Autor: Jato, David. 
   la trampa llamada Mercado Común     
 
 El Alcázar.    06/10/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 7. 

LA TRAMPA LLAMADA MERCADO COMÚN

CUANDO en 1970 el Gobierno español firmó un acuerdo realmente beneficioso con la

comunidad europea los aspirantes a mandar acusaron de triunfalismo a los medios informativos

de entonces, por mostrar su satisfacción. Hoy, cuando se rebajan ostensiblemente las ventajas

adquiridas — "han constreñido los límites logrados entonces", asegura A.B.C—y se nos cita

para dentro de ocho años, los mismos alevines, ya encaramados al poder, voltean las

campanas, tal vez pensando que el ruido aturde a, las gentes, presentando como un logro, lo

que es una derrota.

¿Que´ ocurre para que se produzca esta triste situación de estar España, de rodillas, ante la

entelequía política y egoísta agrupación de comerciantes llamada Mercado Común?. Volvamos

al principio, pues ningún proceso es comprensible si olvidamos su origen. El intento de

remodelar el Régimen nacido el 18 de Julio, cambiando fundamentalmente sus bases de

sustentación pasa por el Mercado Común. El progresismo demócrata, el marxismo y la

tecnocracia opus-deísta, coincidieron en la elección de ese medio.

El silogismo opus-deísta atraía en su sencillez: E! Mercado Común tiene incontables ventajas.

Existen dificultades para ingresaren razón de una estructura económica no concordante con

Europa. Procedamos a modificarla. Esta reducción a lo económico, para evitar alarmas y

resistencias, encontró como portavoz a Calvo Serer, quien en la importante crisis ministerial de

1.956 escribe en "A.B.C.": "El ideal de los vencedores de 1.936 debe imponerse". "No se trata

de retroceder haciendo concesiones a los vencidos". "A nadie ni de fuera ni de dentro puede

escandalizar que el Estado español del 18 de Julio mantenga o ponga fuera de la ley a quienes

atenten a sus ideas y valores básicos, como los americanos harían hoy mismo con quien se

obstinase en resucitar la Secesión o la esclavitud". "Mientras haya españoles decididos a que

se afiance una conciencia nacional enrizada en el espíritu del 36, esta guerra podrá ser tan

fecunda en nuestra historia, como el triunfo de Lincoln lo ha sido para el gran pueblo

norteamericano".

¿Que encubría aquella exaltación del Régimen? Los demócratas cristianos habían iniciado el

despegue dialéctico, no el presupuestario, del franquismo, en su obsesionante busca de

posiciones ventajosas para el futuro y los opus-deístas aprovechaban la coyuntura para

sustituirles en determinadas zonas de gobierno. Si tuviéramos que juzgar la operación a la vista

de la colocación de hombres en campos contrapuestos, Suárez inicia su escalada política

aupado por la "Obra", dentro del Movimiento Nacional, y, como contrapunto. Calvo Serer

enlaza en París con los grupos marxistas de lucha clandestina, habríamos de considerar que la

mentira, la hipocresía y la doblez de alma fueron los ingredientes que adornaron aquella

maniobra. No acertamos a separar de su asociación religiosa a los hombres del Opus Dei,

trabajando en "equipo", máxime, considerando sus normas estatutarias de obediencia. La

sofistería de la separación tampoco fue admitida por el sentir general. Con motivo del asunto

Matesa el pueblo madrileño ironizaba: "¡Pues ya está!. Al Madrid no le mete nadie un gol, se

los meten solamente al portero del Real Madrid".

Los opusdeistas traían algo sorprendente en las tierras ibéricas; planes previamente trazados.

Su crítica de la autarquía que había imperado en la etapa anterior era tan fácil como injusta

pues en plena guerra mundial no cupo elección, resultaba absolutamente preciso tratar de

obtener, al precio que fuese, todo lo necesario, sin supeditarse a su incierta llegada del exterior.

Para colmo, terminado el gran, conflicto, los EEUU olvidan sus promesas escritas y siguiendo

el consejo del dictador soviético Stalin, organizan un cerco comercial, que obligó a persistir en

el sistema de autoproducción. Afortunadamente, a los españoles nos va bien ir cuesta arriba y

fue entre dificultades incontables cuando sentamos las bases que habían de cambiar el signo

hasta entonces paupérrimo de nuestra industria. ¿Quien no recuerda los gestos de

conmiseración hacia Suances, cuando levantando sobre la nada las factorías del futuro

declaraba, mientras nos alumbrábamos con velas de sebo en medio de unas severas

restricciones eléctricas, que terminaríamos exportando a Europa el sobrante de esa energía?.

Sin esa etapa que parecía quijotesca, los planes tecnocráticos posteriores no hubieran sido ni

siquiera imaginables.

La política económica de ensamblamiento con Europa era plausible, no así el procedimiento

seguido. Negociar con el Viejo Continente en un plano estrictamente económico no suponía

dificultades insuperables. Comprábamos en ese mercado, en cifras, más del doble de cuanto

les vendíamos y sus productos podíamos adquirirlos en otras zonas. La posición para negociar

era óptima, más como aparente equivocación se trasladó la negociación del campo comercial

para colocarla voluntariamente en terrenos políticos al proclamar, como deseo anhelado, el

propósito de formar como miembros de todo derecho del Mercado Común, cerrándonos la

retirada hacia otras soluciones; imperdonable imprudencia, de no ser planificado cálculo. La

acción se completó poniéndonos de espaldas al área hispano-americano, a la que se

menospreció en sus ingentes materias primas y en su capacidad adquisitiva para una

exportación como la española.

De modo que difícilmente podía considerarse casual, iban saltando hacia posiciones políticas

radicalizadas importantes personajes de la oposición incluidos los opus-deístas, que ante el

Mercado Común, nos colocaban un hamletiano ser o no ser. Tal el caso de Sebastián Auguer,

cuya enorme fortuna no podría separarse de los favores oficiales en forma de gratuitos

permisos concedidos en Comercio e Industria entonces en manos de gentes de su misma

"confesionalidad" El grupo "MUNDO" propiedad del ciudadano enriquecido de forma más que

discutible, se convirtió en el portavoz de la social democracia alemana poniéndonos como

ejemplo a W. Brandt pese a su inmoralidad política, ateísmo declarado y fobia española. De

ahí. como es sabido, pasó a presentador en la sociedad burguesa catalana, con fiesta y yate

incluidos, del Secretario General del Partido Comunista. Todo ello, no por afinidad política, ni

siquiera remota; simplemente para resguardar la ingente acumulación de bienes materiales de

ciertos miembros de la llamada "Obra de Dios".

Como en la fábula del cazador cazado, cuantos hicieron de palanca contra los principios del 18

de Julio, agarrados a los faldones de la hipotética ventaja del Mercado Común, se muestran

incapaces de liberarse de esa trampa en la que perecerán maniatados, víctimas de su propia

insidia.

David JATO

 

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