad,

grandeza y libertad."

Dicho esto, levantó la sesión.

Doña Sofía

Después de haber salido Franco y Don Juan Carlos del hemiciclo, los procuradores

se volvieron hacia el palco, donde se encontraba la Princesa doña Sofía, y le

tributaron una cariñosa ovación. Estos aplausos los repitió el pueblo de Madrid,

congregado en las inmediaciones de las Cortes, cuando doña Sofía y sus hijas

salieron en automóvil, por una puerta lateral del palacio, unos minutos antes de

que lo hicieran, por la principal, el Jefe del Estado y su sucesor.

A la salida de éstos, se reprodujeron los honores militares y las

manifestaciones de afecto del pueblo congregado en el itinerario.

 

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