Autor: Jiménez de Parga y Cabrera, Manuel (SECONDAT). 
   Cinco años de posfranquismo o la impotencia del poder político     
 
 El País.    09/12/1980.  Página: 16. Páginas: 1. Párrafos: 19. 

16/NACIONAL

POLÍTICA

EL PAÍS, martes 9 de diciembre de 1980

TRIBUNA LIBRE

Cinco años de posfranquismo o la impotencia del poder político

MANUEL JIMÉNEZ DE PARGA

He leído diversos balances de los últimos cinco años y advierto que, tanto en la Prensa española como en

la extranjera, se presta atención fundamentalmente a los personajes que han salido a escena (ministros,

parlamentarios, dirigentes de partidos, etcétera), sin dar la debida importancia a quienes de forma

silenciosa están consiguiendo mantener un aparato de influencia en el proceso de conservación que —nos

guste o no— discurre hoy bajo los cambios acontecidos en este primer lustro de pos franquismo. Diríase

que algunos observadores sólo tienen en cuenta a los actores de la actual política española, olvidándose de

los verdaderos agentes de la misma.

Anticipo las conclusiones de mi análisis: a pesar de las apariencias y de la espectacularidad de ciertas

novedades, el poder político se ha mostrado impotente para desmontar el tinglado, palabra esta última que

nos sirve para dar nombre a un complejo de intereses, privilegios, situaciones confusas, conexiones

inconfesables, malos hábitos y peores espíritus de cuerpos profesionales y gremios, herencia del régimen

anterior.

El presidente Eisenhower, cuando se despidió de la Casa Blanca, declaró que no había podido con el

complejo militar-industrial. Nuestro tinglado es distinto, de base más amplia y factores menos

homogéneos; pero si hablamos con sinceridad debemos reconocer también que hasta ahora ha sido

indestructible.

Actores y agentes de la política española

En las elecciones del 15 de junio de 1977 se cometió el grave error de permitir que en la campaña se

invirtiese demasiado dinero. Admito que era lógico, después de la larga espera, aquel impresionante

despliegue propagandístico, con unos gastos que desbordaron las posibilidades de los diferentes partidos.

Luego hubo que pagar o conseguir la cancelación graciosa de la deuda, y esto tuvo su precio político. Se

buscó la ayuda de quienes podían darla, y los actores, como a veces sucede en el teatro, quedaron en

manos de los agentes. Un sector del viejo tinglado empezó a respirar tranquilo después del susto de la

primera sesión solemne del Congreso de los Diputados, con pasionaria y todo, y del programa centro

izquierdista del primer Gobierno parlamentario.

Actor en política es el personaje que parece intervenir en la gobernación del país. El presidente Reagan,

ex actor de cine, sigue como actor político. Agente en política es el productor, el causante de lo que

sucede. No creo que nadie, salvo los miopes mentales o los ingenuos, se atreverán a sostener que Reagan

será el agente de la política norteamericana.

Con un sistema de partidos debidamente implantados, políticamente fuertes, sin dependencia de las

ayudas financieras que provengan del interior o del extranjero, los actores pueden imponer sus

condiciones a los aspirantes a agentes. Pero en España no hemos sabido configurar el buen sistema

partidista. Nuestras organizaciones se hallan al borde de la quiebra.

Las normas electorales sirvieron para lo que el artículo primero del correspondiente real decreto-ley .

claramente señalaba: para regular las primeras elecciones al Congreso de los Diputados y al Senado. Una

vez constituidas las Cortes democráticas, la fórmula de las listas cerradas perdió su razón de ser. Las listas

cerradas no favorecen la implantación popular de los partidos. La presente omnipotencia de las

maquinarías o de las burocracias —que se denuncia en todos, sea en la derecha sea en la izquierda— no

hubiera alcanzado tanta intensidad al amparo de otras normas electorales.

Con partidos sin base popular amplia, el tinglado se refuerza. Los agentes seleccionan sus actores,

promocionan a unos, vetan a otros. No manda siempre quien parece que manda. El observador de cortos

alcances se equivoca al atribuir la responsabilidad de lo que nos pasa.

El "tinglado"

España necesita modernizarse, pero la buena voluntad de algunos gobernantes (nuestros actores) tropieza

con obstáculos insuperables, donde no se sabe si hay más dosis de ignorancia o de mala voluntad, de

intereses ocultos o de errores acumulados.

La economía debe ser de mercado, leemos en la Constitución, pero raro es el Consejo de Ministros que no

aprueba ayudas y subvenciones a determinadas empresas o que no se ve obligado a actuar, infringiendo

los postulados básicos de la economía de mercado.

La Administración pública, seguimos leyendo en la Constitución, actúa de acuerdo con los principios de

eficacia y coordinación, pero los malos hábitos, el confusionismo organizativo, el pluriempleo

esterilizador, asi como la resistencia a ceder parcelas departamentales que se consideran propias, con total

falta de sentido del Estado, convierten a nuestros funcionarios (a pesar de la calidad de muchos de ellos)

en servidores de un complejo de ineficacia y descoordinación.

¿Para qué continuar describiendo el tinglado español? Junto a nosotros, en cualquier lugar de nuestra

geografia, el complejo de intereses, privilegios, situaciones confusas, conexiones inconfesables, malos

hábitos y peores espíritus sigue en pie. Los hombres del tinglado no temieron que se aprobase una

Constitución democrática, pues sus asesores les informaron que a pesar de ser una super-ley, bajo el

imperio de la misma era posible luego condicionar el proceso político y orientar el socio-económico en el

sentido deseado. Lo verdaderamente importante es que los agentes no políticos promocionen, mantengan

en el escenario y hagan salir de él a los actores políticos.

Necesidad de la gran coalición

Yo no abogo por la gran coalición UCD/PSOE porque estime que la democracia española esté en peligro

serio o pueda morir en plazo breve. No comparto los temores de tintes apocalípticos. Pienso,

simplemente, que es una democracia enferma a la que hay que sanar.

Iría contra lo que acabo de exponer y contra lo que he aprendido por experiencia personal directa si

creyera que un Gobierno de UCD puede desmontar el tinglado. Pero sospecho que tampoco, un Gobierno

monocolor del PSOE estarla en condiciones reales de hacerlo, aunque por motivos diferentes. La

democracia sana, la que ilusionadamente votaron los españoles, es un régimen sin tinglados. A mi juicio,

sólo una gran fuerza política, con actores y agentes políticos, sin hipotecas ni limitaciones de naturaleza

no política, tiene poder para enfrentarse al tinglado.

Triste seria que dentro de veinticinco o treinta años hablásemos a nuestros hijos de ¡a reforma pendiente,

como en nuestra juventud algunos se lamentaban de la revolución pendiente. Tenemos un tinglado

delante. Necesitamos una gran fuerza política, un poder político que pueda, una gran coalición UCD-

PSOE.

Manuel Jiménez de Parga es catedrático de Derecho Político de la Universidad Complutense, miembro

del comité ejecutivo de UCD-Barcelona y embajador español en la Organización Internacional del

Trabajo (OIT).

 

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