La monarquía de pasado mañana     
 
 Ya.    24/07/1969.  Página: 7. Páginas: 1. Párrafos: 8. 

LA MONARQUÍA de pasado mañana

LAS palabras del príncipe don Juan Carlos en las Cortes han sido pocas, prensas

y rotundas; las suficientes para, ratificar el carácter de la monarquía que él

va a encarnar.

Instauración, no restauración. Una monarquía que toma del pasado lo

indispensable para dar peso histórico a la persona del príncipe, en el que

confluyen además (lo anticipó Franco y lo ha repetido don Juan Carlos las dos

ramas que se enfrentaron a lo largo de siglo y pico, pero que se apoya

exclusivamente en la única legitimidad que el pueblo español puede reconocer: la

legitimidad de ejercicio que significa su vinculación con la línea de evolución

política en que nos encontramos; una evolución que, naturalmente, no podrá nunca

autorizar el inmovilismo, pero que siempre debe representar la continuidad.

El artífice de esa continuidad ha sido Franco, y, sin duda, lo que prevalecía en

quienes el día 22 le escuchaban y lo que motivó la clamorosa ovación final fue

la consideración del largo recorrido político realizado gracias al hombre que

tenían delante, que lo había anunciado más de un cuarto de siglo antes en los

mismos términos en que ha ido teniendo lugar. Si el político es el hombre de las

solucionas inmediatas, y el estadista es el que prevé el futuro y lo resuelve,

Franco, sobresaliente político, tiene todo el derecho a contarse también entre

los estadistas-desde que, en ves de limitarse a conseguir un largo paréntesis de

paz, lo deja todo, como él mismo dijo, atado, y bien atado, para el porvenir. Se

explica la emoción que en este momento de plenitud de su obra cortó tantas veces

sus palabras, y que tan inequívocamente conmovió a quienes le oían.

Bastará otro paso—que el Jefe del Estado ponga al frente del Gobierno a un

presidente, que debe ser también un estadista— para que él pueda consagrarse a

la función de suprema rectoría, en la que más necesita la nación de su presencia

y con mayor eficacia puede preparar a su ^sucesor para las graves

responsabilidades que le aguardan, Pero digamos que vencer las dificultades

futuras no va a depender únicamente de quien ocupe la Jefatura del Estado hoy o

mañana,, sino del sentido político del pueblo español.

HAY quienes habrían preferido otra forma de gobierno, generaímente por suponer

en la monárquica mayores obstáculos para el contenido democrático y social que

con raeón consideran indispensable. Pero la monarquía es más un continente que

un contenido. No vemos razón para que no puedan conseguir sus aspiraciones si,

en lugar de apartarse del juego, procuran de veras ser ellos, y no anacrónicas

camarillas, quienes determinen ese contenido.

Hay también los que se sienten como despechados porque, para una decisión tan

trascendental como la designación de sucesor, "no se ha contado con ellos";

quieren decir que no se ha consultado al país.

Oportunamente recordó el Jefe del Estado en su discurso que esa consulta ha

tenido lugar dos veces en veinte años y que han sido, por tanto, dos

generaciones las que se han pronunciado favorablemente sobre el procedimiento

del que ahora se ha hecho estricta aplicación. Oreemos que es suficiente. Lo

sería en cualquier país que no estuviese aquejado de la comezón de revisar

constantemente sus normas fundamentales. También para, los que piensan de esta

manera vale el consejo de prepararse para dar contenido a la monarquía en vea de

estancarse en estériles polémicas sobre las grandes cuestiones previas.

Y hay, por último, la inmensa mayoría de los españoles, según pensamos, que lo

único que pide a la monarquía es una seguridad de continuidad en paz, y que por

esto han acogido la decisión de Franco con una doble sensación de alivio y

reconocimiento, A éstos les conviene ir pensando ya en que la permanencia üe la

institución, una vez salvado el bache sucesorio-, depende exclusivamente de que

la llene el contenido a.que nos estamos refiriendo.

El príncipe ha aludido a ese contenido con palabras que denotan conciencia del

problema. Es importante.

No son uno ni dos los españoles que, viendo con satisfacción, por la raeón

expuesta, la monarquía de mañana, se están preguntando ya por la monarquía de

pasado mañana. Esa será la manera de que la tengamos.

 

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