Proceso de normalización     
 
 ABC.    06/01/1976.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

A B C. MARTES 6 DE ENERO DE 1976.

PROCESO D E NORMALIZACIÓN

Previamente a su discurso programático, esperado para el próximo viernes, el

presidente Arias ha concedido unas muy importantes declaraciones a un semanario

norteamericano. En ellas, mediante un lenguaje directo y contundente, sin

concesiones a la ambigüedad, ha asumido plenamente, como corresponde a su cargo

y a la función del mismo, cuanto se ha dicho sobre el proceso de democratización

del país, puntualizando, además, ciertos extremos mal interpretados por algún

sector de la vida nacional y concretando también alguna fecha.

En conjunto, las declaraciones ofrecen una concreción de la línea, esencialmente

pragmática y abierta, del nuevo Gobierno, y despejan no pocas de las dudas

surgidas al sesgo de alguna declaración ministerial.

El presidente, con tan sólo unas líneas, ha vuelto a hacer gala de su capacidad,

de sintonía con el momento político y sus entornos, tanto interior como

exterior; ha roto un peligroso paréntesis de silencio, de aparente, pasividad, y

mostrado su adecuación para con la cambiante realidad española, capaz de haber

roto la muñeca de cualquier otro timonel, menos experto y preparado, con su

distinta aceleración.

Las afirmaciones de don Carlos Arias sobre el tema electoral, sobre sus plazos —

que aún no constituyen un calendario preciso, cómo pedíamos el pasado domingo,

pero que ya se le aproximan suficientemente— y sobre la definición de las

fuerzas políticas que participarán en él, descansan, en definitiva, sobre una

formulación feliz, si bien desconcertante para alguno.

El presidente se ha referido —tras afirmar que estamos ahora en condiciones d«

establecer un sistema de coexistencia política interna— al proceso de

normalización que engloba la acción de su Gobierno. Y resulta alentador ver

calificado de normal el proceso por el que se está instaurando la democracia en

nuestro país, tras años en que las posibilidades para la misma no eran

favorables y no se pensaba, por la mayoría, en que acabaran por resultar

necesarias.

Sobre el Partido Comunista y su actual secretario general, el presidente ha sido

concluyente: «Carrillo —ha dicho— ha perdido todo derecho a la ciudadanía

española», y «no hay un sólo ejemplo en el mundo de un Partido Comunista que

haya demostrado con sus obras el menor respeto por el juego democrático una vez

que ha alcanzado el poden.

Pero don Carlos Arias se ha referido, también de forma tajante, a los partidos

políticos, estableciendo un período dedos años —para finales d« 1977— para su

funcionamiento efectivo en una «nueva democracia española». Primero, y a fin de

que adquieran experiencia en el proceso democrático, las elecciones de

Ayuntamientos y Diputaciones; después, ya a nivel nacional, su culminación.

El escándalo que pudiese producir la denominación —partidos— que sustituye a la

de asociaciones no pasaría de ser una suerte de hipocresía con disfraz de mal

entendida tradición oscurantista. Se trata de una mera cuestión semántica

acordada, simplemente, con la realidad de un clima político palpable a muy

distintos niveles.

En relación con la amnistía, el presidente Arias ha manifestado que vendrá como

culminación del mentado proceso de normalización. Cuando la democracia española

esté lo suficientemente construida, sea lo suficientemente fuerte como para que

la circulación de lo que hoy es aún considerado subversión haya perdido tal

dimensión indeseable.

Si en sus referencias al interior, don Carlos Arias ha seguido la evolución

lógica que preside el cambio desde un régimen personal y carismático a una

democracia coronada, en las que tenían por meta las cuestiones exteriores, ha

marcado igualmente las diferencias forzadas por esa evolución.

Dentro del proceso de normalización de la vida política española se encuentra el

tema de nuestra pertenencia efectiva a Europa, al mundo occidental, superados

los obstáculos históricos que forzaron un indeseable aislacionismo. No podemos

seguir soportando interesadas e injustas discriminaciones. Si Europa no reconoce

el papel de España como aliado natural, las bases conjuntas hispano-

norteamericanas dejarán de formar parte de la infraestructura de la O.T. A. N.,

limitarán lógicamente su función y su papel disuasor. El razonamiento es

irreprochable.

Como lo es igualmente el empleado para afirmar, por partida doble, el unánime

deseo de acceso a las organizaciones europeas, en pleno derecho, y la convicción

de que nuestra democracia no se limitará a ser un mero calco de los sistemas

políticos, sino que, por el contrario, estará signada por características

propias, sin renuncia a nuestras tradiciones.

El presidente Arias, en resumen, acaba ´de afirmar su postura, como cabeza

rectora del Gobierno, afirmando así, de forma inequívoca, las líneas maestras

del proceso de normalización, del desarrollo político, en el que todos estamos

ya afortunadamente involucrados.

 

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