Autor: ;LORIGA. 
   ¿Quién quiere la ayuda americana?     
 
 Informaciones.    10/01/1976.  Página: 9-10. Páginas: 2. Párrafos: 11. 

¿QUIEN QUIERE LA AYUDA AMERICANA?

Por Juan Ignacio TAIBO

La desaprobación europea ante las ejecuciones de septiembre, la dilatada

enfermedad y muerte de Franco, las presiones del Rey de Marruecos sobre el

Sahara que pudo ser independiente, la continuación del sistema, son

acontecimientos sucesivos que relegaron a un plano marginal las conversaciones

para la renovación de los acuerdos defensivos entre España y los Estados Unidos.

Aquellos sucesos bien pudieron haber precipitado la firma en momentos en que la

política española, en una visión simplista, parecía pasar por momentos de

inseguridad, exterior primero, luego intrínseca; pero, por otra parte, la

postura norteamericana, es decir, los Intereses económicos yanquis apoyando la

tesis marroquí, jugó ana: baza que el Gobierno español no habrá dejado de tener

en cuenta, a pesar de haber pasado casi ignorada por la opinión pública de este

país, ya de por si abíertamente reticente ante la presencia americana en España.

Vueltas las cosas, al parecer, a una creciente normalidad, se dilata el plazo

Informal de mes y medio que alguien dio para la ultimación de los detalles

previos a la firma. El apoyo que los Estados europeos proponen a la Monarquía

española, y también ese acuerdo sahariano a la medida de Marruecos, Mauritania

y, tras, la cortina, de los Estados Unidos, pero manifiestamente en contra de

los deseos de los saharauis, de gran número de Estados africanos, y desde luego

a disgusto de las fuerzas armadas, son situaciones nuevas Que proponen Inéditas

e insospechadas perspectivas políticas a las negociaciones defensivas, y creemos

Que en función de todo ello cabe interpretar los rumores de una total revisión

de las conversaciones desde nuevos puntos de mira, incluyendo una más generosa

oferta material por parte de los Estados Unidos. In the meanwhile, entretanto,

el Pentágono continúa gastando su año de gracia, y si no surge acuerdo habrá

desmantelado sus instalaciones y abandonado España dentro de nueve meses.

Al margen de los elementos de presión política está la famosa y siempre secreta

lista de la compra de material militar, que si no constituye la causa inmediata

y real que Justifique la presencia americana en España, es al menos su precio de

alquiler declarado.

Durante los tres acuerdos precedentes, los Ejércitos españoles han acumulado

experiencia en la recepción, empleo y en el problemático mantenimiento del

"material americano. Cuando éste comenzó a llegar en 1953, en España no habla ni

un solo avión reactor; desconocíamos el radar, el helicóptero, los torpedos

acústicos, el sonar y los cascos soldados de buques. Las pocas unidades

motorizadas del Ejército poseían material vendido por el ni Reich con

cuentagotas, y asi los humildes jeeps se presentaban como maravillas de la

tecnología. Pero la situación resulta ser hoy bien distinta.

El material americano ha venido, con escasas excepciones, usado, y sólo se

transfiere a España si está en reserva o retirado para desguace en los Ejércitos

americanos. Dado que su potencia industríal les deja ser muy alegres al desechar

equipos usados, aquí y en muchos otros países se ha obtenido provecho del,

material viejo, pero siempre a costa de pagar a precio de oro (la locución es

común entre los militares españoles) los repuestos, que salen así de caros por

no estar ya en fabricación. Be crea de esta manera una marginal y provechosa

corriente comercial, provechosa para la Industria americana,, claro. A veces da

la impresión de que no sólo los acuerdos bilaterales como los españoles, sino la

S. E. A. T. O. e incluso la O. T. A. N. se, hubiesen creado como añagazas para

colocar los productos americanos aun en países industriales. Recuérdese el

reciente «contrato del siglo» para la venta del reactor «F-16» en Europa.

Pero sucede también que ese material, encima de ser de segundísima mano, y por

tal fuertemente desvalorizado, no se transfiere en propiedad, sino en préstamo.

Esto equivale a alquilar un apartamento céntrico por un tanto mensual, bajo

promesa de que, al acabar de usarlo, el feliz ex arrendatario recibirá los

alquileres que ha pagado (este comentarista alquilaría apartamento en estas

condiciones en el centro de París o Londres, no importando precio).

Cierto es que no siempre se cede material en préstamo. Los 36 «Phantom» venidos

con el último acuerdo, de una versión superada y usadísimos, se pagaron para que

el Ejército del Aire los utilizara en propiedad, pero, aun así éste hubo de

aportar fracción sustancial del importe, quedando el resto a cargo de la ayuda

mutua. Las aportaciones monetarias americanas han formado siempre componente

mínimo en las cantidades consignadas como «ayuda militar», siendo máximos, en

cambio, los créditos concedidos dentro da, los acuerdos, que como todos los

créditos terminan reembolsándose, y probablemente con buenos intereses. Tras

llevar años sirviendo en la Armada, el «Dédalo», diez destructores y dos o tres

submarinos se han adquirido en propiedad con dinero español. Los precios fueron,

posiblemente, muy bajos, pero de ser estos navios devueltos a la U. S. Navy

hubiesen ido al inmediato desguace, a pesar de las costosas obras a que la

Marina tuvo que someterlos, simplemente para que navegaran. Ya rechazó la Armada

cuatro buques grandes que los yanquis ofrecían con el ultimó pacto: tan ruinosos

estaban que ninguna posibilidad se vio de sacar carrera de ellos.

Aunque casi todos los barcos que la Armada ha recibido de los Estados Unidos

databan de la segunda guerra mundial, el conjunto ha sido numeroso y potente. No

asi el equipo transferido a la Aviación y al Ejército, que lo fue no sólo en

cifras ridiculas, sino de bajísima calidad media, para lo cua ninguna base habla

que ceder, dado que los yanquis realizan préstamos de este tipo a países donde

Interese mantener la hegemonía o prestigiar las multinacionales. En 1953

pudieron interesar al Ejército los 2.000 camiones y 600 carros de combate que ha

recibido desde entonces, entre los tres sucesivos acuerdos. No hoy. Hoy está

nacionalizada la fabricación de vehículos de ruedas en todas sus categorías, e

incipientemente también la de carros de combate:´ el francés «AMX-30», que se

construye parcialmente bajo licencia en este país, nos atreveríamos a afirmar

que supera en prestaciones a los últimos carros americanos, sorprendentemente

rebasados en la última década. Para sacar aún partido del material americano,

que data todo de los primeros años 50, el Ejército prosigue un programa de

«dieselización», a base de sustituir los motores de gasolina de carros y

camiones, anticuados y costosos, por otros diesel, que para los camiones se

fabrican en España.

El sistema de préstamo se nos antoja anormal, fuera de toda lógica e ineficaz

paira la obtención de equipo militar: todo lo que de moderno y efectivo tienen

hoy los Ejércitos de España fue pagado a tocateja, por compra directa, al margen

de cualquier «ayuda», y no necesariamente a los americanos: lo prueban los

«Mirage» franceses, los cohetes contracarro «Milán», los nuevos submarinos de la

Armada, pero aún dentro del equipo yanqui, los misiles antiaéreos «Hawk» se

están adquiriendo por compra directa, si hay acuerdos como si no (aquí lo que

hay que tener es dinero), y las superavanzadas fragatas de la Armad a, que

cuestan 3.000 millones por ejemplar y cuyos cascos y propulsión se hacen en

España, reciben los misiles, armas y, sobre todo, la costosísima electrónica

(más de la mitad del precio) de los Estados Unidos, pero totalmente a cargo del

Programa Naval, que nuestros sudores nos cuesta a los trabajadores de este país,

no a la ayuda americana.

Y para terminar de hablar de barcos, en las corbetas que hoy construye la Armada

colaboran, con las oficinas de proyectos de Bazan y de la Marina, la tecnología

Italiana, holandesa, sueca, francesa, portuguesa, alemana y, ¿por qué no?,

también la técnica americana, pero siendo una más entre varias, sin hegemonizar

siquiera a la industria francesa, que A por ella fuese no dejaría de seguir los

pasos de los yanquis, por aquello de la grandeur de la France.

 

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