En torno a la declaración del Gobierno (y V). 
 Invitación a la ciudadanía     
 
 ABC.    20/12/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 9. 

20 DE DICIEMBRE DE 1975 PAG. 3.

EN TORNO A LA DECLARACIÓN DEL GOBIERNO (y V)

INVITACIÓN A LA CIUDADANÍA

Cerramos hoy la serie de comentarios dedicados a la declaración del Gobierno con

la meditación que corresponde al título que preside estas lineas: Invitación a

la ciudadanía. "El Gobierno —dice la declaración— Invita a todos los ciudadanos,

individual y colectivamente, a sugerir!" iniciativas y a participar en los

asuntos públicos, afirmando que la crítica responsable es un modo relevante de

esa participación."

Por dos costados, cuando menos, resulta completamente democrática esta

invitación. Ante todo, porque es el primer Gobierno, en más de tres décadas, que

de alguna manera y en alguna proporción refleja la representatividad que nace de

las opiniones populares. Y en este sentido no busca artificialmente un apoyo

popular; piensa —y no anda descaminado— que la opinión mayoritaria lo respalda.

En segundo lugar, en la invitación gubernamental se acepta expresamente la

oposición. Vamos a entender bien las cosas, que no hay palabra mal dicha, sino

mal interpretada. Al mas puro estilo democrático —preciso será reiterar, de

ahora en adelante, la palabra— el Gobierno reconoce la "crítica responsable",

para reconocer, creemos, la razonable oposición que todavía no tiene un cauce

legal de partido o de asociación para ser "oposición" dentro del juego político

democrático hacia el que vamos.

Podría muy bien terminar aquí nuestro comentario si la ocasión de escribirlo no

hubiera coincidido con un comentadísimo episodio ocurrido en las Cortes, que,

dígase lo que se diga, queda inscrito, para la opinión pública, en la lista de

lo más negativo que se ha producido en el país desde que el país ha comenzado,

con fundada esperanza y con ansia auténtica de vivir libertades y practicar

concordias, su camino hacia el futuro.

El incidente —la intempestiva demanda a un ministro para que "explique" en las

Cortes su política, que es la del Gobierno— es conocido. Por ello la sorpresa

pública ha sido patente y general.

Invita el Gobierno a la ciudadanía. Declara el Gobierno su política de puertas

abiertas. Anticipa el Gobierno la participación de todos. ¿Por qué? Porque fiel

a su principio constitutivo afirma, con ello, el principio de la soberanía

nacional. Y subraya, con sinceridad plausible, que el tránsito histórico que ha

vivido él país es el paso de un sistema de autoridad personal a un sistema de

Estado sometido al independiente imperio de la soberanía nacional bajo el poder

arbitral de la Corona.

Se puede testar a favor de otro. Pero nadie puede, ningún testador puede,

obligar a sus herederos más allá de las cláusulas legítimas de un testamento.

Este principio del Derecho privado trasciende, y se proyecta en el Derecho

político. De otra manera, la historia de las comunidades y de las

individualidades humanas sería una mera recopilación de inmovilismo.

El Gobierno invita, convoca, al país, a su opinión, a sus opiniones, porque

tiene consciencia y deseo verdadero de gobernar con la opinión. Y no quiere, al

modo autoritario, prescindir de ella.

La opinión pública, a su vez, tiene ahí, en el párrafo reproducido de la

declaración del Gobierno, una enorme responsabilidad por asumir. La

responsabilidad enorme de prestar su asistencia a la gran obra política del

auténtico cambio, de la reforma auténtica, de la nueva política española.

Una política que se ha orientado, en el mensaje de la Corona y en la responsable

declaración del Gobierno, hacia los horizontes de mayor, libertad, máxima

representatividad, cumplido orden público y justicia verdaderamente equitativa.

 

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