Autor: Armero, José Mario. 
   Los países no alineados     
 
 ABC.    05/08/1979.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

DOMINGO, 8 DE AGOSTO DE 1979.1 PAG. 8.

LOS PAÍSES NO ALINEADOS

LA posible presencia de España, en calidad da observador, en la próxima Conferencia de países no alineados,

que se celebrará en septiembre en La Habana, ha levantado una polémica, si no muy amplia, si intensa. Ha

producido estrañeza en algunos sectores el que España decida acudir a la reunión en Cuba, cuando, entre las

opciones por las que puede inclinarse, la de la neutralidad parece absolutamente utópica. Sin embargo, ese estar

presente en La Habana no significa, ni mucho menos, el que se haya adoptado una decisión respecto al fundamental

tema de nuestro planteamiento defensivo. Independientemente de que España decida en su día entrar o no en la

Alianza Atlántica, parece oportuno estar presente en la Conferencia de países no alineados para obtener

Información y enriquecer argumentaciones.

El Gobierno y el partido Unión de Centro Democrático han manifestado su posición favorable al ingreso de España

en la OTAN. Fuera del Gobierno y de su partido, somos muchos los que también nos inclinamos a no permanecer

aislados, expuestos a peligros cada vez más cercanos directos sin participar en unos dispositivos defensivos

tecnológicamente muy p e r f e c t o s y políticamente afines en líneas generales. No obstante, los «antiatlantistas

» son también numerosos y es preciso aclarar, con la mayor nitidez y objetividad posibles, las ventajas e

inconvenientes que nos ofrece la OTAN. Participar en la Conferencia de países no alineados nos pueden arrojar luz

sobre el asunto. No alinearse significa hacer propios los principios de delente y aplicar esa postura respecto a todos

los países del mundo.

Se ha hablado de detente como de revolución del concepto de independencia, corno de alejarse de los uniformes

políticos e ideológicos en al plano internacional. Son muchos los países no alineados, ¿pero a qué responde ese

concepto?

Son naciones unas veces grandes y otras pequeñas, diferentes entre si, de razas dispares, incluso geográficamente

antípodas en ocasiones y, en muchos casos, con guerras entre ellas mismas. Pero aceptan, o intentan aceptar, los

principios de las relaciones internacionales con un sentido político pacifista. El no alineamiento en la filosofía que

trata de evitar la división del mundo en bloques, y probablemente es cierto que los países no alineados han permitido

la existencia de guerras localizadas en los últimos treinta años; de haber existido sólo dos bloques, la confrontación

mundial se hubiera producido casi con seguridad.

España, al tiempo que estudia profundamente la conveniencia de su ingreso en la OTAN, tiene que considerar las

posibles ventajas de la no alineación, teniendo un primer convencimiento: los Tratados de defensa no tan

automáticos, y, hoy en día, hay quienes ponen en duda el que los Estados Unido» y los países de Europa

pondrían en marcha su potencial bélico para defender a España —si estuviera en la Alianza Atlántica— de un

hipotético ataque procedente del norte de Africa. Una cosa son los pactos y otra la hora de la verdad, en la que

pueden surgir cien triquiñuelas para evitarlos.

El proyectado viaje del presidente del Gobierno el pasado año a Yugoslavia, pospuesto o cancelado, pudo haber

sido muy provechoso para estudiar, sobre el terreno, las ventajas de la no alineación. El caso yugoslavo, por su

posición estratégica y por su concepto de la neutralidad, debe de interesarnos especialmente.

Porque dentro de la pretendida neutralidad está Cuba, con sus soldados repartidos por medio mundo (un verdadero

«Ejército exportable »), y están Egipto y la India, que nos servirían de ejemplos muy lejanos. Yugoslavia, en paz

desde el fin de la contienda mundial, ha llamado recientemente la atención del mundo sobre el hambre que asola el

planeta mientras la defensa de las naciones absorbe 400 billones de dólares cada año. Ha jugado como país no

alineado aquella política que fue atacada por Foster Dulles y que hoy permite estar al margen de la OTAN y del

Pacto de Varsovia, lo que no le es obstáculo para mantener relaciones comerciales con el Mercado Común Europeo

y con el COMECON.

Hace unas semanas pregunté a un amigo yugoslavo sobre la postura de su país en el supuesto de un ataque

soviético en el Mediterráneo. La respuesta fue tajante: Yugoslavia defendería su territorio y sus intereses,

manteniendo la política de resistencia personal impuesta en la última Constitución. Esto es, realizaría una defensa

de guerrillas y de partisanos, con independencia de las posiciones que adoptaran las grandes potencias. Según la

Constitución yugoslava, la capitulación no es posible. La guerra la harían los ciudadanos del país, incluso en caso de

guerra nuclear. Su mentalidad es de defensa y no de ataque. Es una teoría a la que forzosamente tuve que replicar

con simples argumentos de sentido común: ¿hasta qué punto puede sacrificarse a un pueblo en una guerra

sin solución? ¿Son válidos los supuestos sobre las posiciones estratégicas de Yugoslavia y España cuando los

avances tecnológicos permiten ataques desde muy larga distancia? ¿Las instituciones creadas por Tito continuarán

tras la muerte del dictador? ¿Yugoslavia, como Estado federal, no se desmembraría ante un ataque soviético y

surgirían las auténticas nacionalidades como Croacia, Servia, Montenegro, Bosnia, Eslovenia...? No es fácil tomar

resoluciones en materia de defensa. Y no es conveniente estar solo. Aunque también es cierto que los dos colosos

mundiales están más cerca hoy que ayer, y que se ponen de acuerdo con más frecuencia que los países que

han decidido no alinearse. Y los colosos, a veces, sacrifican en su beneficio a los que no lo son.

El tema de la defensa hay que estudiarlo cuidadosamente. Y exige una amplísima Información de los políticos y a la

opinión pública. La OTAN parece ofrecer ventajas evidentes. Pero bueno será queestudiemos a fondo la alternativa

de la neutralidad; aparentemente es una quijotada inútil. Pero hay que profundizar para tomar decisiones.—-José

María ARMERO.

 

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