Autor: Peces-Barba Martínez, Gregorio. 
   Las cosas en su sitio     
 
 El País.    14/11/1980.  Páginas: 1. Párrafos: 10. 

EL PAÍS, viernes 14 de noviembre de 1980

TRIBUNA LIBRE

Las cosas en su sitio

GREGORIO PECES-BARBA MARTÍNEZ

Dentro de pocas semanas, y espero que con suficiente vigor, vamos a conmemorar el segundo aniversario

de la Constitución. Muchos se habían olvidado de la fecha del 6 de diciembre, dia del referéndum

constitucional, y hay que rescatar esa fecha como día de conmemoración, como fiesta popular y como

símbolo de la convivencia entre los españoles. Teniendo sensibilidad para esos temas no sería justo omitir

el agradecimiento a El Socialista y a su director, Fernando Pajares, por la muy buena iniciativa que han

tomado para celebrar a nuestra Carta Magna. Hablando de poner las cosas en su sitio, ésa es la primera:

situar a la Constitución, frente a manipulaciones, usos oportunistas o abusivos, en el lugar que le

corresponde, encabezando nuestro ordenamiento jurídico, y también en nuestra sociedad y en el arraigo

entre sus ciudadanos, como centro de imputación de un cambio profundo en el talante y en los modos de

conducta de todos.

Pero precisamente esta misma circunstancia, después de dos años de vigencia constitucional, obliga a

revisar algunas piezas del mecanismo institucional y del funcionamiento de protagonistas sociales claves

en una sociedad democrática. Mi reflexión, desde el buen observatorio que tengo sobre los temas, con el

máximo talante de objetividad de que soy capaz, tiende a llamar la atención sobre esas piezas que en estos

primeros ochocientos días de rodaje se han desajustado, lo que es normal, pero puede ser negativo que no

se proceda a colocarlas de nuevo en su sitio.

En una sociedad democrática, esa labor de acoplamiento de las piezas en el conjunto de la organización

institucional tiene que derivarse, en primer lugar, del respeto por todos a la Constitución y a las reglas del

juego que comporta, jugando cada uno el papel que le corresponde, sin salirse de él, y utilizando también

los mecanismos en ella previstos para preservar el buen funcionamiento del sistema, lo que corresponde, a

nivel jurídico, a los tribunales ordinarios y al Tribunal Constitucional, y a nivel político, a las Cortes

Generales, a los Parlamentos de las comunidades autónomas y a los órganos colegiados de provincias y

municipios, es decir, a ayuntamientos y diputaciones. Por fin, la opinión pública y los medios de

comunicación tienen, en el ejercicio de la libertad de expresión, un papel importante. A pesar de todo, no

es obvio recordarlo, y es también oportuno señalar que esa tarea de colocar las cosas en su sitio sólo debe

hacerse por quienes corresponde y que otras instancias no deben ser utilizadas indebidamente. Asi. a los

militares o a otras instituciones públicas, fuera de las señaladas, no les cabe ningún protagonismo en esta

necesidad de colocar las cosas en su sitio y también conviene advertir del peligro que puede producirse en

el intento de pedir que el Rey juegue en este campo un papel que desborde sus facultades constitucionales

que, en este campo, son estar informado, prevenir, aconsejar y animar el buen funcionamiento de todos

los órganos, actuando cada uno en su sitio.

Hay demasiados vicios derivados del mal modelo de funcionamiento social de una sociedad autoritaria,

como la que España ha vivido, para que esto que indico sea fácil, y hay que insistir mucho recordándolo a

cada momento. El correcto funcionamiento de una sociedad democrática es complejo y difícil de

comprender y muchos profesionales del poder por el poder prefieren renunciar a comprenderlo y

prefieren dedicar sus esfuerzos a manipularla y a ampliar sus esferas de poder.

Gobierno, medios de comunicación y partidos políticos

En este sentido, quisiera aportar algunos puntos de meditación sobre tres instituciones que son claves en

et funcionamiento de la democracia y que creo se han desajustado y habría que volver a colocar en su

sitio, en esta revisión periódica que toda sociedad sana y viva debe hacer de tiempo en tiempo. Me refiero

al Gobierno, a los medios de comunicación y a los partidos políticos. Ciertamente que existen otros

desajustes y otras cosas que hay que poner en su sitio, no es mí reflexión un trabajo exhaustivo, sino un

intento de contribución a la reflexión general que este país está haciendo, que me parece positiva y que

debe continuar para ayudar a la consolidación de la democracia. No soy catastrofista, ni por talante ni por

esperanza en la razón y en el buen sentido de nuestro pueblo y quiero colaborar a la luz, en ningún caso a

aumentar las tinieblas que algunos buscan para volver a la oscuridad de la falta de democracia y de

libertad.

En ese sentido, me parece preocupante que el Gobierno haya perdido su sitio, y que esté más preocupado

por su propia subsistencia, especialmente su presidente, que por el cumplimiento de su misión. A veces

puede dar la impresión de que el mantenimiento en el poder es un fin en si de mayor importancia que la

solución razonable de los problemas; es decir, que puede parecer que se ha perdido de vista el objetivo

para el que se está en el Gobierno. Un elemento decisivo que contribuye a esta sensación es la falta de

programa, y el hecho de que el apoyo parlamentario de Minoría Catalana y del PSA se haya esfumado a

pocas semanas del voto de confianza, como lo constata el hecho de que el Gobierno ha perdido más

votaciones en el Congreso de los Diputados desde el voto de confianza que en todo el tiempo anterior.

Cuando el Gobierno se encuentra sin apoyos, arrinconado en algún tema, y los socialistas —en

cumplimiento de nuestra obligación de oposición— aumentamos la presión, tengo la impresión de que

estamos colaborando a que el Gobierno haga concesiones abusivas para los intereses generales, aunque

beneficiosas para quienes las obtienen, a aquellos grupos, Minoría Catalana o grupo del señor Rojas

Marcos, que les pueden sacar del impasse. Recientemente, en el tema presupuestario se ha hecho la

concesión insólida a CD de retirar nada menos que el articulo 15 del proyecto que regulaba

incompatibilidades de funcionarios, probablemente a cambio de que se opongan a la enmienda socialista a

la totalidad de los presupuestos, que, de ser aprobada, supone realmente un voto de censura al Gobierno.

En un sistema parlamentario, el Gobierno tiene que funcionar con una mayoría estable, sea la que sea, de

acuerdo con las circunstancias reales en cada momento y eso no ocurre en nuestro país, y ésa es, quizá, la

primera de las cosas que haya que poner en su sitio.

En relación con los medios de comunicación, existen determinados vicios de funcionamiento que

conviene atajar para el buen desarrollo de la libertad de expresión, porque las interpretaciones de los

hechos parten a veces de esquemas previos, de imágenes personales elaboradas y de encasillamientos que

no siempre responden a la realidad.

El vicio de funcionamiento que, a mi juicio, conviene atajar se refiere, sobre todo, a análisis que

comportan juicios sobre personas o instituciones, sobre su posición respecto a determinados temas y que

se publican por informaciones o filtraciones no siempre bien intencionadas, sin un contraste con la

persona o instituciones interesadas para que, al menos, puedan dar su versión sobre el tema. Este tipo de

conducta, que no existe sólo en esas publicaciones confidenciales que están proliferando, sino en revistas

o periódicos de interés general, es un elemento que crea un determinado ambiente, que deforma la

realidad y construye imágenes no reales. Así, demócratas de toda la vida pasan por conservadores y

moderados, y fascistas de otro tiempo y colaboradores significados del antiguo régimen se convierten en

progresistas y defensores de los derechos y las libertades. Entre estas dos situaciones extremas se

producen situaciones intermedias con mucha frecuencia, y, ante la opinión pública, las imágenes no

siempre se corresponden con la realidad. Entre la ingenuidad y la falta de preparación de unos, y la mala

fe, e incluso el trabajo a sueldo, de unos pocos, padece asi todo un colectivo. El poner en su sitio este

tema de los medios de comunicación social no puede ser sino a través del autocontrol y de la vigilancia de

los propios profesionales y de las empresas. La libertad de expresión es demasiado delicada para

protegerla con muchas leyes. Sólp debe existir el Código Penal para los detitos, y el enjuiciamiento de

estos supuestos debe ser siempre restrictivo, por afectar a las libertades. En el resto de los casos, y creo

que no sería bueno no reconocer que, en este caso, se han producido excesos en la línea que señalo, poner

las cosas en su sitio, vigilar el juego limpio y la fundamental regla de la buena fe debe corresponder a los

propios profesionales en un autocontrol que sería ejemplar.

Por fin me parece que también los partidos políticos tienen que volver a su sitio, fundamental en la

organización democrática, y superar algunos vicios que tes han apartado de su deber en algún sentido.

También los partidos políticos han podido, en ocasiones, perder de vuta que su fin último está en el

interés general, y no en su propio interés; que los cargos públicos no son ya sólo patrimonio de ellos, sino

de todos los ciudadanos, y que sus problemas internos no pueden ser utilizados abusivamente en ningún

sentido, trascendiendo de la normal lucha interna propia. Asi habría que desterrar, por inadecuada y sin

justificación, la costumbre de utilizar problemas generales para los debates internos o para alcanzar algún

cargo en un partido. Mezclar calificativos generales y temas de trascendencia pública, con el único fin de

descalificar a compañeros y dar asalto a puestos de dirección, no es ciertamente edificante, como tampoco

lo es descalificar abusivamente desde la dirección a quienes sostengan posiciones discrepantes. Pero,

sobre todo, los partidos deben seriamente cumplir su rol de partidos gubernamentales y de oposición con

claridad y con respeto a los apoyos ciudadanos que hayan recibido. Una democracia sólo funciona bien sí

esos papeles están claramente diferenciados, quizá con excepción de los periodos constituyentes de

elaboración de la • Constitución, lo que no es ahora nuestro supuesto. El acceso al poder debe producirse

normalmente como resultado de una victoria total o relativa en unas elecciones generales, y no por otra

razón. Desde ese punto de vista, no puedo compartir ta posición pública que reclama un Gobierno de

coalición, porque ese punto de vista obliga a exagerar las dificultades del país y a señalar demasiados

puntos negros, que pueden contribuir a la desesperanza general de los ciudadanos, y porque rompe el

principio Gobierno-oposición y frustra las esperanzas de muchos en el programa autónomo a desarrollar

por un Gobierno socialista. Me temo que en esas circunstancias ese Gobierno podría ser una trampa para

el PSOE que limitase, y no todo lo contrario, las expectativas para las próximas elecciones. Ciertamente

que no hay que negar que esa circunstancia de un gobierno de coalición se pueda producir ante de las

elecciones por graves hecho, que hoy, a mi juicio, aún no concurren; pero aquél, y no éste, sería el

momento de enfrentarse al problema. Montar la estrategia, incluso la propia acción de oposición con la

vista puesta en un gobierno de coalición, que nadie nos ha pedido y que el país no demanda, puede llevar

a malas interpretaciones y desdibujar el sitio del principal ( partido de la oposición. Hay tambien en este

caso concreto y en otros, desajustes generales que poner en su sitio a los partidos políticos, y nosotros, los

socialistas, tenemos que hacer los máximos esfuerzos por estar en nuestro sitio, sin desear gobernar antes

de tiempo, pero también sin temerlo si llegase la ocasión; pero, en todo caso, con la convicción de que la

mejor forma de llegar al Gobierno es ganando las elecciones próximas.

Gregorio Peces-Barba Martinez es profesor de Filosofía del Derecho y diputado del PSOE por Valladolid.

 

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