En torno a la declaración del Gobierno (IV). 
 Unidad nacional y regionalismo     
 
 ABC.    19/12/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 11. 

VIERNES 19 DE DICIEMBRE DE 1975. PAG. 3.

EN TORNO A LA DECLARACIÓN DE GOBIERNO (IV)

UNIDAD NACIONAL Y REGIONALISMO

De modo tan conciso que resulta lacónico, aludo la declaración del Gobierno a un

tema político de Interés enorme: la unidad nacional y el regionalismo. La

declaración sólo dice: "La unidad de España será potenciada por el

reconocimiento institucional de todas sus reglones y en general de las

autonomías locales."

En únicamente veintiuna palabras queda planteado el propósito de resolver ´uno

de los problemas más viejos y que encierra más posibilidades de enconamiento de

la política española.

El mantenimiento de la unidad de España, pese a ser un imperativo político

indiscutible, mantenido desde la gran operación integradora de los Reyes

Católicos —pese a ser, por ello, una palpable obviedad política—, es oportuno

reafirmarlo cuando se alude a cualquier intento político que suponga

reconocimiento del regionalismo y, en consecuencia, alguna más o menos intensa

descentralización.

Es oportuna la reafirmación y es necesaria. De otra suerte, ¿qué torrente de

críticas, en nombre de la unidad, aun,entendida como unitarismo monolítico, no

tendría que soportar el Gobierno antes incluso de definir concretamente su

política en esta materia?

El problema, en el fondo y en síntesis, sigue siendo el mismo de siempre:

conjugar la imprescindible unidad nacional con el reconocimiento realista y

sincero de los hechos diferenciales que plantea la composición —geográfica,

étnica, histórica, cultural...— del mapa de España. Es decir: admitir la

acentuada diversidad regional y enmarcarla en el imperativo de unidad.

¿Cómo resolverlo? La historia política del país, en lo que va de siglo, registra

un típico movimiento pendular. Durante la República, el exacerbamiento de las

afirmaciones de autonomía y regionalismo colocó al país ante la grave amenaza de

una desintegración separatista. Después, el péndulo en el extremo opuesto, se

impuso un absoluto principio de unidad, de unitarismo, que, salvadas las

excepciones forales de dos provincias, yuguló toda manifestación regionalista.

Incluidas las más legítimas y más comprensible». Más tarde aún —y nos situamos

en los tiempos prólogo de la nueva o actual política—, la realidad Incontestable

do los hechos diferenciales que sustentan el regionalismo provocó una

dulcificación, una flexibilización, del absolutismo unitario. Y se comenzó a

desautorizar prohibiciones, a levantar vetos y a estudiar posibles reformas

administrativas.

Así, punto más o menos, están las cosas cuando el nuevo Gobierno, desde su

democrático enfoque, aborda el espinoso asunto. Con criterio inteligente—a lo

que cabe deducir de sus pocas palabras— contempla el problema desde otro punto

de vista. De abajo arriba, podría decirse. Se propone potenciar la unidad desde

un "reconocimiento Institucional" de las regiones y las autonomías locales.

No parece aventurada deducción entender que la política del Gobierno apuntará

hacia una razonable, bien construida y democrática "descentralización", nada

Incompatible con ¡a unidad nacional. Al contrario, sustituyendo, para mantenerla

y reforzarla, el soporte del autoritarismo central por un eje de convencidas

obligaciones, vinculaciones y adhesiones regionalistas.

Apenas resulta factible deducir algo más, ni con mayor concreción. Es

prácticamente seguro, sin embargo, que por tratarse de una reforma

administrativa se resolverá en el ámbito de la general reforma que se anuncia en

las instituciones políticas y que se espera en la legislación fundamental.

No es empeño fácil, no es empresa de rápido remate. Pero no es imposible, ni

arriesgada, ni inoportuna, ni mucho menos de las que se pueden orillar u

olvidar.

La necesaria potenciación de España, asentada en su unidad, podrá lograrse

revitalizando sus naturales y diversos regionalismos. Y no se logrará nunca, con

la misma plenitud, dirigiendo esfuerzos y afanes por el larguísimo,

antieconómico y desalentador camino por el que so persigue la Igualación o el

equilibrio perfecto de las múltiples provincias que forman el mosaico nacional.

 

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