Horizonte hispano-mexicano     
 
 ABC.    09/01/1976.  Página: 3,4. Páginas: 2. Párrafos: 4. 

HORIZONTE HISPÁNO-MEJICANO

Las declaraciones del «tapado» mejicano, el candidato presidencial José López

Portillo, afirmando que «no hay nada más doloroso para el pueblo mejicano que no

tener relaciones con el entrañable pueblo español», no deben sorprender a nadie.

Menos aún cuando se producen después de la lamentable actitud adoptada por el

actual presidente en fechas no muy lejanas. De octubre del pasado año a este

enero que vivimos, de puertas para afuera, casi tanto como de puertas para

adentro, han transcurrido más de los cien días que marca el calendario.

El horizonte de las relaciones hispano-mejicanas, a unos meses vista del cese

del presidente Echeverría, comienza a mostrar, tras los nubarrones del otoño

último, el sol de una realidad que ha estado siempre por encima de ocasionales

circunstancias de Gobierno. Que el crónico enfrentamiento entre ambos países

hermanos, con cuarenta años de altibajos en la fiebre oposicionista nacida al

otro lado del Atlántico, no afectó, en ningún momento, a españoles y mejicanos,

considerados como pueblos. Incluso que, la tirantez, y la ausencia, de

relaciones a nivel oficial, era consecuencia de cuestiones personales más que de

auténticos planteamientos políticos.

Españoles y mejicanos, en suma, han estado hermanados siempre, por encima de las

diferencias surgidas, de forma artificial, entre las posturas de sus dirigentes.

"Resulta lógico, y es un tanto oportuloja de servicios, como primer mandatario

de Méjico, que López Portillo no juiera afrontar las tareas que le esperan toa.

la hipoteca de una situación falsa y a todas luces incómoda.

La distensión, a nivel práctico, entre tos Gobiernos de Méjico y España, ha

comenzado ya. Y, al anunciar, de modo tácito, el deseo de normalizar

próximamente las relaciones diplomáticas, se han recobrado las formas. Del

ataque injustificado, y obviamente exagerado, ante las Naciones Unidas, al

establecimiento de Embajadas, hay un trecho lo suficientemente amplio como para

que no pueda, ni deba, recorrerlo el mismo protagonista.

 

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