Tras una semana en Andalucía. 
 Los reyes regresaron a Madrid     
 
 Informaciones.    05/04/1976.  Página: 2. Páginas: 1. Párrafos: 15. 

TRAS UNA SEMANA EN ANDALUCÍA LOS REYES REGRESARON A MADRID DON JUAN CARLOS:

«VAMOS A URGIR AL GOBIERNO RARA QUE LOS PROBLEMAS SE SOLUCIONEN

LO ANTES POSIBLE»

MADRID, (INFORMACIONES.)

DON Juan Carlos y doña Sofía llegaron el sobado, muy caída la tarde, a su

residencia de La Zarzuela. Venían en el helicóptero «SA-330, Pumo», que

hábitualmente emplean, directamente desde Pozoblanco (capital del valle de Los

Pedroches, Córdoba), último jalón de este viaje de seis días por las cuatro

provincias de la Andalucía occidental, que comenzó el pasado día 29 de marzo.

Los Reyes —que se alojaron en los Reales Alcázares de Sevilla— han visitado la

propia Sevilla con la zona regable del valle del Guadalquivir, Huelva (zona

industrial de la capital, comarca minera de Río Tinto y Aracena), Cádiz, el

Marco Jerez y el Campo de Gibraltar. La última etapa de este viaje, en el que

han escuchado sin tapujos y con una sinceridad sorprendente de boca de las

respectivas autoridades locales, quejas por su lamentable situación económica y

social, ha sido Córdoba.

Desde Sevilla, por Osuna y Estepa, los Reyes penetraron en la provincia de

Córdoba por Puente Genil; atravesaron Aguilar, Montemayor y Fernán Núñez, para

llegar a Montilla, en cuyo balcón principal de la Casa Consistorial los Reyes

brindaron con una copa del vino que se orla y elabora en dicha tierra. Sin

embargo, Sus Majestades llegaron a Córdoba capital con dos horas de retraso

sobre el horario marcado en el programa; iban acompañados por don José Solís,

que es cordobés, como ministro de jornada. En la capital eran aproximadamente

las tres de la tarde cuando los Reyes eran recibidos y saludados por las

autoridades con los honores y protocolos propios de la ocasión. En la calle,

clamor y entusiasmo.

SUFICIENTE CATEGORÍA HUMANA

En su bienvenida, el edil principal de la ciudad, don Antonio Alarcón, volvió a

hablar al Rey de lo que éste ha oído con reiteración —la misma reiteración de

una realidad cruel y descorazonadora— en este viaje: el subdesarrollo,

totalmente injusto, de la región.

Estos párrafos del señor Alarcón son muy significativos:

«El andaluz, doctorado a través de los siglos en escuelas estoicas, por sus

circunstancias fatalistas viene aceptando la renuncia a los bienes que son

imprescindibles, como un hecho normal. Frente a la

secular marginación, sólo opone una resignada dignidad, y para que los demás

españoles no sepan de sus dolores y de sus tristezas, aún tiene la suficiente

categoría humana para manifestarse en sus populares manifestaciones folklóricas,

como desahogos del alma, pero que desgraciadamente también sirven para

enmascarar nuestra verdadera situación y para que se tome una falsa imagen de

nosotros, pensando que nada necesitamos porque nada pedimos.

Nuestro pueblo realiza una noble y desprendida contribución al engrandecimiento

de España. Pero, por no quejarnos nunca, por no poner sobre el tapete la

Instancia de nuestras justas reclamaciones, se nos ha venido pagando nuestra

generosidad simplemente con palabras de reconocimiento, que, por desgracia, sólo

son eso, palabras.

Nosotros, señor, necesitamos hechos definitivos y prácticos para nuestra

necesaria promoción. No es justo que, mientras en otros confines de la patria,

el pueblo reclama salarios mejores, en nuestra Andalucía, en nuestra Córdoba,

tengamos que conformarnos sencillamente con pedir un salario. No pedimos

situaciones privilegiadas, sino que cada uno de nosotros obtenga el

reconocimiento de sus derechos sociales y económicos.»

Seguidamente, el alcalde, cumpliendo un acuerdo consistorial, entregó al Rey el

blasón de la ciudad, que don Juan Carlos recibió agradecido y contestó a las

palabras del alcalde -"que rebosan sinceridad», dijo— de la siguiente manera:

«Hemos recorrido una parte de Andalucía y hemos comprobado que el espíritu de

estas tierras es eterno y que siempre ha tenido algo que aportar, en relación

con los destinos de España ¡y del mundo. ¡Qué grandes lecciones nos han dado en

la historia los cordobeses! (...) Hemos conocido los problemas y vamor a urgir

al Gobierno para que tengan adecuada solución lo antes posible. Nuestro

agradecimiento por el afecto que nos demostráis no puede tener otra respuesta

que la entrega absoluta y sin limitaciones al servicio de la Patria.

¡Viva Córdoba! ¡Viva Andalucía! ¡Viva España!»

UN SENTIDO DE REGIÓN

En la Diputación de Córdoba (eran las cuatro y pico de la tarde y todavía los

Reyes no habían almorzado) su presidente, señor Santaolalla, expuso las

aspiraciones que toda Andalucía demanda, que pueden resumirse de esta forma:

creación de una comisión mixta, semejante a las ya constituidas con igual fin

para estudiar un régimen administrativo especial para Andalucía, por estimar que

puede ser eficaz para corregir el retraso de la región; que tenga vigencia para

Andalucía el programa territorial, que preveía el «non nato» IV Plan de

Desarrollo y finalmente la redacción entre» el Ministerio de la Vivienda y las

corporaciones provinciales de un plan director técnico de coordinación de todo

el territorio andaluz, en consonancia con la ley del Suelo.

El señor santaolalla dijo a don Juan Carlos: «En Andalucía, Majestad, se

despierta un sentido de región y si deseamos que toda Andalucía sea fuerte y

próspera es para que sea más sonda y poderosa España.»

Terminados estos actos (eran cerca de los cinco de la tarde), los Reyes

almorzaron en el mismo palacio dé la Merced sede de la Diputación cordobesa— con

las autoridades provinciales. Más tarde visitaron brevemente la catedral

mezquita, en donde fueron recibidos y atendidos por el cabildo catedral,

presidido por el ordinario de la diócesis monseñor Cirarda. Visitaron el mirhab

y oraron en el altar mayor. A las siete de la tarde partieron en helicóptero

hacia el valle de Los Pedroches (margen derecha de la cuenca alta dél

Guádalquivir), una zona agrícola y ganadéra muy interesante, San Antonio,

compuesta por 16 pueblos y habitada por unas cien mil personas.

En la capital natural de Los Pedroches, Pozoblanco, el alcalde, en salutación,

se quejó de la «frustración que han experimentado nuestros pueblos al no ver

cumplidas las esperanzas que suscitaron los ambiciosos planes de actuación

estatal para nuestra comarca. Nos referimos al plan de actuación del Tryda y al

de acción especial de la Presidencia del Gobierno, que casi coincidentes en su

preparación y estudio han sufrido una grave quiebra por falta de financiación

uno y por las vicisitudes de los cambios ministeriales el otro».

Tras cambiar impresiones brevemente con las autoridades y comisiones locales,

los Reyes de España se despidieron del pueblo de Pozoblanco con expresivas

muestras de agradecimiento por la cordial acogida que les dispensaban, y a

continuación se dirigieron en automóvil a donde aguardaba el helicóptero que les

llevaría a Madrid.

5 de abril de 1976

 

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