Autor: Izquierdo Ferigüela, Antonio. 
   Salvar a Suárez     
 
 El Alcázar.    07/10/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

LA VENTANA INDISCRETA

SALVAR A SUAREZ

CON más certeza que nunca podría hoy repetirse aquella afirmación joseantoniana que recogía

el griterío de una sociedad acobar que se hunde esto ¡que se hunde aquello!...", porque no

existe una sota parcela de la vida colectiva que no esté erosionada, agrietada o en trance de

derrumbamiento. Lo mismo crujen las grandes estructuras económicas —(treinta mil empresas

grandes, medianas y pequeñas echan el cierre!— que las mínimas células vitales: dos

representantes de las Fuerzas da Orden Público solicitan la identificación de un muchacho y

éste contesta con insolencia: "Soy hijo de Euzkadi y no me siento obligado a responder ante las

fuerzas de ocupación de mi país". No era un gesto gallardo, era una insolencia en la que

culminaba la hazaña que había motivado la presencia da los representantes del Orden Público:

el mozo estaba apaleando a su madre.

Tiene mucho de símbolo esa imagen si se considera que la insolencia en que desemboca una

supuesta libertad a escala nacional, se traduce en un vapuleo permanente a la entidad

materna: España. Quizás la historia analice desde su raíz esta forma de inconsecuencia que ha

caracterizado la gestión de don Adolfo Suárez como Presidente del Gobierno. El señor Suárez

es un hombre audaz, pero no es un buen político. Un gesto audaz sería dinamitar las

Pirámides. Pero un gesto político, traducido en arquitectura, hubiera sido todo lo contrario:

Construirlas. De la mano de este hombre cruzó España la linde y volvió al pasado. En el

pasado residían, en cautiverio, la democracia, los partidos, los separatismos, las pugnas y

grescas consuetudinarias. En el pasado estaba la tentadora sugestión de volver al

subdesarrollo, al paro, a la incertidumbre. ¿Era esto la libertad? Me niego a tamaña

incongruencia. La libertad es todo lo contrario al desorden.

Ahora el señor Suárez muestra ciertos indicios de alteración y llama a los representantes de los

partidos. ¿Vamos a un Gobierno de coalición? Ese era uno de los deseos fundamentales del

Partido Comunista. Pero me pregunto si en un Gobierno de coalición estará la solución de la

hecatombe, o, cuando menos, si un Gobierno de coalición será suficiente para apuntalar, en

precario, el edificio abiertamente declarado en ruina. Y entonces digo que no. Un Gobierno de

coalición es el resultado de la comparecencia de todos los partidos en un Gabinete. Esto es: un

Gobierno de múltiples disciplinas con recias conexiones en el extranjero.

Esa fórmula de socorro no sacará a España del atolladero. De ahí que me permita, con la

humildad necesaria, formular una propuesta: Si la sociedad tiene todavía un mínimo de

sensibilidad colectiva y no está dispuesta a apalear como el muchacho vasco a su pobre

madre, se apresurará a solicitar un Gobierno de responsabilidad civil, de hombres ajenos a los

partidos; un Gobierno para la reconstrucción nacional avalado por la autoridad de todas y cada

una de las instituciones nacionales. Otorgúesele dos años de confianza; vayamos a una

pacificación y planteemos después, en libre concurrencia, el destino que queremos dar a

nuestro pueblo. Lo demás es falso. En lo demás está el contrabando de los intereses

personales y de los intereses políticos. Sólo se lograría la supervivencia de un "primer Ministro"

—en eso estoy de acuerdo con Alfonso Guerra— de cuya mano, alegres y confiados, treinta y

tantos millones de españoles se han dado de cabeza contra la pared.

Antonio IZQUIERDO

 

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