Autor: Baró Quesada, José. 
 Catorce veces fue interrumpido el discurso de Su Alteza Real por los procuradores, que le aplaudieron con entusiasmo y puestos en pie. 
 Don Juan Carlos de Borbón fue investido ayer de su alta condición como Príncipe de España y sucesor, en su día, del Jefe del Estado a título de Rey  :   
 He de ser el primer servidor de la Patria en la tarea de que nuestra sea un reino de justicia y paz, dijo el Príncipe en el Parlamento. 
 ABC.    24/07/1969.  Página: 17,19. Páginas: 2. Párrafos: 10. 

EN SU DÍA, DEL JEFE DEL ESTADO A TITULO DE REY

Catorce veces fue interrumpido el discurso de Su Alteza Real por los

procuradores, que le aplaudieron con entusiasmo y puestos en pie.

«HE DE SER EL PRIMER SERVIDOR DE LA PATRIA EN LA TAREA DE QUE NUESTRA ESPAÑA SEA

UN REINO DE JUSTICIA Y DE PAZ», DIJO EL PRINCIPE EN EL PARLAMENTO

Madrid. (De nuestro redactor político, José Baró Quesada.) En la mañana de ayer

aceptó Don Juan Carlos, en el palacio de la Zarzuela, en presencia de Doña

Sofía, los Infantes y otros miembros de la Familia Real, y con asistencia del

presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, del vicepresidente del

Gobierno, el arzobispo de Madrid, los altos mandos militares regionales y

primeras autoridades, su designación como sucesor del Jefe del Estado a titulo

de Rey. Actuó, en calidad de notario mayor del Reino, el ministro de Justicia.

Firmada el acta y aceptada por el Príncipe la Corona de España para el día en

que se produzca la vacante en la máxima magistratura del país, pronunció unas

palabras el señor Iturmendi. El Príncipe contestó con otras y dijo: "Considero

que, en definitiva, se trata de obedecer un mandato de nuestro pueblo, expresado

en forma legítima y fehaciente a través de su representación genuina, que son

las Cortes Españolas."

La ceremonia, que duró media hora, se desarrolló en un ambiente de extremada

sencillez.

LA PRINCESA Y LAS INFANTAS, EN LAS CORTES

A las seis treinta y cinco de la tarde llegó la Princesa Doña Sofía, esposa del

Príncipe Don Juan Carlos, con sus hijas las Infantas Doña, Elena y Doña

Cristina. Los procuradores que ya empezaban a ocupar sus escaños se volvieron

hacia la tribuna de Su Alteza—la número tres, frente a la Presidencia—y

aplaudieron largamente. Doña Sofía correspondió levantándose y sonriendo. A su

derecha tomó asiento la esposa ¿el presidente de las Cortes y del Consejo del

Reino, señora de Iturmendi; a su izquierda, la del vicepresidente del Gobierno,

señora de Carrero Blanco, y don Alfonso de Barbón Dampierre. Cerca se situaron

,el Infante Don Luis Alfonso de Baviera y Borbón, gobernador militar de

Barcelona, doña Marisol de Baviera, don Gómala de Barbón Dampierre, las esposas

de los ministros y el secretario y los ayudantes militares y el jefe de la Casa

del Príncipe. Se hallaban alli también en ese momento don Sancho Dávila,

secretario de la Cámara, y don Jaime de Fox&. Faltaban pocos minutos Para que

Don Juan Carlos prestase juramento dé rigor y fuera investido de su alta

condición como Príncipe de España y futuro Rey.

Las tribunas públicas rebosaban su capacidad; en ellas se apiñaban materialmente

cerca, de cuatrocientas personas. En la del Cuerpo diplomático, con el nuncio de

Su Santidad el Papa a la cabeza, se hallaban, entre otros representantes

acreditados en Madrid, los embajadores de la Argentina, Colombia, Francia y

Alemania. Trajes de etiqueta y uniformes de gala en el salón de sesiones, que se

llenó de procuradores en seguida. El Consejo del Reino, con el arzobispo doctor

Cantero y los presidentes del Consejo de Estado y del Tribunal Supremo al

frente, estaba colocado en el centro del hemiciclo.

LLEGADA DEL CAUDILLO Y DEL PRINCIPE

Un toque de atención en la plaza de las Cortes anunció la Regada de Su

Excelencia el Jeje del Estado y de Su Alteza Real el Príncipe de España, que

venían juntos en el automóvil del Caudillo, escoltado por el Escuadrón de

Caballería del Regimiento de la Guardia, desde el Palacio Real de la plaza de

Oriente.

Franco vestía uniforme de capitán general, con la Cruz Laureada de San Fernando

;y las insignias de Jefe Nacional del Movimiento; Don Juan Carlos llevaba

uniforme de capitán del Arma de Infantería, con el Toisón de Oro de la Casa Real

Española, y la banda y la Gran Cruz de Carlos III. Rindió honores una compañía

del Batallón del Ministerio del Ejército. Tropas de la guarnición cubrían la

carrera desde Palacio. El pueblo madrileño aplaudió y vitoreó en la calle Mayor,

en la Puerta del Sol, en la plaza de Canalejas, en todos los lugares del

trayecto, al Jefe del Estado y al Príncipe, que, recibidos por él Gobierno y la

Mesa de las Cortes, subieron las escalinatas de la puerta principal del

Parlamento, mientras, vibraba en los aires la Marcha Real española. Al entrar en

el salón Su Excelencia y Su Alteza Real, los procuradores, los consejeros del

Reino y el público de las tribunas prorrumpieron en nutridos aplausos, puestos

todos de pie. El Caudillo y el Príncipe saludaron con inclinaciones de cabeza y

se sentaron en el estrado presidencial.

OVACIONES A FRANCO Y A DON JUAN CARLOS

. El Jefe del Estado abrió la sesión para el juramento de Don Juan Carlos como

Príncipe de España y futuro Rey de los españoles. Iturmendi anunció la lectura

del acta de aceptación, firmada en la mañana por el Príncipe, y de todo lo

desarrollado en dicha ceremonia. Durante esa lectura, a cargo del primer

secretario de las Cortes, señor Romojara, los procuradores ovacionaron a Franco

y tributaron grandes aplausos a varios párrafos del discurso que había

pronunciado el Príncipe en el palacio de la Zarzuela. Don Juan Carlos se levantó

para agradecer estas demostraciones a la Cámara y al Caudillo, que, puesto

también de pie, aplaudió igualmente a Su Alteza.

EL ACTO DE LA PROCLAMACIÓN Y LA JURA

Su Excelencia anunció que iba a precederse al acto de la jura. El Príncipe pasó

a la derecha del Generalísimo y de rodillas, con la man» derecha sobre los

Santos Evangelios, juró con voz clara, reposada y firme. Con la misma voz que

pronunció luego su discurso, interrumpido catorce veces con prolongadas

ovaciones de los procuradores, los consejeros y los ministros, de pie en cada

una de estas interrupciones cordialmente clamorosas. El Generalísimo aplaudió

igualmente a Su Alteza y le estrechó la mano. Antes de concederle la palabra

había dicho entré fervorosas muestras de entusiasmo: "Queda proclamado a título

de Bey, para la Jefatura del Estado en su día, el Príncipe Don Juan Carlos de

Sorben."

PALABRAS DEL JEFE DEL ESTADO Concluido el discurso-mensaje de Don Juan Carlos,

habló así el Caudillo: "Hemos de agradecer las nobles, sentidas y expresivas

palabras que acabamos de escuchar de Su Alteza Real el Príncipe Don Juan Carlos

de Borbón y Borbón, y felicitarnos de la proclamación por las Cortes Españolas

de su condición de sucesor en la Jefatura del Estado a título de Rey y del

ofrecimiento de su entrega total al servicio de la Patria en su unidad, grandeza

y libertad." Y levantó la sesión seguidamente. Eran las ocho y treinta y cinco.

Franco y el Príncipe abandonaron el salón, en medio de una nueva explosión de

cariñosas manifestaciones de ádhesión y respeto, extensivas a la, Princesa, y,

después de conversar en otra dependencia durante unos minutos con diversas

autoridades nacionales, se dirigieron, en el mismo coche, con los honores

militares que a la llegada, al Palacio Real. Otra ves la muchedumbre les adamó

en las calles. Así dio fin una trascendental jornada histórica.

A primera hora de la tarde había acudido al Palacio de El Pardo el Gobierno en

pleno para felicitar a Su Excelencia por el desarrollo de la, sesión del martes

en las Cortes. Las esposas del vicepresidente y de los ministros cumplimentaron

mientras tanto a doña Carmen Polo de Franco. El Caudillo recibió, a

continuación, al Consejo del Reino.—J. B. Q.

 

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