Autor: García Serrano, Rafael. 
   El futuro ya lo vimos     
 
 El Alcázar.    07/10/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 4. 

DIETARIO PERSONAL

EL FUTURO YA LO VIMOS

JUEVES, 6 DE OCTUBRE Hay gentes de buena voluntad que sienten su ánimo apabullado por

el restablecimiento del histórico artefacto que todos llamamos Generalidad, o Generalitat.

Desde luego no resulta un acontecimiento grato por el momento, pero a plazo medio yo lo veo

como un signo altamente esperanzador.

La Segunda República padeció la Generalidad y el Estatuto como un cáncer que contribuyó a

llevarla a la tumba. Si examinamos la Hoja de Servicios de la Generalitat a la República nos

sentiremos muy confortados. Helos aquí expuestos por don Manuel Azaña. a través de su

contrafigura, Garces, personaje de "La velada en Benicarlo":

"B caso de Cataluña es complejo, pero no más tranquilizador. La relación del Gobierno de

Cataluña con la guerra es la misma que la de toda España. B Gobierno de Cataluña no es más

fuerte ante sus administrados que el de la República en las provincias de su mando. Pero, al

mismo tiempo, el Gobierno de Cataluña, por su debilidad y por los fines secundarios que

favorece al amparo de la guerra, es la más poderosa remota de nuestra acción militar. La

Generalidad funciona insurreccionada contra el Gobierno. Mientras dicen privadamente que las

cuestiones catalanistas han pasado a segundo término, que ahora nadie piensa en extremar el

catalanismo, la Generalidad asalta servicios y secuestra funciones del Estado, encaminándose

a una separación de hecho. Legisla en lo que no le compete, administra lo que no fe pertenece.

En muchos asaltos contra el Estado toman por escudo a la F.A.I. Se apoderan del Banco de

España para que no se apodere de él la F.A.I. Se apoderan de las aduanas, de la policía de

fronteras, de la dirección de la guerra en Cataluña, etcétera. Cubiertos con el miserable

pretexto de impedir abusos de las sindicales para despojar al Estado, se quejan de que el

Estado no les ayuda, y ellos mismos caen prisioneros de la sindical. B gobierno de Cataluña

existe de nombre. Las representaciones de los sindicatos en el Gobierno significan poco o

nada; sus camaradas no los obedecen ni cumplen los acuerdos penosamente elaborados en

consejo. Se aprobó un decreto de colectivización de la industria, como parte de una

componenda, a cambio de que los sindicatos aceptaran los decretos de movilización y

militarización. Se cumple el primero, pero no los otros. Cuando el Gobierno de la Generalidad

lanzó de una vez cincuenta y ocho decretos, cada uno de los cuales era una transgresión legal,

no ha obtenido la observancia de ninguno, porque a los sindicatos no les gustan. Con eso

disfrutamos la doble ganancia de entrometerse la Generalidad en lo que no le compete y una

desobediencia anárquica. Ya se está viendo la repercusión en la guerra. Un país rico,

populoso, trabajador, con poder industrial, está como amortizado para la acción militar.

Mientras otros se baten y mueren, Cataluña hace política. En el frente no hay casi nadie. Que

los rebeldes no hayan tratado de romperlo, da que pensar. Si quisieran, llegarían a Lérida. A

los ocho meses de guerra, en Cataluña no han organizado una fuerza útil, después de

oponerse a que la organizase y mandase el Gobierno de la República. Ahora que empiezan

todos a clamar por un ejército, tocarán las ventajas de haber quemado los registros de

movilización, de haber hecho hogueras con los equipos y las monturas, de haber dejado que la

F.A.l se apoderase de los cuarteles y ahuyentase a los reclutas. Los periódicos, e incluso los

hombres de la Generalidad, hablan a diario de la revolución y de ganar la querrá. Hablan de

que en ella interviene Cataluña no como provincia sino como nación. Como nación neutral,

observan algunos. Hablan de la guerra en Iberia. ¿Iberia? ¿Eso qué es? Un antiguo país del

Caucaso... Estando la guerra en Iberia puede tomarse con calma. A este paso, si ganamos, el

resultado será que el Estado le deba dinero a Cataluña, ¿os asuntos catalanes durante la

República han suscitado más que ningunos otros la hostilidad de los militares contra el

Régimen. Durante la guerra, de Cataluña ha salido la peste de la anarquía. Cataluña ha

sustraído una fuerza enorme a la resistencia contra los rebeldes y al empuje militar de la

República."

La mayoría de los catalanes combatientes lo hicieron, por cierto, bajo las banderas del Ejército

Nacional, cosa que aquí no señala Azaña. Insinúa, en cambio, una traición catalana. Le da que

pensar el hecho de que Franco no avance hacia Lérida. Luego se le dio gusto. Pero a lo que

estamos: este prodigio de colaboración y valor con quien les devolvió el artefacto de la

Generalidad y les regaló el Estatuto era manejado entonces por el señor Tarradellas, a quien

mis lectores ya conocen cómo identificaba don Indalecio Prieto. Las alianzas sucesivas de Italia

con los Imperios Centrales, con los primeros aliados, con el Eje y con los segundos aliados,

nunca fueron tan catastróficas, para sus compañeros de turno, como la de la Cataluña libre con

la Segunda República. Con razón escribía el voluble Garlitos Sentís —acaso en su mesa de

secretario del ministro falangista Rafael Sánchez Mazas— que el final de aquella Cataluña fue

el final de una película de "gangsters". El que ahora trinque copitas con Al Capone es cosa de

las circunstancias, porque aquí hay gente que toma a Ortega por las hojas. Allá ellos. Lo

importante para mí es garantizar a los que se sientan desanimados por el espectáculo, que la

colaboración de la Generalidad, del Estatuto y del señor Tarradellas con el señor Suárez y sus

cómplices no garantiza otra cosa que el fracaso, nuevamente, de la democracia española.

(Estará de Dios que aquí no cuaje el invento)

Rafael GARCÍA SERRANO

 

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