Dos años después     
 
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Dos años después

EL segundo aniversario de don Carlos Arias como presidente del Gobierno coincide

con el comienzo de nn año de ilusiones y esperanzas colectivas. Las dificultades

para alcanzar la plena consolidación de la paz, la unidad y el amor —objetivos

señalados por el reciente mensaje real— no ocultan la realidad de que este país

tiene conciencia de vivir una oportunidad histórica.

Sin triunfalismos, confiando más en los hechos que en las declaraciones,

calibrando con realismo unas posibilidades de cambio que se agrandan y toman

forma paulatinamente, el nuevo Gobierno presidido por don Carlos Arias busca con

claridad ajustar nuestro ordenamiento político a las necesidades y exigencias de

una sociedad española más sana, moderna y tolerante. Se impone así una serie de

reformas que suponga nn tránsito pacífico y sin trauma hacia un sistema de

pluralismo y representación con todas las peculiaridades necesarias, pero según

el modelo europeo occidental.

El hecho de que el primer Gobierno de Su Majestad esté presidido por la misma

persona que estuvo al frente del último Gobierno de Franco representa una

garantía más de que se producirá una transición pacífica. Pero no se interprete

la continuidad del señor Arias como un indicador de simple continuismo.

Realidades y limitaciones que condicionaron su acción en el pasado han cambiado

de signo con la nueva Monarquía. Nos encontramos en nn nuevo contexto del que

será expresión el programa preciso, con su calendario de realización, que el

Gobierno elabora en la actualidad. La publicación de éste va a precisar nn tanto

nn clima político que ya se caracteriza por expectativas surgidas en casi todos

los sectores políticos del país y por nn aire nuevo en la Prensa, en la calle,

en el crédito internacional al Gobierno. No espere éste cheques en blanco ni

Juicios que no provengan de sus actos, pero no hagamos su tarea, ya enormemente

difícil, poco menos que imposible por negarle un margen de confianza qae

honestamente creemos merece ya.

Queremos cerrar este comentario con un reconocimiento a la manifiesta buena

voluntad, la entrega personal y el realismo político de don Carlos Anas. Han

sido dos años que han dejado huellas en su rostro.

 

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