Autor: García Serrano, Rafael. 
   Las Provincias  :   
 La epístola de Unceta. 
 El Alcázar.    10/10/1977.  Página: 3. Páginas: 1. Párrafos: 5. 

LAS PROVINCIAS

SÁBADO. 8 DE OCTUBRE.-De nuevo el crimen. Mejor dicho, como siempre el crimen. A estas

horas ya ha comenzado la rueda de lamentaciones, condenas enérgicas de jarabe de pico y

otro género de trapalladas que provocarían la risa, si no se supiera que, además de

exiguamente protocolarias, son definitivamente trágicas. Si la moda impuesta por Lalo Azcona

con ocasión de la huelga de periodistas en Madrid a causa del crimen de Barcelona,

prosperase, RTVE permanecería en perpetuo silencio, lo cual puede que fuese una excelente

terapéutica. Como en pleno siglo XIX, en el que aterrizamos al mismo tiempo que los

americanos alunizaban por vez primera, el país —aquí sí que va como anillo al dedo lo del

país— se inquieta por las Provincias. En tan castiza denominación se comprenden las tres

vascas y Navarra. Son, sin embargo, Guipúzcoa y Vizcaya las que más preocupan puesto que

aparece bien claro en ellas la sintomatología de la nueva e inmediata guerra civil. Acaso nadie

se ha dado cuenta de que la transformación de las estructuras sociales, económicas y

estratégicas ha convertido a las viejas partidas en guerrillas urbanas, que mantienen el ánimo

de movilización de todo un futuro ejército basko con sus constantes golpes. Antes las partidas,

las guerrillas, se echaban al monte; ahora se echan a la calle. Del Gobierno de Su Majestad

puede decirse sin temor a dudas que entiende muy poco de nada, pero que del asunto

"ikurriño" no entiende nada de nada. Un ilustre ministro y desleal amigo, perjuro redomado,

recordará ahora la exactitud del pronóstico que hace mas de un año escuchó en tomo a la

política entreguista de cara al cáncer del Norte que, por supuesto, no sólo afecta a las

Provincias, sino a Cataluña. Lo que ocurre es que por vez primera en su historia el catalanismo

está jugando con sutileza y habilidad. El camino de Tarradellas es la vaselina, mientras que el

de los vascos es la metralleta. Con vaselina o goma-2, ambas políticas —acaso conjuntadas,

según nos explicó el diplomático Monzón— persiguen el mismo objetivo: la secesión, la

independencia, la total, absoluta y definitiva ruptura de la unidad de España. Quien no vea esto

así de claro es que está ciego o lleva parte en el negocio.

Todos los pueblos dignos reaccionan del mismo modo ante semejante problema. Ignoro cuál es

la carga de dignidad que hay en almacén actualmente, pero me temo que la dignidad también

está comprendida en la devaluación o es un valor menos cotizable que los de nuestra Bolsa.

Incluso utilizar el vocablo valor parece ya escandaloso. Si esto fuese compensado con la

discreción y la inteligencia no estañamos perdidos, pero desafió a que se encuentre la más

mínima dosis de ambas virtudes en la Moncloa o sus alrededores. Resalta ya la evidencia de

que nadie puede evitar el progreso de la democratización, porque ni lo ha habido nunca, ni

existe hoy, ni lo vamos a ver mañana, y nadie evita lo que no está en ninguna parte, ni vivo ni

muerto. España camina hacia la dictadura. ¿De quién? Pienso que la comunista, y si ella salva

la unidad de España, para mí, español y falangista, bienvenida sea sobre mis huesos.

 

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