Señor Martínez Emperador, en el Siglo XXI. 
 Monarquía y Movimiento deben coincidir en la perfección y dinamización social     
 
 Informaciones.    17/12/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 3. 

SEÑOR MARTÍNEZ EMPERADOR, EN EL SIGLO XXI:

«MONARQUÍA Y MOVIMIENTO DEBEN COINCIDIR EN LA PERFECCIÓN

Y DINAMIZACION SOCIAL»

MADRID, 17. (INFORMACIONES.) — «En la obra de perfección y dinamización estatal

deben coincidir la Monarquía y el Movimiento en cuanto órganos políticos

diferenciados con personalidad propia, pero relacionados entre si, para filtrar

las realidades sociales que mas perentoriamente exige el país.

Independientemente del desarrollo político, aunque intimamente relacionado con

él, se encuentra el desarrollo social, del que, inaplazablemente, el pueblo

español tiene que hallar su respuesta; no admite más demora este compromiso

histórico, y quizá el momento más propicio para su iniciación, sea ahora, cuando

se instaura la Monarquía, cuando el Movimiento puede exigir una serie de medidas

que ahora nos parecían inalcanzables.» Este pensamiento pertenece al núcleo

sustancial de la conferencia que pronunció ayer en el Club Siglo XXI don José

Martínez Emperador, consejero nacional y procurador en Cortes, bajo el título

«Monarquía y Movimiento».

Partiendo de la consideración de que el momento y la situación actuales demandan

en España una evolución —que para el conferenciante no significa ruptura ni

destrucción de los supuestos ideológicos del Régimen—, el señor Martínez

Emperador expresó su convencimiento de que la Monarquía es la fórmula

constitucional de la última instancia de poder político, mientras el Movimiento

constituye la «médula ideológica del sistema y del Régimen».

Para el señor Martínez Emperador, el marco donde tiene que transcurrir el juego

político está atribuido constitucionalmente al Movimiento, y dentro de éste, al

Consejo Nacional, «lugar donde han de contrastarse las ideologías legítimas. Por

ello, ni el Movimiento ni la Monarquía pueden estar a merced o manipulados por

ninguna ideología» En otro parlamento de su disertación, abundando en la misma

idea, el conferenciante afirmó que el Rey no podía ser falangista

tradicionalista o democristiano. «La fuerza de las ideologías articuladas en

asociaciones —dijo— debe y tiene que venir de la mayor o menor capacidad

política de sus miembros, del número de los mismos y, sobre todo, de que sus

programas ser de mayor o menor aceptación en el cuerpo sociopolítico del país.»

17 de diciembre de 1975

 

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