Ejercicio responsable de la oposición política     
 
 Diario 16.    20/03/1979.  Páginas: 1. Párrafos: 5. 

Ejercido responsable de la oposición política

Una vez celebradas las elecciones, los partidos de izquierda han manifestado su deseo de practicar una

política de oposición activa, no sólo en el Parlamento, sino incluso mediante las llamadas movilizaciones

populares.

Entre los muchos comentarios que puede sugerir la posible estrategia de la izquierda, querríamos hoy

apuntar tan sólo unas observaciones de principio.

1º No sólo la izquierda, sino lo que queda de la derecha y algunos portavoces del centro, han

manifestado su opinión de que se ha de acabar con «la política del consenso». Ante esto podríamos decir

aquello de que «fue bueno mientras duró». Un exceso de celo en la cancelación de los modos

consensuales puede ser grave, porque si bien la democracia precisa también del «disenso», para no

resultar excesivamente aburrida, no se debe olvidar que la juventud de la experiencia española aconseja

cuidados especiales. Si algunas actitudes ™ I surrealistas que se han producido al socaire del consenso"

y \ 1 que han hecho aborrecible la palabra, dibujando una caricatura de cierta clase política ayuna de

ideas y propicia al arreglo o chapucero, deben ser obviamente superadas, no está nada claro que se haya

de despejar del horizonte de los grandes temas N políticos la necesidad de un consenso profundo a la hora

de las cuestiones realmente graves que nos aguardan.

2.° Cierta bisoñez de la joven clase política ha podido confundir el objetivo de su tarea propia con un

simple intento rítualizado de acceso al poder, y el ejercicio de éste con la posibilidad de firmar en el

«BOE». Aquí se escucha, al tiempo __ que la urgencia de la alternativa o el «a gobernar», la ampulosa

declamación de que es menester cambiar profundamente y. las estructuras capitalistas o que hay que

implantar los modelos occidentales. Entre una y otra actividad, está el ancho campo de lo hacedero con

los modos civilizados de la democracia formal, en la que no cabe ni el «ordeno y mando» de quien ocupa

el ejecutivo, ni la amenaza disfrazada de análisis profetico —de parte de quien no lo alcanzó— de que el

país no va a ser gobernable. •

3.a Porque para la gobernabilidad del país no basta que alguien se dedique a la tarea, sino que el resto

colaboremos en ello. En una democracia no cabe la oposición sistemática y por principio,_salvo que se

deseche el modelo democrático, y entonces hay que tener la claridad,y el valor de declararlo. Y no se

puede olvidar que si es imprescindible el respeto de las minorías lo es desde el acatamiento de la voluntad

mayoritaria.

 

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