Autor: Medina Cruz, Ismael. 
   Lo que hay detrás de la amnistía     
 
 El Alcázar.    06/10/1977.  Página: 4. Páginas: 1. Párrafos: 13. 

CRÓNICA DE ESPAÑA

LO QUE HAY DETRAS DE LA AMNISTÍA

Después de leer el editorial de "El País" y su alusión al abrazo de Vergara, debo aclarar que

dicho abrazo no tiene en la Historia el sentido que se le da. De la misma manera que Versalles

estableció las condiciones indispensables para la inevitabilidad de la Segunda Guerra Mundial,

el abrazo de Vergara, abrazo entre hermanos, no supuso el final de la guerra entre el

absolutismo liberal y la conciencia foralista del pueblo, sino una mera tregua. El abrazo de

Vergara fue motivado al margen del signo profundo de la disputa y con independencia de los

intereses objetivos del pueblo español. Fue una solución extraña, extravagante y teatral, que no

resolvía nada, no concordaba voluntades y mucho menos reconciliaba otra cosa que no fueran

apetitos de conservación de unos pocos. Será mejor que los exegetas de esta nueva y

demencial amnistía busquen ejemplos más apropiados a la mercancía que pretenden matutear,

con tan gran descaro. Un estudioso imparcial de la historia española moderna descubriré que

existe un explícito encadenamiento entre las guerras internas (la llamada de Independencia

también lo fue) de los últimos tres siglos. Cada una de esas guerras es en realidad una

prolongada batalla de una guerra inacabable y, por desgracia, todavía inacabada, entre la

conciencia nacional surgida de ocho siglos del fronterismo, consolidada en el nuevo fronterismo

transatlántico, y las ideas absolutistas surgidas de la burguesía europea, desde la reforma al

marxismo. Es el trasfondo de determinados fenómenos, en apariencia incongruentes, como la

rebelión patética de Genetistas y socialistas nacionales contra la prepotencia comunista y sus

aliados del elitismo radical y separatista.

A esta explicación sumaria de un proceso extraordinariamente sugestivo, susceptible de un

apasionante seguimiento literario, añadiré como complemento un trozo del diálogo sostenido

días atrás con un viejo conocido, al que llamaré Parcy O´Brien. Podría asignarle cualquiera de

las tres identidades que le he conocido. Pero será mes correcto tomar la iniciativa de ampararte

bajo un cuarto bautismo. Conocí a Percy en Santiago de Chile, en las vísperas electorales del

triunfo de Frei o, si se quiere, de la estratégica auto derrota de Allende, desde la que pretendía

asegurarse la mayoría en las siguientes. Luego, he vuelto a encontrarle en Roma, en Atenas,

en París y en Madrid. Unas veces era periodista y otras no. Esta última tampoco.

Hablábamos del proceso español, desconcertante incluso para él. Se me quedó mirando

amistosamente y me aconsejó: —Vete a Brasil. Allí hay futuro incluso para los maduros con

imaginación y espíritu de trabajo. Y no es presumible una guerra civil.

Después de varios minutos de discusión muy viva, Percy me largó un discurso irritado:

—Pese a toda la historia que tenéis encima, los españoles parecéis estúpidos o recién nacidos.

Vais derechos a una guerra civil, porque a nadie con dos dedos de frente se le ocurre la

reconciliación política antes de que hayan muerto todos los superviviente de la guerra anterior,

incluidos los hijos de los combatientes. Si los yanquis hubiéramos hecho lo mismo que

vosotros, a estas horas los Estados Unidos, que también somos fronterizos como vosotros,

estaríamos paleándonos como Imbéciles y el Imperio Ruso no tendría contradictor. Porque

Rusia seria hoy imperio con revolución roja o sin ella; por puro imperativo geopolítico. Los

yanquis supimos hacer bien las cosas y ni un sudista pudo ser nada a ningún nivel. Tampoco

los traidores. Sólo los yanquis. Cuando los del sur se integraron en el quehacer político común,

todas las memorias vivas de la guerra estaban ya enterradas y el sudismo era, como ahora,

una pura,reminiscencia romántica para utilización de escritores y para servicio de la moda. Las

guerras civiles sólo se terminan cuando todo el pueblo es ya heredero y los protagonistas

fueron finalmente a la tumba con sus recuerdos y el epitafio que les asignó la Historia:

vencedores unos y vencidos los otros. Desgraciadamente sólo se reconcilian los que no tienen

memoria.

Las falsas reconciliaciones políticas, por prematuras, engendran necesariamente

revanchismos. Y el revanchismo crea nuevas victimas, que un día exigirán a su vez revancha.

Los herederos de Franco debieron hacer como nosotros los yanquis: integración en el trabajo,

pero no en la política. Las victorias, para ser perdurables y concluir en estabilidad, se

comparten en sus frutos, pero nunca en su administración. Es la única manera sería de que lo

sean para todos y para siempre. En vez de eso, vuestros políticos han querido congraciarse

con el mundo democrático, sin darse cuenta que al mundo democrático le convenía el

franquismo, sobre todo después de la catástrofe de Portugal; pero debía alimentar la necia

voracidad retórica de sus intelectuales con declaraciones en contrario. Vuestros políticos han

sido cualquier cosa menos políticos. Han creído lo que decían los periódicos, se han sentido

otra vez deslumbrados por Francia, se han puesto en la estela de Giscard y se han cargado

España, cabreando además a los managemen de las democracias occidentales. Incapaces

para seguir jugando como Franco, vuestras propias cartas, entre ellas la de ser el aparente

escándalo para las democracias, vuestros políticos os han metido por completo entre el rodillo

yanqui y el rodillo ruso. Tendréis la guerra civil que os habéis buscado y volveréis a ser

cobayas. A menos que... -¿Qué?

—Nada. También los ingleses necesitan un Churchill y no lo tienen.

—¿Un hombre providencial, que amenaza Carrillo? —Un político, por lo menos, capaz de

meteros en una guerra exterior, la que sea, que podáis ganar, en vez de una para perder como

la que os preparan el giscardismo y los marxistas. Una guerra que os una a todos y de la que

todos seáis vencedores, antes de que estéis de nuevo en el 36. Una guerra que incluso ponga

al mundo al borde del abismo. De paso, hartáis a la humanidad un gran servicio. También a la

paz. —Pero la amnistía está ahí. Y no sólo la amnistía... —La amnistía es el pórtico de la

catástrofe. Además, lo que se propone no es una amnistía, pues afectará objetivamente a muy

pocos y de muy recientes delitos, sino un decreto-ley de liquidación del franquismo y de la

victoria por la vía rápida de la más burda humillación histórica. Si yo fuera español, la impediría

a toda costa. Pero soy yanqui.

A los parlamentarios de UCD, cuya inmensa mayoría juraron lo que juraron, y repetidamente no

pocos, les ofrezco para meditación las reflexiones de Percy O´ Brien. Conviene que cuando

voten, sepan lo que votan. Y las consecuencias de la disciplina del voto.

Ismael MEDINA

 

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