Don Manuel Fraga anuncia una necesidad urgente. 
 Desarrollo del Fuero de los españoles en materia de derechos de los ciudadanos     
 
 Informaciones.    15/01/1975.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

DON MANUEL FRAGA ANUNCIA UNA NECESIDAD URGENTE:

"Desarrollo del Fuero de los Españoles en materia de derechos ciudadanos"

• EL PODER PUBLICO TIENE EL MONOPOLIO JURÍDICO DE LA VIOLENCIA; NO

CONSENTIREMOS "COLABORADORES ESPONTÁNEOS"»

• «UNOS CIERTOS ÍNDICES DE COMPLICTIVIDAD, CASI CONSUSTANCIALES CON UNA

SOCIEDAD INDUSTRIAL MODERNA»

• «CORRELATIVA A LA VOLUNTAD DE ENSANCHAR LA LIBERTAD ES LA EXIGENCIA

DE ROBUSTECER LA AUTORIDAD»

MADRID, 15. (INFORMACIONES.)

CUANTO más resuelta Sea nuestra voluntad Integradora, cuanto mal amplia sea

nuestra Intención de ensanchar las reglas del juego político a la concurrencia

de las distintas fuerzas, tanto más agresiva y violenta será la respuesta de

aquellos que por su radical anclaje en posiciones Irreconciliables, por su

totalitarismo constitutivo, por su pretensión de atentar contra la intangible

anidad patria, por su dependencia, de centros de decisión exteriores o,

simplemente, por la conciencia d« que sn residual marginalidad les excluye de la

limpia competencia democrática, están condenados al recurso, a la subversión y a

la violencia.»

Don Manuel Fraga Iribarne pronunció estas palabras en una cena ofrecida por el

diario "A B C" a representaciones de las fuerzas de orden público, designadas

"personaje del año" por este periódico. El vicepresidente para Asuntos del

Interior y ministro de la Gobernación señaló que "cuando la paz social es

violentada, el imperio de la ley ea desconocido y se pretende recurrir a la

coacción y a la violencia para hacer valer cualquier pretensión, la respuesta de

esa forma superior de convivencia que es el Estado ha de venir protagonizada por

unos servidores concretos, por unos funcionarlos públicos, en definitiva, por

unos nombres que cumplen una tarea de singular penosldad, y cercada siempre por

el mas dramático riesgo, quizá no debidamente gratificada y, sin duda, menos

reconocida socialmente de lo que se debiera".

Tuvo palabras de reconocimiento por la Iniciativa de "A B C" al designar a los

funcionarios de Orden Público —sin acepción de Cuerpos, Jerarquías o empleos—

como "personaje del año", y recordó que 22 miembros de las fuerzas del orden

"ofrendaron en 1975 el supremo tributo de su vida en el cumplimiento de su

deber". Y luego hizo diversas afirmaciones "desde mi responsabilidad de miembro

del Gobierno al que le ha tocado transitar por un tiempo tan crucial de la vida

española", para inscribir el tema del orden público y de sus servidores en una

perspectiva más amplia de las preocupaciones políticas de esta hora:

"COLABORADORES ESPONTÁNEOS"

"Primera, En un Estado de Derecho, el poder público tiene el monopolio Jurídico

de la violencia. Así, pues, no estamos dispuestos a consentir en esta materia

colaboradores espontáneos. Frente a las alteraciones del orden, la respuesta no

distinguirá Intenciones Ideológicas. La ley será mantenida frente a todos y al

servicio de todos: ´Salus populi, suprema lex´.

Segunda. Por la misma razón, por ese monopolio Jurídico de la violencia que

acabo de citar, es necesario arbitrar, y con urgencia, los cauces idóneos para

evitar que muchas pretensiones de cambio legítimas, razonables o, en todo caso,

aceptables, se vean forzadas a producirse en la ilicitud, por ausencia del marco

Jurídico que las respalde. Me refiero al desarrollo del Fuero de los Españoles

en materia de derechos ciudadanos, en particular los de asociación y reunión,

tema que delimitará adecuadamente el cuadro de las obligaciones y

responsabilidades de las fuerzas del Orden Público, ya que es harto distinto

proteger el ejercicio de un derecho que perseguir la vulneración de una

normativa prohibitiva o insuficiente.

Tercera. Esta observación anterior no debe conducirnos al Ingentusmo de creernos

cerca de una ´arcadia´ rosada. Probablemente, cuando más resuelta sea nuestra

voluntad Integradora, cuanto más amplia sea nuestra intención de ensanchar las

reglas del juego politico a la concurrencia de las distintas fuerzas, tanto más

agresiva y violenta será la respuesta de aquellos que p o r su radical anclaje

en posiciones Irreconciliables, por su totalitarismo constitutivo, por su

pretensión de atentar contra la intangible unidad patria, por su dependencia de

centros de decisión exteriores o, simplemente, por la conciencia de que su

residual marginalidad les excluye de la limpia competencia democrática, están

condenados al recurso, a la subversión y a la violencia. Frente a estas

agresiones, tenemos el deber de defender a loa españoles, y las fuerzas de Orden

Público, primera trinchera de esa linea de defensa, sabrán proporcionar —como

siempre lo han hecho— la más eficaz, y si fuera necesario, la mas implacable de

las respuestas.

Cuarta. Un futuro replanteamlento de las fronteras entre lo políticamente lícito

y lo Ilícito, acorde con las cotas de desarrollo cívico de la sociedad española

de esta hora, clarificará adecuadamente las fronteras y términos del orden

público. Pero también es preciso advertir que unos ciertos índices de

conflictividad son casi consustanciales con la complejidad de una sociedad

industrial moderna. Tajantemente, hay que salir al paso de cualquier Intento de

capitalización política de este fenómeno que tienda a presentarlo como síntoma

catastrófico de supuestas Incapacidades nacionales para la convivencia libre y

democrática, en lugar de como lo que realmente es: la manifestación más

estridente de la confrontación de intereses, aspiraciones, etc., Inevitable en

una sociedad diversificada.

LA MAYORÍA

Quinta. Por último —y permítanme que reitere unas palabras pronunciadas hace

unos meses—, quiero recordar que el orden no se soluciona con palabras solas, ni

sólo con Policía. El orden supone ideas aceptadas por la mayoría, ideas que hay

que explicar o reiterar, con autoridad que deriva del acierto en las

Instituciones y de la categoría en las personas que las encarnan, y, en fin,

también, por supuesto, de los agentes de la autoridad.

En Instancia última, el fundamento mismo de la autoridad remite a la cuestión de

la legitimidad. Los ciudadanos reconocen el «derecho a mandar» de sus

autoridades en la medida en que reconocen colectivamente su «Interés por

obedecer". La legitimidad supone la existencia de una correlación adecuada entre

sociedad y Poder; supone, en fin, el consenso. Dolorosamente cancelada, con la

desaparición del Generalísimo, una dilatada y fecunda etapa histórica cuya

legitimidad reposaba sobre bases carismáticas, nos vemos emplazados a remodelar

nuestras Instituciones representativas para que reflejen el consenso de la nueva

sociedad española en presencia.

REFORMA Y RUPTURA

Pero nada más rigurosamente antitético del concepto de reforma que el

concepto de ruptura. Sólo se reforma aquella en cuya virtualidad se cree. Hemos

comprometido nuestra inteligencia y nuestro esfuerzo en una empresa de reforma.

Ello significa que creemos en la necesidad de perfeccionar nuestro orden

político, pero significa, con Idéntica fuerza, que no estamos dispuestos a

sujetar a revisión, poner en riesgo, o someter a debate airado de la

contestación callejera, los fundamentos mismos de este sistema, cuya

modernización pretendemos acometer. Milimétricamente correlativa de la voluntad

de ensanchar las esferas de la libertad, es la exigencia de robustecer la

autoridad que ha de sostenerla. Y la autoridad, Insisto, se encarna hasta en el

más modesto de sus servidores.

El Estado, la legitimidad, la autoridad pueden resultar para muchos, para la

mayoría de las llanas gentes, enojosas abstracciones conceptuales de no

demasiada asequible comprensión. Yo aspiro a Que todos acertemos y acierten a

comprender que bajo el uniforme del guardia civil, en la más inaccesible de

nuestras aldeas, o de los agentes de la Policía Armada, que custodian la

seguridad de nuestras ciudades, o en la actuación inteligentemente Investigadora

del Cuerpo General de Policía, reside toda una teoría del poder, del derecho, de

la libertad y de la convivencia. Que no se puede atentar contra ellos; ni

menospreciarles; ni regatearles la debida cooperación sin que estemos

cuestionando al mismo tiempo el derecho de todos a no regresar a la selva.

Cuando un diario de tan ancha difusión como «A B C» pasa por encima de cualquier

frivola concesión a la facilidad y designa «personaje del año» a las Fuerzas de

Orden Público, me ratifico en mi esperanzada convicción de que mucho —y para

bien— ha cambiado sobre la vieja piel de toro de nuestra tierra y que «1 tiempo

que vivimos, con toda su tremenda carga de dificultades, es un tiempo que,

definitivamente, merece la pena de ser vivido.»

Al acto asistieron el vicepresidente para Asuntos de la Defensa, teniente

general De Santiago y Díaz de Mendívil; el ministro de Información y turismo,

señor Martín Gamero; el director general de Prensa, señor Sentís, y el director

general de la Guardia Civil, teniente general Campano; el director general de

Seguridad, señor Castro San Martín, y el director general del Régimen Jurídico

de la Prensa, señor Fernández, entre otras personalidades.

 

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