La democracia está definida     
 
 ABC.    23/09/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

LA DEMOCRACIA ESTA DEFINIDA

La democracia no es un sistema polí-tico cuya definición dependa cada día, como una sorpresa

o una invención, de lo que decidan una asamblea de vecinos irritados, una comisión sindicalista

con propósitos revolucionarios o un conjunto de alcaldes Que se encierran para pro-, testar.

La democracia es un sistema político definido hace siglos. Tan conocido gue no es necesario,

siquiera, que su con-creta definición figure en un articulo constitucional. La democracia

funciona por una ley de mayorías: con una divi-sión de poderes; con un reconocimiento

explícito de un orden jurídico al que se ajustan las instituciones y las normas.

La democracia, por supuesto, afirma que «la soberanía nacional reside en el pueblo- —articulo

1.". punto 2.° de la "Constitución española vigente—, pero la democracia atribuye la

representación popular a las Cortes Generales —artícu-lo 66—, que ejercen la potestad legis-

lativa del Estado, aprueban sus presu-puestos, controlan la acción dej Gobier-no y tienen las

demás competencias que Íes.atribuye la Constitución».

En la democracia, el poder legislativo normal —pues que existen excepciones o delegaciones

posibles en favor de! Gobierno— corresponde á las Cámaras, a\ Congreso y al Senado. Y las

leyes se aprueban por mayoría. También constan estos principios en artículos distintos del

Título III de la Constitución.

En un sistema democrático el Gobier-no «dirige la política interior y exterior, la Administración

civil y militar y la de-fensa del Estado. Ejerce la función eje-cutiva y la potestad reglamentaria

de acuerdo con la Constitución y las leyes-—artículo 97—. Además, el Gobierno. (según se

deduce del artícuol 101) no se mantiene en el Poder, cesa, en los ca-sos -de pérdida de la

confianza parla-mentaria.

De todo ello se deduce —y por eso hemos anotado la referencia precisa de los textos

constitucionales— que en la democracia española carece de sentido. no no es democrático,

alegar, como lo ha hecho recientemente un diputado del PSOE: «tampoco queremos que UCD,

por la simple utilización de su mayoría, pueda imponernos un Estatuto de los Trabajadores». Y

no son democráticas tampoco protestas vecinales, ni obstruc-ciones municipales, de las que no

falta ejemplo muy próximo.

La lógica democrática impone una con-clusión distinta. El Gobierno está for-mado por el partido

que tiene mayoría. El Gobierno, en uso legítimo de su inicia-tiva legislativa, elabora un proyecto

de ley. Y si lícitamente, por votación ma-yoritaria —con los votos de su partido, naturalmente—,

logra la aprobación par-lamentaria de dicha ley el trámite legis-lativo democrático está

cumplido.

Cosa distinta será que la ley sea o no del gusto de los sindicatos, o vaya en dirección contraria

a la que prefieren las Juntas de vecinos o no resulte conve-niente a los particulares criterios de

los alcaldes. Pero, ¿en qué artículo consti-tucional se establece, en la democracia española,

participación de sindicatos, ve-cinos o alcaldes, en el poder legislativo? ¿En cuál otro queda

supeditado el aca-tamiento y cumplimiento de lo acordado parlamentariamente a la voluntad o

de-cisión de grupos sociales, subordinados a los poderes constitucionales?

La práctica del consenso ha deforma-do, por lo visto, el correcto entendimien-to de la

democracia; que muchos inter-pretan, según se deduce de sus protes-tas, como un ejercicio

continuo de acuer-do, de pacto, de transacción, de consul-ta con todos y aprobación unánime.

Y no es así. Puede haber consenso o no ha-berlo, sin que deje de haber pura demo-cracia. Lo

democrático es que el partido gobernante use su mayoría para apro-bar la legislación más

conforme con su programa, con su ideología. Y lo demo-crático es también, con distintos resul-

tados en otras elecciones, que un Go-bierno de partido mayoritario diferente acometa la tarea

de una nueva legislación —o reformas legislativas— orien-tadas de acuerdo con sus ideas.

¿Hará falta apelar, para que esto se entienda, al clásico ejemplo de la democracia in-glesa, en

la que se turnan pacíficamente conservadores y laboristas hace tantos años?

La democracia tiene sus reglas. No se inventa todos los días a capricho de na-die. Y no

consiste, en caso alguno, en la obstrucción, en la rebeldía, en el desa-cato o en el hacer o

tratar de hacer cada uno o cada grupo lo que mejor le parez-ca o le venga en gana.

 

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