Autor: Zapatero Gómez, Virgilio. 
 Moción de censura al Gobierno. 
 El voto de censura al Gobierno     
 
 El País.    28/05/1980.  Página: 15. Páginas: 1. Párrafos: 12. 

El voto de censura al Gobierno

VIRGILIO ZAPATERO GOMEZ

Conscientes los socialistas de la gravedad de la crisis por la que atraviesa nuestro pais, de la inseguridad

que afecta a nuestros conciudadanos, de los ataques a las libertades reconocidas en la Constitución, de los

retrocesos y perplejidades en materia autonómica, de la incapacidad —en suma del señor Suárez para

sacar adelante nuestro país..., hemos decidido intentar poner fin a este Gobierno.

Hemos examinado cuidadosamente los mecanismos constitucionales aptos para ello. Y cuando nada va

mejor y todo va cada vez peor, no parece conveniente que el pueblo tenga que esperar a unas nuevas

elecciones para cambiar de Gobierno. El articulo 113 de la Constitución dice que «el Congreso de los

Diputados puede exigir 1a responsabilidad política del Gobierno mediante la adopción por mayoría

absoluta de la moción de censura». Y los socialistas, con la Constitución en la mano, hemos iniciado los

trámites para exigir la responsabilidad al señor Suárez y a su Gobierno del desgobierno de este país.

Presentar una moción de censura en esta situación es un acto de responsabilidad política. De nada valen

los dicterios de quienes, con oratoria, más propia de la época de las «montañas nevadas», achacan

presuntas irresponsabilidades a los socialistas por —sin conocer el resultado— atreverse a presentar la

moción de censura. Cierto es ~y los socialistas lo sabemos— que para sacar adelante la Censura se

precisa la mayoría absoluta. Pero no es menos cierto —y los ucedistas lo saben— que, para su

presentación por cualquier grupo, se requiere tener un candidato y un programa. Y ambas cosas las tiene

el Grupo Socialista.

Por primera vez en estas Cortes se van a discutir programas de gobierno. Los socialistas llevamos ya tres

anos pidiendo, exigiendo, que el Gobierno presentara su programa. Con gesto olímpico a veces, huidizo

otras, UCD se ha negado a explicarnos su programa. Y es ahora, curiosamente, cuando, tras negarse

reiteradamente a explicar el suyo, dice que se trata de debatir el programa socialista. No importa; no nos

importa que escudándose en el programa del PSOE se discuta del programa del Gobierno. Los socialistas,

por patriotismo y por responsabilidad, nos prestamos a ello, si sirve para clarificar el pais. Y será posible

si se dan dos circunstancias: que el debate sea un debate de alternativas, y no de detalle, de la erudición, y

del dato sin sentido y sin encuadre en un proyecto global, en primer lugar. Y en segundo lugar, evitando

apelar a los niveles emotivos existentes en toda sociedad, desviando el debate a cuestiones que no se

deben resolver con las visceras, sino con la razón.

Los socialistas hemos cumplido con la Constitución. Ante un Gobierno cuya gestión descalificamos en

términos absolutos, porque ni ha solucionado los problemas, ni sabe cómo hacerlo, ni tiene autoridad, ni

ha sabido conseguir, o mantener, ese mínimo de ilusión y de esperanza que precisa irradiar todo líder

social, ni ha moralizado la vida económica, política y social..., ante un Gobierno de este tipo, los

socialistas hemos sacado la conclusión de que es preciso cambiarlo. Porque tras algo más de un ano de

Gobierno carece ya de legitimidad material no soluciona los problemas— y, tal vez, de legitimidad formal

al faltarle los votos precisos para pasar hoy el trámite de la investidura.

Y cumpliendo la Constitución, hemos puesto las bases para que los grupos parlamentarios sean

consecuentes consigo mismo y con los electores, llevando las palabras, sus palabras, al nivel de los

hechos: quienes en la pasada semana criticaron duramente al Gobierno, la moción de censura les permite

sacar las últimas consecuencias a sus propias criticas. Hacer de la consecuencia un postulado será, desde

hoy, principio de la vida política. Ya no será posible, ante los posibles desmanes de UCD, consolar a los

electores con un «qué le vamos a hacer..., no estamos en el Gobierno». Pues, aunque esto sea verdad, no

es menos cierta —si la suerte favorece al actual Gobierno— la responsabilidad de quienes directa o

indirectamente le sostengan hoy.

Y no se nos diga en este momento que una obra pública para mi provincia, una competencia para mi

región o nacionalidad bien vale unos votos. Pues, en unos momentos donde está en juego el rumbo del

país, de todos los españoles, no es de recibo el chalaneo de votos por un quitante allá esa enmienda o ese

proyecto y un ponme acá esa obra de interés para mis electores. Quien actuara de esta forma, obraría más

con las reglas del respetable oficio de la chamarilería que con las del representante de la nación. Esa es la

gran responsabilidad de todos los grupos nacionalistas o regionales, a los que pide su incorporación activa

a la vida y a los problemas del Estado.

La presentación por los socialistas de una moción de censura al Gobierno de UCD ha suscitado

reacciones contrarias. Algunos han observado perplejos cómo se les cuestiona un liderazgo, en ocasiones

ejercido desde hace más de una década, aunque con legitimidades diferentes según las, épocas. Es lógico

que quienes han nacido en el Gobierno consideren antinatural que se les intente cambiar de aires. Su

reacción, confundiendo a veces a1 adversario con el enemigo, si tenemos en cuenta sus declaraciones de

tonos • frentejuveniles, la: creíamos ya felizmente superada.

Pero también es cierto que esta moción ha producido, tal vez por primera vez, desde el 15 de junio, una

identificación de las instituciones con su pueblo, el renacimiento de una ilusión de ciudadanía, que ven

que en las Cortes, allí dentro, se habla de lo que afuera se discute. Y aunque sólo fuera por esto, por

suscitar esa ilusión, esa esperanza de cambio, estaría sobradamente justificada la moción socialista.

Pero no son menos importantes otros efectos conseguidos:

Plantear, aquí y ahora, la necesidad de definición de todos los grupos parlamentarios, devolviendo papeles

empeñados u oscurecidos en función de la necesidad, más urgente, de elaborar la Constitución, por una

parte. Por otra, demostrar que hoy el señor Suárez ha perdido sus iniciales soportes. Más aún, que si hoy

tuviera que pasar el trámite de la moción de censura no tendría la mayoría absoluta; no sería presidente de

la nación. No se trata, pues, de un examen a Felipe González, sino de dar un suspenso a Suárez.

Tal vez no cambie el día 28 el Gobierno, pero si la política, pues si el dia 20 se cerró un período, el día 28

se va a abrir una nueva etapa; etapa que puede conducir, hoy o mañana, a un cambio de nimbo y a un

cambio de marcha en nuestro país. Para ello es preciso poner fin a este Gobierno. Este es el sentido de

nuestra moción.

Virgilio Zapatero es secretario general adjunto del Grupo Socialista del Congreso.

 

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